Foto Sergio Haro

Sobre la coyuntura electoral de 2018 | Coordinadora Socialista Revolucionaria

¡Por un Frente Social y Político para detener el contrataque de la oligarquía neoliberal y la derecha!

La coyuntura actual está directamente relacionada con la crisis de legitimidad del Estado mexicano, proceso caracterizado como tal por la mayoría de las organizaciones de izquierda. El balance del gobierno de Peña es terrible por el estancamiento económico, la corrupción generalizada en todos los niveles de gobierno, y el incremento de la violencia social por parte del Estado y el narcotráfico, a tal punto que ha hecho del 2017 el año más violento en la historia reciente del país.

La credibilidad del gobierno se vio afectada también ante el rotundo fracaso de las Reformas Estructurales, sumado al ridículo papel de sumisión frente a la renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. Pero sobre todo por la violencia de Estado en colusión con el crimen organizado: uno de los casos más representativos es la infame desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, hecho que hizo llegar al gobierno a sus niveles más bajos de aprobación. Sumado a ello están la represión al #YoSoy132 durante la toma de posesión de Peña Nieto, a las huelgas magisteriales en 2014, la masacre en Nochixtlán, el uso de la fuerza pública contra las movilizaciones por los gasolinazos y, en el presente, la desaparición de los tres jóvenes cineastas de Guadalajara. Durante este sexenio se ha acumulado un enorme descontento social que, a pesar de las normales fluctuaciones, se mantiene y marca profundamente esta coyuntura.

Durante estos seis años, los partidos políticos que le disputan el gobierno al PRI han oscilado en sus posiciones para acomodarse en las preferencias de la sociedad mexicana descontenta. Sin embargo, la firma del Pacto por México tuvo un alto costo para los partidos que lo suscribieron, ocasionándoles el repudio y la impopularidad. Consecuencia de esto es la debacle y vaciamiento del PRD que en su afán de recuperación se convirtió en un partido oportunista aliado del PAN, profundizando su giro a la derecha. El PAN en una disputa interna por las candidaturas, se fraccionó ante la imposibilidad de la dirección de conciliar con el ala que pactó con Peña, representada por Felipe Calderón y Javier Lozano, y perdiendo simpatías por los hechos de corrupción y de privilegios de Ricardo Anaya que salieron a la luz.

Todo esto ha hecho que el descontento social fuera capitalizado por Morena, partido que se ha movido en un vaivén de posicionamientos públicos, que van desde la dura crítica a las reformas estructurales hasta el llamado a Peña Nieto a un pacto de estabilidad y la acogida de todos los que aun teniendo antecedentes de corrupción en los demás partidos decidieron de última hora integrarse a Morena.

De los llamados “candidatos independientes” solo dos lograron entrar en la boleta electoral utilizando como método el corporativismo y la recolecta fraudulenta de firmas, inconsistencias escandalosas avaladas por el Instituto Nacional Electoral. Jaime Rodríguez “El Bronco”, arropado por algunos grandes empresarios de Monterrey, es el representante del autoritarismo y el populismo de derecha y se presenta como el payaso de la política listo para el golpeteo y la guerra sucia. Margarita Zavala juega un patético papel de subordinación por la reivindicación del ignominioso sexenio de su esposo Felipe Calderón. Estos dos personajes representan el fiasco de la tan esperada figura de las candidaturas independientes, convertidas en mera simulación.

Por otro lado, el fracaso de la candidatura de María de Jesús Patricio “Marichuy”, vocera del Concejo Indígena de Gobierno, es una limitante para las fuerzas anticapitalistas en la presente coyuntura. Tienen mucho que ver en ellos los requisitos excesivos y las limitaciones impuestas por el INE. En primer lugar,  la necesidad de un teléfono inteligente para la recolección de firmas, siendo que la base Congreso Nacional Indígena se encuentra en zonas históricamente marginadas, a donde ni siquiera llega la energía eléctrica, lo cual muestra que el sistema político mexicano no está hecho para que participen todos y todas. Aunque la campaña de Marichuy continúa por otros medios, no parece que pueda agrupar al conjunto de la izquierda anticapitalista para una propuesta propia durante la coyuntura electoral.

