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CECOP, 13 años de resistencia (II): La cárcel, testimonio de Marco Antonio Suástegui

[Continuando con la serie de artículos sobre el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la presa La Parota -CEPCOP- a 13 años de su fundación. En esta texto se recoge una entrevista hecha al vocero del movimiento, Marco Antonio Suástegui, testimonia las dificultades de la cárcel y el desarrollo del CECOP en esos 14 meses y 14 días en los que él fue preso político]

Mi nombre es Marco Antonio Suástegui Muñoz. Soy vocero y fundador del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositores a la presa La Parota (CECOP).

La lucha del CECOP la dividiría yo en varias etapas. Pero primero quiero recalcar un punto muy importante. Hay dos tiempos en la lucha, antes de mi detención y después de mi detención. Definitivamente, el punto más difícil de la lucha ha sido mi encarcelamiento. No quiero menospreciar algunos hechos tan fuertes que hemos vivido como el asesinato de mi compañero Tomás Cruz Zamora ocurrido en 2005, el asesinato de Eduardo Maya Manrique en 2006 del ejido Dos Arroyos, de Benito Cruz Jacinto (2007), también el asesinato de nuestro compañero de la Policía Comunitaria, Celerino García Hernández ocurrido en 2014 aquí en la Concepción, aquí afuera de la Comandancia de la Policía Comunitaria. Mi detención fue un parteaguas en el movimiento. Con mi detención el gobierno pensó que todo se había acabado para el CECOP. Pensaron que cortando la cabeza del CECOP, en este caso, la gente considera que yo soy la cabeza aunque yo no lo considere así. Yo soy un simple vocero, un simple dirigente. El gobierno pensó que el movimiento se iba a acabar. Afortunadamente no fue así.

Fue muy dura la cárcel no solamente para mí. A veces yo me pongo a pensar, hoy que estoy afuera, ¿a quién le dolió más mi encarcelamiento, a mí por lo físico, por las lesiones, o a la gente que estaba dolida en el corazón, en el alma, en el sentimiento? Mucha gente se puso muy triste, mucha gente lloró, mucha gente hizo oración, mucha gente fue fuerte también y no se doblegó. Cuando me detuvieron pensé que había acabado todo para mí. Pensé incluso que había llegado la muerte para mí. Mi detención ocurrió el 17 de junio del 2014. Va a cumplir 2 años estos días. Con anterioridad el gobierno se dio la tarea de focalizarme, hacerme ver como un delincuente, como un bandido. Comenzaron los medios de comunicación como Televisa, como TV Azteca, que están pagados por el gobierno, a hacer una campaña sucia en contra mía. Empezaron a pasar imágenes que no correspondían a la realidad. Empezaron a decir muchas mentiras. Incluso trataron de ligarme con el narcotráfico, trataron de ligarme con la delincuencia organizada. Trataron de ligarme hasta con grupos guerrilleros. Afortunadamente siempre el CECOP se ha manejado por la lucha social a través de las manifestaciones, la lucha política, a través de los plantones, de las marchas. Pero también a través de la lucha legal hemos acudido a los tribunales y hemos ganado juicios muy importantes. Creo que todo eso ayudó para que no me metiera en ese camino que querían meterme, de involucrarme con grupos armados, con grupos delictivos.

Comenzaron esa campaña sucia en mi contra y fue el gobierno municipal que encabezaba Luis Walton Aburto, de Convergencia, ahora Partido Movimiento Ciudadano, quien inició las órdenes de aprehensión en contra mía después de tener pasado el huracán Ingrid y la tormenta tropical Manuel. Cuando pasaron el huracán y la tormenta tropical en el 2013, el CECOP tuvo que dar un giro, ya no solamente era un movimiento por la defensa de la tierra, sino que ahora había otro escenario, por la desgracia, la desolación, la pobreza y la miseria en la cual nos había dejado los huracanes que trajeron como consecuencia que se desbordara la presa de La Venta, río arriba; se rompieron las compuertas y la inundación se llevó literalmente las cosechas. El CECOP tuvo que dar un giro diferente, buscar el apoyo del gobierno, porque el gobierno era responsable de esto. La presa la hizo el gobierno. Eran responsables, pero el apoyo del gobierno nunca nos llegó. Tuvimos que hacer manifestaciones en Salsipuedes, en la comunidad donde están los pozos del río Papagayo que alimentan de agua Acapulco. Y ahí nos criminalizaron. El entonces presidente de Acapulco, Luis Walton Aburto empezó a meter órdenes de aprehensión. Fueron las primeras que salieron. Después Ángel Aguirre Ribero, gobernador entonces de Guerrero  comenzó a robar el dinero que habían mandado a través del Fondo Nacional para Desastres Naturales (Fonden), comenzó a robarse el dinero que habían mandado estrellas del fútbol como del Club América, del boxeo como Saúl “Canelo” Álvarez. Ellos habían mandado dinero para hacer casas, habitaciones para la gente, y el gobernador comenzó a chingarse el dinero. En una ocasión que vino el gobernador Ángel Aguirre con Luis Walton Aburto. A los dos los interceptamos y les dijimos que no fueran mañosos. Entonces el gobernador se molestó mucho y dijo que iba a cobrar venganza.

