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¿Cómo financiar la Renta Básica Universal? | Declaración de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

Con el Covid-19 y la crisis económica preexistente, el nivel de vida de la clase trabajadora se viene deteriorando de manera acelerada. A falta de una solución de raíz que establezca una economía distinta, basada en la cooperación en lugar del actual régimen de explotación y lucro, debe distribuirse a cada persona un ingreso, lo que se conoce como Renta Básica Universal, que la salve de la pobreza absoluta.

Hasta el momento, las consecuencias de la crisis económica y de la pandemia, han causado el despido de un millón de trabajadores afiliados al seguro social y, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, más de 12 millones de mexicanos han perdido sus empleos en el sector informal.

Las perspectivas de la economía mundial para el 2020, y por ende la mexicana, son sombrías. El miércoles 24 de junio, el Fondo Monetario Internacional redujo la expectativa de crecimiento de la economía global para 2020 de -3.0% a -4.9%; el pronóstico para México fue más severo: la organización estima que nuestra economía se contraerá -10.5% este año, una reducción de 3.9% respecto a su último reporte publicado en abril, y tendrá un rebote de apenas 3.3% en 2021, lo cual significa que recuperaría menos de un tercio de lo perdido en 2020. El mundo y México vivimos al borde del precipicio.

Para evitar una catástrofe mayor, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha fortalecido programas sociales como la renta básica para adultos mayores ($1,275 pesos mensuales), el programa de capacitación para jóvenes en empresas, talleres, instituciones o negocios, con un apoyo mensual de $3,748 pesos; además de la entrega de créditos blandos para trabajadores del sector informal y pequeños y medianos empresarios. Esta política se complementa con la negativa a continuar endeudando al país para subsidiar a las grandes empresas y presionarlas para que cumplan con sus obligaciones fiscales.

Aunque saludamos estas políticas, son insuficientes ante una crisis capitalista con una enorme sobreproducción de mercancías y con salarios que no alcanzan para consumirlas; de una deuda global de 255 billones de dólares (el 322% del Producto Mundial Bruto) de ciudadanos, empresa y gobiernos hacia un capital financiero voraz y que, a su vez, vive al filo de la navaja por el crecimiento del impago y de la irresponsable burbuja especulativa que han provocado con su avaricia.

El peso de la crisis no debe caer de nuevo sobre los pobres. La crisis no ha sido causada solo por el nuevo coronavirus, sino por los ricos que son los que se han beneficiado del trabajo de la gran mayoría del pueblo y de apropiarse de los bienes de la nación mediante corrupción y privatizaciones. Sin embargo, cada que su sistema de rapiña ocasiona crisis, nos pasan la cuenta al pueblo para que la paguemos nosotros. Por eso decimos que ya llegó la hora de que la crisis la paguen los ricos. Hay que eliminar la expropiación de la riqueza por unos cuantos y garantizar bienestar y prosperidad para quienes no vivimos sino de nuestro trabajo.

Una novedosa propuesta mínima es la adopción de la Renta Básica Universal, que asegure un ingreso mínimo, por encima del nivel de pobreza (por lo menos el 50% del salario de un obrero calificado), para toda la población mayor de 18 años, independientemente de su estatus social, racial, de género, edad o región en donde se habite. Se trata de una iniciativa racional, justa y humana.

Una Renta Básica Universal se concibe como un derecho básico de todas y todos, no solo para los adultos mayores, para evitar la pobreza extrema y permite sustituir los programas sociales focalizados y condicionados. Debe ser una política de Estado elevada a rango constitucional. Se combinaría con la disminución del tiempo de trabajo formal, sin reducción del salario, para dedicar más tiempo a la convivencia familiar y a la vida ciudadana.

Algunos argumentan que esta propuesta es «económicamente inviable». Es falso. La fortuna personal de las diez personas más ricas de México (Carlos Slim, Germán Larrea, Ricardo Salinas, María Asunción Aramburuzabala, etc.) asciende a más de 100 mil millones de dólares. Con un impuesto del 3% a las grandes fortunas, se obtendrían 3 mil millones de dólares solo de estos diez individuos, lo que equivale a 75 mil millones de pesos anuales, sin contar a los demás multimillonarios. Este fondo podría servir para iniciar el financiamiento de la Renta Básica Universal. ¿Parece una propuesta extremista? No es así; prestigiados economistas anti neoliberales en el mundo la apoyan.[1]

En México, se puede recurrir a las siguientes fuentes:

  1. Los fondos destinados a los programas asistenciales. Los diferentes programas de ayuda se reemplazarían por la Renta Básica Universal, que se convertiría en un derecho humano garantizado por la Constitución y no dependería de los humores sexenales.
  2. Impulsar una reforma fiscal progresiva y eliminar la evasión fiscal, empezando por los multimillonarios.
  3. Declarar una moratoria unilateral al pago de la deuda pública y realizar una auditoría para determinar qué parte es ilegítima, como la del Fobaproa, que suma más de 2 billones de pesos y genera intereses por 40 mil millones cada año. Toda deuda ilegítima debe declararse nula. Esos recursos deben convertirse en uno de los pilares para financiar la Renta Básica Universal.
  4. Establecer la tasa Tobín del 0.5% a toda transacción financiera internacional. Se trata de un impuesto al sector financiero, que no produce nada, y ayudaría a controlar la estabilidad monetaria.
  5. Como en Noruega, se podría destinar una parte de la renta petrolera para financiar un fondo de pensiones y/o de la Renta Básica Universal.

¡IMPULSEMOS LA RENTA BASICA UNIVERSAL!

¡ÚNETE A LA COORDINADORA SOCIALISTA REVOLUCIONARIA!

Ciudad de México a 3 de julio del 2020

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[1]    En una conferencia reciente, los economistas Jayati Ghosh, Joseph Stiglitz, José Antonio Ocampo y Thomas Piketty recalcaron que los “incentivos fiscales a empresas son regresivos y no han mostrado ser vehículo para atraer la inversión «Así, de cara a la recuperación, propusieron fijar impuestos a los servicios digitales y gravar los beneficios extraordinarios en los sectores oligopolizados.» No hay lugar para la austeridad como medida para combatir la crisis causada por el Covid-19. En vez de esa salida, para atenuar la caída de los ingresos, se necesitan esquemas fiscales sin beneficios para las grandes empresas, incluidas las tecnológicas, e impuestos progresivos a la riqueza”.