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La economía de Ernest Mandel, ayer y hoy

Por Michel Husson

 

Un cuarto de siglo después de la muerte de Ernest Mandel (el 20 de julio de 1995), este artículo no pretende ser un homenaje. En el espíritu del marxismo vivo, como fue el suyo, nos limitaremos preferentemente a mostrar cómo sus escritos económicos siguen siendo actuales y esbozaremos las interrogantes, anteriores o actuales, que los mismos plantean. (1)

La difusión del marxismo

Mandel desempeñó un papel clave en la difusión de un marxismo liberado de los oropeles estalinistas, preocupado siempre por establecer un vínculo entre el análisis económico y la acción militante. Su primera contribución importante fue el Tratado de Economía Marxista, publicado en 1962. Esta síntesis tuvo una amplia difusión internacional y contribuyó a la renovación de un marxismo vivo, ansioso de integrar los últimos acontecimientos. El capítulo XI sobre las crisis periódicas es un claro ejemplo de ello: Mandel ya esboza una síntesis entre las teorías basadas en el sub consumo y la desproporcionalidad, refiriéndose a las contribuciones de economistas como Harrod, Kuznets, Samuelson, Goodwin, Kalecki y Joan Robinson. Aunque las encuentra «demasiado simplificadas», estima que «siguen constituyendo un material importante».

En 1963, Mandel dio una serie de conferencias durante un fin de semana de formación organizado por la Federación parisina del PSU (Parti socialiste unifié). Esas conferencias dieron lugar a un folleto, «Iniciación a la teoría económica marxista», que luego será reeditado varias veces. Aunque obviamente merecería ser actualizado, se trata de un texto notable, extremadamente pedagógico e ilustrativo de la constante preocupación de Mandel por tender puentes entre la teoría más exigente y la formación de los militantes.

En 1967, Mandel publicó «La formación del pensamiento económico de Karl Marx». Uno de los principales propósitos de este libro era el de dar a conocer una de las obras fundamentales de Marx -los Grundrisse- antes incluso de que la primera traducción francesa, la de Roger Dangeville, fuera publicada. Hay que leer, en particular, el capítulo sobre la «dialéctica del tiempo de trabajo y del tiempo libre», que es una introducción perfecta al tema de la reducción del tiempo de trabajo.

Queda así claro que Mandel buscaba difundir el pensamiento económico de Marx, con el objetivo constante de proponer una versión no dogmática del mismo. Por lo tanto, no es casual que se le haya pedido la redacción del prefacio de la edición inglesa del Capital (Penguin), lo que permite medir la notoriedad de Mandel en el mundo anglosajón. Lamentablemente, esas introducciones a los tres libros de El Capital no fueron publicadas en francés, aunque han sido traducidas al español y reunidas en un libro titulado «El Capital. Cien Años de Controversias En Torno a la Obra de Karl Marx» que constituye una introducción excelente a la obra cumbre de Marx.

El problema de la «transformación» 

Podemos, por ejemplo, citar un pasaje dedicado al problema de la transformación de los valores en precios. Este problema teórico tiene su importancia porque abrió las puertas a una crítica de la teoría del valor de Marx: habría una contradicción insuperable entre el Libro I del Capital (los valores son proporcionales al gasto del trabajo) y el Libro III (los precios son proporcionales al capital adelantado).

La respuesta de Mandel consiste en rebatir la hipótesis fundamental de los críticos de Marx, según la cual los precios de producción de los insumos (inputs, lo que entra en producción) son idénticos a los precios de producción (outputs, lo que se produce): «los insumos de los ciclos de producción actuales son datos conocidos al principio del ciclo, y que no tienen un efecto retroactivo en la perecuación de la tasa de ganancia entre las diferentes actividades industriales durante ese ciclo». Basta con considerar que también se calculan en precios de producción y no en valores, pero que estos precios de producción son el resultado de la perecuación de las tasas de ganancia durante el ciclo anterior, y que desaparecen todas las incoherencias (…) Los precios de producción de las materias primas, como los de todos los insumos utilizados en la producción (…) son el resultado de la perecuación de las tasas de ganancia que tuvo lugar en el período anterior» (véase el fragmento «El problema de la transformación», traducido por el autor de este artículo). En pocas palabras, fue presentada la solución. Pero, curiosamente, Mandel no insistió en ello: en la obra colectiva «Ricardo, Marx, Sraffa», sólo trata el problema de la transformación desde el punto de vista del papel que juegan el oro y el dinero.

