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Energía y rosas

Por Cinzia Arruzza.
Traducido del inglés por Peter Gellert

El 11 de noviembre, cientos de personas de la Asamblea Nacional de Usuarios de Energía Eléctrica (ANUEE) de México se reunieron para un evento sobre el nuevo movimiento feminista en el auditorio del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Es un edificio con una larga historia de combate, con un mural colosal de José David Alfaro Siqueiros, que trabajó en este “Retrato de la burguesía” entre 1939 y 1940, hasta que se vio obligado a huir del país después de participar en un intento de asesinar a León Trotsky.

En 1936, el SME obtuvo una gran victoria contra su patrón, la compañía Mexicana de Luz, una empresa británico-canadiense, a través de una huelga que cortó toda la energía eléctrica en la Ciudad de México. Después de la nacionalización de la industria energética en 1960, el sindicato se convirtió en un punto de referencia para el sindicalismo radical y políticamente independiente, y en los últimos años promovió la creación de la Nueva Central de Trabajadores (NCT) y de una nueva coalición política, la Organización Política del Pueblo y los Trabajadores (OPT), actualmente involucrada en la campaña presidencial de una mujer indígena respaldada por zapatistas, María de Jesús Patricio Martínez.

En 2009, el SME llamó a los usuarios de la energía a movilizarse contra la privatización del sector energético, lo que ya había provocado alzas en las tarifas de electricidad que se volvieron imposibles de pagar. En 2010 la ANUEE se creó en respuesta a esta llamado. La lucha por la energía pública y accesible se remonta a la década de 1990, cuando el gobierno de Salinas de Gortari privatizó el 40 por ciento de la generación de energía, abriendo el mercado energético de México a compañías transnacionales con sede en España.

A medida que la oposición de los trabajadores a la privatización creció, también lo hicieron los deseos de las elites de derrotar a la oposición y despejar el camino para sus proyectos de “modernización”. En 2009, en un intento de destruir el sindicato, el gobierno de Felipe Calderón liquidó a la compañía pública de energía Luz y Fuerza, enviando el ejército y la policía a apoderarse de las plantas. Dejó a decenas de miles de trabajadores sin empleo.

En 2013, el gobierno de Peña Nieto impulsó más reformas energéticas, incluida una reforma constitucional que legaliza el proceso de privatización. Los principales beneficiarios de estas medidas son las multinacionales españolas Iberdrola, Unión Fenosa y Endesa, que obtienen el 70 por ciento de las ganancias del sector energético privado. Sin embargo, desde la negociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), los Estados Unidos también ha jugado un papel clave en presionar a los gobiernos mexicanos para que privaticen los sectores estratégicos.

Este es el contexto en el que la ANUEE se lanzó y ha crecido. La idea detrás de su creación fue la de combinar la lucha de los trabajadores en el punto de producción con la movilización con impacto social. La organización ahora cuenta con una membresía de más de cien mil hogares y pequeños negocios y ha organizado cientos de acciones, convirtiéndose en un jugador importante en el movimiento para renacionalizar el sistema energético. También ha promovido formas de desobediencia civil, invitando a la población a no pagar sus cuentas de luz eléctrica y bloqueando los intentos del proveedor de desconectar el suministro de energía a los usuarios morosos.

A lo largo de los años, sus posiciones han evolucionado desde pedir la condonación de la deuda y las tarifas justas hasta reclamar el acceso a la energía como un derecho humano y vincular esta demanda a una crítica más abarcadora sobre el capitalismo neoliberal. Este año, a través de una ocupación de cuarenta y seis días frente a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), el movimiento logró una importante victoria en su lucha contra los aumentos de las tarifas.

Entre los logros del movimiento se encuentra la promesa del gobierno de perdonar la deuda pendiente, que en algunos casos ha llegado a $15,800, y de permitir a los consumidores firmar un contrato con la compañía de su elección para continuar el servicio. Esto permitiría que los integrantes de la ANUEE reciban servicios de la nueva cooperativa del Sindicato Mexicano de Electricistas, que tiene un acuerdo con ellos para cobrar una “tarifa social” preferencial para proteger el derecho de los ciudadanos a acceder a la energía eléctrica. Hasta el momento de escribir este artículo, sin embargo, el gobierno no ha cumplido sus promesas y ha comenzado una campaña para criminalizar al movimiento.

Durante las semanas de la ocupación, los activistas de la ANUEE organizaron marchas y conferencias, así como una actividad educativa de una semana dedicada a la historia de las luchas de las mujeres en México. Solo un par de meses antes, la ANUEE había movilizado un contingente de cuatro mil personas para la huelga internacional de mujeres de marzo.

Esto es clave, porque son las mujeres las que han forjado la trayectoria radical de la ANUEE.

Transformado a través de la lucha

Las mujeres constituyen la mayoría de los participantes en las protestas, y cada vez más mujeres trabajadoras y pobres asumen el liderazgo de la organización. Alejandra, una joven que se unió a la ANUEE en 2012, explicó que la mayoría del movimiento está compuesta de mujeres, porque son las mujeres quienes se encuentran en los hogares. Ellas son los responsables de realizar el trabajo de cuidado y la reproducción social dentro de sus familias y asegurar que los ingresos cubran las necesidades. El acceso a la energía eléctrica determina sus condiciones cotidianas.