El asunto se agravó cuando expulsamos a un empresario gravillero que desde hacía  casi 20 años se había asentado junto con otros empresarios en el río Papagayo. Éstos estaban socavando el río, estaban robando el material pétreo, la grava, la arena y estaban destruyendo las parcelas de los Bienes Comunales Indígenas de Cacahuatepec. Nosotros los detuvimos y los sacamos fuera. Muchos de esos empresarios como Humberto Marín Molina pertenecen al narcotráfico, pertenecen a la mafia. El gobierno en vez de investigarlos, los cobijó y los usó para iniciar más averiguaciones previas y órdenes de aprehensión contra mí y contra varios compañeros y compañeras como la compañera María de la Cruz Dorantes. A mí me generaron siete órdenes de aprehensión de uno sólo trancazo, de robo, de abigeato (robo de ganado), de tentativa de homicidio, de lesiones simples, de lesiones agravadas, dos de ataques a las vías de comunicación y una más de secuestro y de portación de armas que no pudieron comprobar. Creo que están archivadas ahí y que en cualquier momento el gobierno las va a aplicar en contra mía otra vez.

Fue de esa manera cuando el 17 de junio yo me dirigía a la ciudad de Acapulco, sólo, en un vehículo Nissan tipo centra, color gris, fui a ver mi familia, mi hija. Mis hijos viven en Acapulco, están estudiando la primaria. Yo vivo ahorita en el campo, en el pueblo. Fui a ver una de mis niñas. En el trayecto, ahí en Acapulco, el 17 de junio de 2014, un martes, iba yo saliendo en mi vehículo, cuando de repente había un gran operativo de policías, militares, federales, ministeriales, de todo tipo, hasta la maña, los bandidos ahí estaban también. Me detuvieron al salir de la casa donde vive mi hija, mis hijos, y me encapucharon, me amarraron de manos, de pies, cuello, me llevaron a una bodega, me lastimaron la columna, que hoy en día sigo lastimado, en esta parte de acá (parte baja de la columna), me golpearon las costillas, me lastimaron la rodilla izquierda y derecha, me arrancaron estas tres uñas, se les voy a mostrar, me torturaron; estas uñas ya no se pudieron recuperar, están mal, aquí se mira como quedaron, ya no nacieran igual. Fue algo terrible, algo cruel. Hay una persona que tiene un video donde me están haciendo eso pero yo no pudo localizar a esta persona; ya hice una denuncia ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos, ante el Ministerio Público en la capital, en Chilpancingo, lamentablemente no me han hecho justicia, no me han hecho caso.

Me llevaron, me torturaron, me trasladaron al penal de Acapulco. Estuve ahí por solamente una hora, ahí me enceraron en una camioneta como tres horas en el calor y sin aire; estaba ahí, golpeado, deshidratado, amarrado de manos, pies y cuello. Me trasladaron rumbo a Michoacán, a un penal llamado La Unión, un penal de máxima seguridad que está entre Michoacán y Guerrero, pertenece todavía a Guerrero pero está colindando con Michoacán. Me llevaron a ese penal y me metieron a un pozo con excremento, con caca, con gusanos, ahí me tuvieron todo el día, toda la tarde y toda la noche hasta el siguiente día. No me dieron agua, no me dieron comida. Dos días estuve sin agua, sin comida, torturado, lastimado, golpeado muy fuertemente de la columna a tal grado que hoy tengo que hacerme una cirugía, una operación, porque un disco me lo desviaron y me provocaron tres hernias discales, una de las cuales ya está a punto de reventar, de lastimarme los nervios. Hoy necesito estar inyectándome con medicamentos y preocupado por una cirugía. Ahí sin dejarme hablar con mi familia, yo tenía ese derecho de hablar con la familia pero simplemente me encapucharon, me amarraron y me trasladaron al aeropuerto de Zihuatanejo al siguiente día, sería como al medio día, perdí la noción del tiempo.