La trayectoria del capitalismo

Los resultados del capitalismo de posguerra (bajo desempleo, crecimiento del poder adquisitivo) iban en contra de las tesis sobre el declive inevitable o sobre la pauperización del proletariado defendidas por los economistas estalinistas. Para analizar esta nueva configuración, Mandel habló de neocapitalismo (un término que luego rechazaría) y comenzó a utilizar la idea de onda larga.

Ya en 1963 -en su ya mencionada “Iniciación a la Teoría Económica Marxista”- Mandel se refiere a Kondratieff y luego subraya que «la onda larga que comenzó con la Segunda Guerra Mundial y en la que todavía estamos -digamos la ola de 1940-1965 o 1940-1970- se ha caracterizado, por el contrario, por la expansión». Ésta permite «un aumento tendencial del nivel de vida de los trabajadores». Existe, pues, una previsión clara del cambio de rumbo que se va a producir, la que será explicitada en un notable artículo publicado en 1964 en Les Temps Modernes, llamado «El apogeo del neocapitalismo y su porvenir» («L’apogée du néo-capitalisme et ses lendemains»), en el que Mandel predecía el próximo fin de la expansión de posguerra, la que todavía no había recibido el nombre de los «Treinta gloriosos».

Con la teoría de las ondas largas, Mandel retoma las elaboraciones de principios del siglo XX, sobre todo las de Parvus y Trotsky. Reproducimos a continuación la curva original del artículo (2) de Trotsky de 1923 y su transcripción en francés. Ahí ya se esboza la idea clave de la teoría de las ondas largas, a saber, que el capitalismo atraviesa períodos históricos: «20 años de desarrollo capitalista muy gradual (A-B); 40 años de ascenso firme (B-C); 30 años de crisis prolongada y de declive (C-D)» y Trotsky señala que no se trata de ciclos, como piensa erróneamente Kondratieff, porque «su carácter y duración no están determinados por el juego interno de las fuerzas capitalistas, sino por las condiciones externas que constituyen la base de su desarrollo».

La tasa de ganancia

Mandel se refirió siempre a la formulación clásica de la ley de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia, lo que puede verse, por ejemplo, en su texto «Variables parcialmente independientes y lógica interna en el análisis marxista clásico»: «el aumento de la composición orgánica del capital conduce a una tendencia a la disminución de la tasa media de ganancia (…) A largo plazo, la tasa de plusvalía no puede aumentar en proporción a la tasa de aumento de la composición orgánica del capital, y la mayor parte de las contratendencias tienden, al menos periódicamente (y también a muy largo plazo), a ser suplantadas a su vez».

Esta formulación tradicional es, sin embargo, discutible, porque el aumento incuestionable de la composición física del capital (el número de «máquinas» por trabajador) no conduce necesariamente a un aumento de la composición orgánica (en términos de valor), porque entre ambos se encuentra la productividad del trabajo. Como quiera que sea, el proceso de desarrollo de las ondas largas tiene algo que ver con la tasa de ganancia. Pero esto no significa que la fase expansiva se inicie automáticamente en el momento en que la tasa de ganancia alcanza un cierto punto. Es una condición necesaria pero no suficiente. La forma en que se recobra la tasa de ganancia debe dar, al mismo tiempo, una respuesta adecuada a otras cuestiones, como la relativa a la realización del producto.

La tasa de ganancia es, sin embargo, un buen indicador sintético de la doble temporalidad del capitalismo, como insistía Mandel. El establecimiento de un orden productivo coherente significa mantenerlo a un nivel alto y más o menos «garantizado». Al cabo de cierto tiempo, la interacción de las contradicciones fundamentales del sistema degrada esta situación y la crisis aparece siempre y en todas partes marcada por una baja significativa de la tasa de ganancia. Ésta refleja la doble incapacidad del capitalismo para reproducir el grado de explotación de los trabajadores y para asegurar la realización de las mercancías, más que una tendencia al alza en la composición orgánica del capital. Es así entonces que nos parece útil reformular la ley de la tendencia a la baja de la tasa de ganancia: la tasa de ganancia no disminuye de manera continua, pero los mecanismos que la impulsan hacia abajo terminan siempre prevaleciendo sobre lo que Marx llamaba las contratendencias. El giro es endógeno, por lo que la exigencia de una reestructuración del orden productivo reaparece periódicamente.