Para muchos de ellas, esta fue su primera experiencia política, y una que las transformó. Juanita, una activista del estado de Hidalgo que se unió a la ANUEE hace siete años, describió cómo esta experiencia cambió su vida:

La ANUEE me ayudó a liberarme de mi miedo y a luchar. Tengo hijos y estoy luchando por ellos, para darles un techo, educación, comida. No es fácil, pero me siento orgulloso de pertenecer a la ANUEE. Mi hija ahora me entiende, mis hijos resistieron al principio, pero ahora entienden que tenemos que luchar por nuestros derechos, por nuestro futuro. Estamos luchando por los que vendrán después de nosotros.

El movimiento llevó a varias mujeres a salir de sus hogares y comenzar a experimentar una vida pública por primera vez, asistiendo y organizando reuniones y marchas. Esto ha provocado una reconfiguración de la vida familiar y los roles de género dentro del hogar, aunque no sin la resistencia de los integrantes de la familia. Tener que enfrentar esta oposición llevó a las mujeres activistas a ver su participación en el movimiento como algo que conlleva una importancia existencial y política que va más allá de la lucha por la energía pública y accesible. Verónica, una coordinadora voluntaria de la ANUEE, explicó cómo sus años en el movimiento cambiaron su percepción de sí misma:

Mi padre era sexista, no me permitió estudiar ni trabajar. No tengo una carrera, tengo dos hijos y un esposo, y soy la única mujer en mi familia. No entienden mi compromiso, ya que me convertí en coordinador y tengo reuniones, actividades. . . Antes de esto, pasé la mayor parte del tiempo con mis hijos, pero ahora tengo que salir y mis hijos no entienden.

Sin embargo, están comenzando a comprender que tengo que realizarme como mujer. Quiero enseñarles que si uno tiene la voluntad, uno también tiene el poder, y que si uno comienza algo, entonces tiene que terminarlo. Quiero enseñarles como hombres, porque su idea es que las mujeres deben quedarse en casa.

En algunos casos, la falta de apoyo de los esposos y la pareja llevó a una ruptura. Esta es la experiencia de María, que dejó a su pareja debido al rechazo de este último a su participación en el movimiento:

Soy parte de la lucha y no quiero rendirme. Estoy luchando por el bienestar de mis hijos y el futuro de mis nietos. Aprendí que es posible depender de sí mismo: no dependo de nadie que pueda decirme que no vaya a una marcha o que no trabaje, solo dependo de mí mismo. Somos mujeres fuertes, somos guerreras, porque sabemos que habrá un precio a pagar, ya que nada es fácil, pero cuando ganamos, cuando marchamos juntos y cantamos “sí, se puede”, bueno. . . todo esto vale la pena …

Para otras, como Miriam, otra coordinadora, asumir un rol de liderazgo y estar ocupada organizando reuniones y protestas tenía una función terapéutica después de que su relación con su pareja se rompió: “Me ayudó. Mis hijos me apoyan. Les enseñé a luchar, ahora, cuando voy a una marcha o una reunión, me piden que les cuente todo sobre lo que hice y cómo fue “.

A pesar del número de mujeres que participan en la organización, la ANUEE solo decidió recientemente crear un comité de coordinación de mujeres, que aún no está incorporado en

sus estatutos. Como explicó Rosario, una veterana organizadora feminista, las mujeres enfrentaron resistencia no solo dentro de su familia, sino también en la organización. Por ejemplo, algunos activistas varones se resistieron a la introducción de los derechos y luchas de las mujeres entre los temas del trabajo educativo, usaron insultos sexuales contra las mujeres que tenían desacuerdos políticos con ellos y ofrecieron escaso apoyo a las mujeres que asumían roles de liderazgo.

Además, aunque el número de mujeres en puestos de liderazgo ha aumentado a lo largo de los años, todavía no refleja el número de mujeres que participan en el movimiento. Margarita, miembro del comité coordinador nacional, informó que algunos activistas hombres ignoraron su liderazgo mientras ella estaba a cargo de una ocupación. “No aceptaron que tenía este papel. Tenemos que desempeñar nuestro papel de manera agresiva, de lo contrario los hombres no nos toman en cuenta, no nos respetan “, dijo. “Mi padre era muy sexista, pero esto me enseñó a resistir, a decir que yo, como mujer, soy igual que los hombres, yo valgo lo mismo. Tengo un hijo y él aprendió a respetar a las mujeres “.

Este otoño, la ANUEE organizó cientos de ocupaciones simbólicas de oficinas y plantas locales de energía. Esto culminó, el 16 de noviembre, con una marcha de veinte mil personas para protestar contra la privatización y exigir la implementación de la tarifa social que la ANUEE ayudó a lograr.

Movilizaciones como estas son cruciales, porque si bien el movimiento ha conseguido algunos logros, el proyecto del gobierno de modernización está en curso. Los organizadores piensan que, de realizarse, dejará a millones de usuarios sin acceso a la energía eléctrica. El gobierno también está tratando de dividir al movimiento, ofreciendo miles de empleos producto de la “modernización” a los trabajadores electricistas del SME, quienes han estado sin trabajo desde la liquidación de la empresa Luz y Fuerza.

Pero las mujeres de la ANUEE no muestran ningún síntoma de desánimo o fatiga. Como lo expresó Alejandra: “La lucha nos enseñó a luchar, más allá de nuestras demandas con respecto a la energía eléctrica: estamos luchando por las mujeres”