En avión me llevaron hasta un penal de Nayarit, el Noroeste Número 4 de máxima seguridad. Me internaron, me mantuvieron otro día sin tomar agua, sin probar alimento, incomunicado. Más de tres meses estuve en celdas oscuras. Yo he llamado esa cárcel: cárcel de la muerte, cárcel del terror, la cárcel del destierro, del olvido.

Ya disminuido físicamente, golpeado, pedí ayuda para que me enyesaran. Me pusieron un yeso, hacían que caminara en muletas, me hacían pasar por túneles donde había agua y yo me caía, me golpeaban la cabeza, estaba lleno de tierra, de agua, de lodo. Así me hacían dormir en mi celda, no me daban baño, nada. Fue terrible porque no tuve la visita de nadie de mis compañeros, ni de mi familia, ni de mis hijos, nadie. Los abogados pudieron verme solamente una vez y fue a través de un vidrio. El gobierno ahí aprovechó para amenazarme; me mandaron gente diciéndome que me fuera del país, que ellos iban a darme la libertad pero que yo me saliera del país. Ellos iban a darme la libertad pero tenía de salir y dejar la gente acá sola. Que ya no me regresara, de lo contrario iban a meterme treinta años de cárcel. Mi respuesta siempre fue: “pues, me quedo treinta años, tengo cuarenta, a los setenta salgo”, les decía yo, pero nunca voy a olvidar a mi gente. Nunca voy a dejarla sola. Nunca me voy a ir, ni por amenazas ni por miedo, mucho menos por dinero. Fue ahí cuando ellos dijeron “que se quede en la cárcel y aplíquenle toda una ley terrible”. Me hacían tomar agua de drenaje. Yo lavaba el baño con mi trusa, con mi playera, con mi ropa interior. Fue terrible lo que pasamos. Comía nopales podridos, soya echada a perder, leche caducada. No veía la luz del día en ocasiones. Fue muy triste, pero siempre tuve la confianza en Dios, en la Virgen de Guadalupe, en mi Padre Jesucristo y en la gente, que yo iba a salir de la cárcel. Yo puse toda mi confianza en la gente y en los abogados, porque yo no era culpable de los delitos de que me estaban acusando.

Lamentablemente, mi estado de salud fue empeorando. Los dolores eran terribles, me paraba en la celda, me bajaba el pantalón, llegaban y me inyectaban, me sangraban toda la pierna porque me inyectaban parado como si fuera una bestia, como si fuera un animal. Con eso no había más que un mensaje de lo que iba a pasar a toda la gente que se opusiera como yo.

En ese mismo año, en septiembre, ocurrió lo de Ayotzinapa. Yo no supe porque no teníamos información, no teníamos acceso, ni cartas me dejaban escribir. Después, como en diciembre supe que habían matado y desaparecido a los compañeros normalistas de Ayotzinapa. Supe que a Ángel Aguirre se le fue todo el estado de Gurrero encima. -Lamentablemente por lo que ocurrió con los estudiantes de Ayotzinapa- pero eso favoreció para que Ángel Aguirre se fuera y se largara. Con esto también en mi detención cambiaron las cosas porque siempre habíamos denunciado que fue Ángel Aguirre seguido por Luis Walton, ordenados por supuesto por Peña Nieto, por el gobierno federal, quien dio la orden para que nos encerraran. Ellos fueron quienes hicieron esto como ejemplo a todos aquellos que alzaran la voz en contra de ellos. Después, el gobernador de nombre Rogelio Ortega que yo ya lo conocía desde hace algún tiempo, comenzó a hacer la gestión para que todos los presos políticos como Nestora Salgado, Gonzalo Molina, Arturo Campos, José Manuel Mireles de Michoacán y yo, por supuesto, pudieran regresar a sus lugares de origen de donde los habían encerrado.