Es innegable reconocer que un elemento relevante de este periodo es la expectativa que genera la victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), percibida por amplias capas de la población, en especial los sectores populares y de los trabajadores, como un cambio de rumbo ante las políticas de los gobiernos recientes.

Desde una perspectiva revolucionaria, no podemos olvidar en este aspecto, por un lado, las limitaciones políticas de los gobiernos de corte progresista-nacionalista en América Latina las cuales han terminado implementando ellas mismas políticas de recortes sociales, y, por el otro, que el contexto de crisis económica internacional que se extiende en el tiempo no da margen para la implementación de políticas redistributivas sin modificar la base productiva de un país dependiente para dar paso a una economía planificada con la necesaria expropiación de sectores económicos estratégicos, la diversificación productiva y el avance hacia el control de la producción por parte de las y los trabajadores y sus sindicatos.

No obstante, la llegada a la presidencia de AMLO podría significar ciertamente un cambio político. En principio porque significaría una derrota de la fracción más reaccionaria de la burguesía que ha hecho imposible la más mínima reforma al neoliberalismo salvaje. El desplazamiento del rol dirigente de este sector que había actuado como bloque político hegemónico, golpearía también el relato construido de la imposibilidad de salir de las políticas de libre mercado más agresivo, que incluye la militarización y las privatizaciones.

Este cambio político no implicaría necesariamente una salida de la lógica general neoliberal, de la dependencia petrolera, de la crisis del campo o de la decadencia de la planta productiva nacional, como ya hemos mencionado, este período histórico ha visto claudicar a los más decididos caudillos, partidos y referentes que no plantean un proceso de ruptura con la lógica del capital ante la égida de fuerzas imperiales; Alexis Tsipras en Grecia, Lula da Silva en Brasil y Nicolás Maduro en Venezuela son claros ejemplos. Con un AMLO que ha construido su gabinete integrando, entre otros, a elementos del viejo régimen político y lanzando guiños a los grandes empresarios, no podríamos esperar ni siquiera un giro soberanista basado en acciones concretas de la política económica nacional que dieran un vuelco más allá de las promesas de redistribución. Una muestra de ello es que en esta ocasión no ha habido un gran asedio hacia él desde la iniciativa privada como si lo hubo en 2006 y 2012.

Sabemos que el voto mayoritario por AMLO en estas elecciones no sería del todo el voto de un convencimiento férreo en su proyecto, sino sobre todo un voto de hartazgo, un voto que ante el empeoramiento de las condiciones de vida de las mayorías, a la violencia que creció con PRI y con el PAN y al agotamiento de los otros partidos, busca darle el beneficio de la duda a la opción restante.

La posibilidad del triunfo de López Obrador, con una intención del voto por arriba del 40%, ha puesto en alarma a los sectores del régimen que ven amenazados sus privilegios políticos. Encabezados por el PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano, están a unos pasos de hacer frente común contra AMLO para evitar que sea elegida una variante nacionalista burguesa que no proviene de las cúpulas tradicionales y que no tiene compromisos históricos con el capital trasnacional.

Somos claros en decir que López Obrador no es lo mismo que las otras opciones electorales, no sólo por de diferencias de programa o de vinculación con ciertos personajes de la política mexicana, sino por la base popular en la que se sustenta, base que ha dado la lucha en términos democráticos desde hace varios años, una de las más extendidas en el tiempo. Ya desde la implementación de las primeras medidas neoliberales en los años ochenta se desataron fuerzas sociales y políticas diversas que se opusieron a ellas, y la vía que el régimen encontró para continuar con su proyecto y evitar la llegada al gobierno de la oposición fue la del fraude electoral. Tras su inauguración en 1988, la limitación de los derechos democráticos ha corrido como el agua: fraudes e imposiciones, represión y encarcelamiento, pérdida de derechos y despojo. La lucha que encabezó AMLO en 2006 fue en el mismo sentido y desde entonces ha sido el personaje que más tensiones ha generado con el régimen en el ámbito de la política institucional creando una inmensa base popular alrededor de su figura, característica típica del populismo latinoamericano, lo que le da cierta autonomía política.