Fue así que ganamos un amparo que nuestros abogados de Tlachinollan habían puesto. Un amparo sobre mi traslado ilegal que siempre peleamos y peleamos; amparo que habían concedido el mismo día de mi detención. Una jueza federal había concedido el amparo a favor mío para que no fuera trasladado fuera del estado de Guerrero. Aun así me trasladaron, rompiendo la legalidad por orden de Ángel Aguirre Rivero como dijo un juez corrupto, el juez décimo del ramo penal con sede en el puerto de Acapulco, Adolfo Vanmeter Roque, que hasta la fecha me tiene virtualmente prisionero ahí, me tiene esclavizado en el juzgado. Afortunadamente ganamos ese amparo y el gobernador Rogelio Ortega colaboró para que fuera más fácil mi traslado. Me regresaron al penal de La Unión nuevamente; ahí yo tuve la oportunidad de ver a los abogados, ya tuve la oportunidad de ver a mi familia, a mis hijos, a mis compañeros. Ahí me di cuenta de que yo no estaba solo. Los compañeros seguían en pie de lucha. Me di cuenta cuánto amor le tienen a la tierra porque al querer a mí, al luchar por mí, estaban luchando por su tierra. El amor de  la gente es a su tierra. Eso yo lo agradezco y lo reconozco.

Después comenzamos la defensa junto con Tlachinollan. El gobernador también dio las facilidades para que se demostrara mi inocencia en algunos casos como el delito de robo calificado. Comenzaron a poner fianzas. El gobernador comenzó a ver que algunos delitos que yo supuestamente había cometido, que eran falsos, alcanzaban fianza. Quedó nada más el delito robo calificado que no alcanzaba fianza. Se hizo la presión, se demostró que yo no había robado nada, nos fuimos a una apelación. De ahí  los jueces del reclusorio de Acapulco mandaron la apelación a la sala penal. Fue ahí donde me absuelven y pude salir bajo fianza. Yo sigo siendo procesado desde mi detención; voy a cumplir dos años prisionero “virtualmente digo” porque todavía tengo que ir al reclusorio, tengo que hacer labor allá y firmar papeles todos los viernes. Siguen queriendo meterme a la cárcel. Todavía tengo cuatro delitos por los que no me han liberado; en cualquier momento ellos pueden querer aprehenderme, pero estamos haciendo todo lo posible, aportando pruebas para que yo quede libre. Ojalá no pasen muchos años. Ojalá que no me pase nada porque hay el temor de que me puedan hacer lo que hicieron con los estudiantes de Ayotzinapa, desaparecerme o matarme y decir que yo estaba involucrado con el crimen organizado, con los bandidos o con un grupo guerrillero. El gobierno aquí en Guerrero es lo peor y más ahora que tenemos un priista Héctor Astudillo Flores que también viene con todo y quiere la presa y no quiere el diálogo. Hemos pedido el diálogo y no nos lo ha dado.

Estuve cinco meses más en La Unión. Fue en total un año y dos meses que estuve en prisión. Salgo del penal de La Unión y la gente se regocija, se contenta, se alegra y comenzamos nuevamente la lucha. Hay un proyecto que tenemos acá y que se llama Policía Comunitaria. Es un nuevo proyecto que tenemos de seguridad, para brindar seguridad y justicia a la gente. El gobierno hoy no solamente quiere destruir al CECOP sino también quiere destruir a la Policía Comunitaria. Nosotros no lo vamos a permitir. El CECOP hoy sigue más fuerte y más duro que nunca. La Policía Comunitaria está más viva que nunca. Son dos cosas diferentes porque el CECOP lucha por la defensa de la tierra, por el territorio, la Policía Comunitaria brinda la seguridad del territorio; es la Policía Comunitaria de los Bienes Comunales Indígenas de Cacahuatepec. Son dos cosas diferentes pero que deben de ir así, de la mano, muy estrecho, con lazos muy fuertes. Al gobierno no le conviene que exista el CECOP, mucho menos le va a convenir que exista la Policía Comunitaria.

Como no me quise ir del país, hasta la fecha me han insistido en que me largue. Pero no lo voy a hacer porque no soy bandido, no soy cobarde, no soy delincuente para irme del país. Dicen que cuando el barco se hunde los primeros a salir son las ratas y las cucarachas. Yo no soy eso. Yo soy el vocero del CECOP, yo soy un campesino, un agricultor, un trabajador que ha defendido las tierras de Cacahuatepec. No soy ningún delincuente. Sé que nos estamos rifando la vida porque después de no aceptar el haberme ido, el gobierno va a querer aniquilarnos, asesinarnos, va a querer desaparecernos. Tengo mucha preocupación porque tengo mis hijos en Acapulco, entonces el gobierno puede querer hacer cualquier pendejada, cualquier chingadera y más aún a mis hijos. Eso me preocupa mucho. Yo no tengo miedo, voy seguir adelante la lucha, no voy a dar ningún paso atrás.

Hemos dicho al gobierno y a la CFE que la tierra no se vende, le hemos dicho que no pueden comprar lo que no tiene signo de pesos. El río es de todos. Nosotros somos los custodios naturales, nosotros somos los guerrilleros de estas tierras, de este río. La tierra nos la dejó Cuauhtémoc, nos la dejó Zapata, nos la dejó Villa, nos la dejó Juan Dorantes. Hoy el CECOP la va a dejar a quien viene atrás de nosotros, a nuestros hijos. No vamos a ceder ni las tierras ni el río, ni a la CFE, ni al gobierno, ni a empresarios caciques que se vienen adueñar de nuestro territorio. Hoy más que nunca tenemos la plena convicción de que nuestros hijos van a tener un lugar digno de vivir. Hoy estamos cultivando maíz, calabaza, sandía, frijol, ajonjolí, palma de coco, limón, estamos reconstruyendo, estamos cercando otra vez nuestros terrenitos, el ganado lo vamos a hacer crecer. Muchos de nosotros tuvimos ganado; hace rato estaba platicando con mi tío y me decía que en el último recuento teníamos 180 vacas, mucha gente que tenía 100, otros tenían 50 vacas.

Hoy poco a poco la gente está animando, está trabajando y está recuperando sus tierras, sus sembradíos, su ganado, el río. Eso es lo más bonito que tenemos acá y lo vamos a defender. Yo, otro día, decía al gobernador, el que está ahorita, Héctor Astudillo y su secretario particular, y me decía: “Marco hay que reconocer algo, Acapulco, Guerrero, todo el país está de cabeza”, dice, “pero el lugar más seguro de Acapulco son los Bienes Comunales de Cacahuatepec, La Parota, allá donde están ustedes”. “¿Y sabes por qué?”, él aún me decía, “porque allá está la Policía Comunitaria”, eso es lo único en lo que él tiene razón. Aquí no hay delincuentes porque está la Policía Comunitaria. Aquí no hay vende patrias porque está el CECOP.

Sí, el asunto de mi detención fue muy triste. Me dolió mucho regresar acá y ver que han matado a mi compañero Celerino García en noviembre de 2014, saber que han herido a mi compañero Salomón Hernández Enarnación de El Cantón; han girado más de cien órdenes de aprehensión contra los compañeros. Los campesinos ya no pueden salir de los bienes comunales, estos cien ya no pueden salir a Acapulco porque si van, los detienen, como lo hicieron conmigo. Me ha dolido mucho eso, me ha dolido el sufrimiento de la gente, de las mujeres. Hay muchas mujeres que han estado al pie de la lucha y han sufrido mi encarcelamiento junto con mi familia. En la cárcel me lastimaron, hoy estoy mal de salud físicamente y con dolores intensos pero fuerte espiritualmente. Estoy muy fuerte, tengo mucho ánimo de seguir. Tengo cuarenta años de edad, creo que Dios me va a dar la oportunidad de seguir viviendo para defender la tierra y ayudar a los que menos tienen, esa es la postura que yo tuve hace más de trece años cuando iniciamos la lucha, es la herencia que me dejaron mis padres, ellos me dejaron tierras como herencia, y para mí es un tesoro, es lo que más amo después de amar a Dios; después de amar a mis hijos, amo a mi tierra, la quiero, la voy a cuidar, no la voy a vender, la voy a cosechar para mis hijos, mis nietos, mis otras generaciones, para que vengan a defender lo que nosotros celosamente estamos cuidando el día de hoy.