La lucha por la democracia, contra los fraudes, la compra de votos y el corporativismo, en sus muy variadas expresiones, es parte de la tradición de resistencia del pueblo y las y los trabajadores mexicanos en las últimas décadas. En la coyuntura actual no se puede descartar un nuevo fraude como un escenario probable ante la desesperación de las élites, para lo que se requeriría de la participación de todo el aparato estatal y por lo tanto de un pacto entre Anaya y Peña Nieto.

Los escenarios posibles nos ponen la tarea impostergable, ante la ausencia de una alternativa política que represente los intereses de las y los trabajadores y de las clases populares, de construir un frente social unitario que no polarice o divida en torno al voto, sino que cree un ambiente de ofensiva social a partir de las reivindicaciones populares para dar una salida a la izquierda y avanzar en las propuestas que retomen una agenda política de clase.

Efectivamente, el voto por López Obrador se manifiesta avasallador. Sea que se presente de nuevo un fraude electoral o que se reconozca el triunfo de AMLO pero su gobierno se vea limitado por sus propias contradicciones y por la presión de los grandes capitalistas y del imperialismo estadounidense, la necesidad de fortalecer la lucha social, en las calles y de caminar hacia la unidad de la clase trabajadora y de los sectores golpeados por el neoliberalismo es imperiosa.

En caso de fraude electoral debemos prepararnos con una propuesta política para los amplios sectores populares que podrían volcarse a las calles exigiendo el respeto al voto pero que se verán abandonados por la dirección de Morena, como López Obrador ya anunció con sus declaraciones de retirarse de la escena política. En caso de una victoria de AMLO reconocida por las autoridades electorales debemos prepararnos para revertir la contraofensiva que las élites emprenderán para recentrar el tablero a su favor y demandar el cumplimiento de las promesas hechas durante la campaña electoral.

Por ello:

1.- Llamamos a no votar por ninguno de los candidatos de los partidos del Pacto por México, o sea, por el PRI, PAN, PRD y sus aliados pues son los que han aplicado y mantenido las políticas neoliberales y han incrementado el clima de guerra y violencia que está desangrando a nuestro país.

2.- Nos prepararemos decididamente para defender el voto popular ante un posible fraude electoral.

3.- Impulsaremos un polo de izquierda anticapitalista dentro de un amplio movimiento social.

3.- Enlazaremos en barrios, comunidades, escuelas y centros de trabajo con los sectores populares descontentos, con los simpatizantes de López Obrador y los militantes de base de Morena para hacer juntos frente al fraude electoral y desarrollar programas de lucha por sector a través de la discusión amplia y abierta que detengan el contrataque de la oligarquía neoliberal.

4.- Mantendremos como Coordinadora Socialista Revolucionaria nuestra total independencia política con respecto a la dirección de Morena.

Ante la insostenible situación de violencia, carestía y corrupción, queremos impulsar un cambio de rumbo, uno que pase por la recuperación de la soberanía nacional, la justicia social, la expropiación de sectores económicos estratégicos y la autogestión.

  • Por la renacionalización de la industria energética.
  • Contra el despojo a través de la concesiones del territorio a empresas mineras, petroleras y energéticas. Alto al ecocidio.
  • Por la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional en la zona de Texcoco, no sólo por sus elevados costos y la corrupción que conlleva el proyecto, sino por el daño ambiental que provocará y la violación de los derechos ancestrales de las comunidades de la zona.
  • Por la declaración como Derechos Humanos el acceso a los servicios públicos de energía, agua, salud, educación y gas.
  • Por la defensa de la seguridad social, regreso al sistema solidario de pensiones.
  • Por la auditoria de la deuda pública y privada.
  • Por la auditoria a las gestiones de los tres niveles de gobierno anteriores y actuales, cero impunidad para gobernantes corruptos.
  • Contra de la Ley de Seguridad Interior y de la militarización del país.
  • Contra la mal llamada reforma educativa y por una educación pública, universal, gratuita, laica y científica.
  • Por el derecho de la mujeres a decidir sobre sus cuerpos, por la legalización del aborto a nivel nacional y por iguales derechos sociales, políticos y económicos. Alto a los feminicidios.
  • Por el matrimonio igualitario y plenos derechos para las disidencias sexo-genéricas.

 

México, Mayo de 2018

Coordinadora Socialista Revolucionaria