En todo caso, Mandel nunca hizo de esta ley el alfa y omega de la explicación de las crisis. En el capítulo de su libro «La crisis: 1974-1982», dedicado a esta cuestión, Mandel enumera las causas invocadas por varias escuelas marxistas: «¿La sobreacumulación de capital? Sin duda alguna (…) ¿El subconsumo de las masas? Sin duda alguna (…) ¿La anarquía de la producción y la desproporción entre las diferentes ramas? Sin duda alguna (…) ¿La caída de la tasa de ganancia? Sin duda alguna». En cuanto a este último enfoque, aclara: «pero no en el sentido mecanicista del término, que sugiere una cadena causal rectilínea». Mandel rechaza pues claramente cualquier explicación mono causal de la crisis y en particular, la tendencia a la baja de la tasa de ganancia que, para algunos marxistas, es una garantía de ortodoxia.

¿En qué onda nos situamos?

Es lógico que nos planteemos la pregunta de dónde estamos. Nuestra respuesta es que todavía estamos en la onda larga recesiva iniciada con la recesión generalizada de 1974-75 y luego con la recesión de 1981-82. Esto requiere varias precisiones.

La primera es que la teoría de Mandel nunca postuló que cada onda larga debía durar entre 25 y 30 años. Por supuesto, así fue más o menos en el pasado, pero esto no significa que ésa deba ser la regla, simplemente porque las ondas largas no son ciclos. Es absolutamente necesario rechazar esa asimilación errónea, que aparece por ejemplo, en los escritos de Robert Boyer, uno de los fundadores de la llamada escuela de regulación: «no podemos conformarnos con la interpretación más bien mecánica propuesta por N.D. Kondratief, recientemente retomada por E. Mandel, que representa la historia del capitalismo como la sucesión de olas de fuerte acumulación y luego de débil acumulación que duran aproximadamente un cuarto de siglo (…) Ningún principio teleológico permite garantizar ni la sucesión mecánica de fases ascendentes y luego descendentes, ni el paso automático de un régimen de acumulación principalmente extensivo a un régimen de acumulación principalmente intensivo». (3)

Se trata de un grave error de lectura que debe compararse con lo que Mandel explicó en la primera versión de su libro sobre las ondas largas en 1980: «La aparición de una nueva onda larga expansiva no puede, por lo tanto, considerarse como un producto endógeno -más o menos espontáneo, mecánico, autónomo- de la onda larga depresiva precedente, cualquiera que sea la duración y gravedad de esta última. No son las leyes de desarrollo del capitalismo, sino los resultados de la lucha de clases durante todo un período histórico los que determinan ese vuelco decisivo. En otras palabras, nuestra tesis es la siguiente: el desarrollo histórico pasa por una dialéctica de factores objetivos y subjetivos, en la que los factores subjetivos se caracterizan por una relativa autonomía. No están directa e inevitablemente predeterminados por lo que ha sucedido anteriormente en cuanto a las tendencias fundamentales de la acumulación del capital, las tendencias del cambio tecnológico, o el impacto de estas tendencias en el proceso de organización del trabajo en sí mismo».

O para resumir: «las ondas largas son más que simples movimientos de alza o de baja en la tasa de crecimiento de las economías capitalistas. Son, en el profundo sentido de la palabra, períodos históricos específicos».

Desde este punto de vista debemos analizar la trayectoria del capitalismo desde el giro de los años 1980. Es cierto que la tasa de ganancia se recuperó, en todo caso hasta la crisis de 2008, pero eso no es suficiente. En efecto, nada es más ajeno a la teoría que el hecho de postular que basta con alcanzar cierto punto de rentabilidad para iniciar una nueva fase expansiva. La novedad es que esta recuperación de la tasa de ganancia (con la que discrepan algunos autores marxistas) no fue acompañada de una reanudación de la acumulación, del crecimiento o del aumento de la productividad. Este último punto es, en nuestra opinión, de suma importancia: la desaceleración o incluso el agotamiento de las mejoras en la productividad es el indicador más significativo de una pérdida de dinamismo del capital.

Ahora bien, esos aumentos de productividad son posibles gracias a la introducción de considerables innovaciones tecnológicas. En la teoría de las ondas largas, existe un vínculo orgánico entre la sucesión de las ondas largas y la de las revoluciones científicas y técnicas, pero esta relación no puede reducirse a una visión inspirada en la de Schumpeter, en la que la innovación sería en sí misma la clave para la apertura de una nueva onda larga. Desde este punto de vista, los cambios vinculados a las nuevas tecnologías constituyen sin duda un nuevo «paradigma técnico-económico», pero esto no basta para fundar una nueva fase expansiva. Ese es precisamente el debate sobre el estancamiento secular, que se basa en la observación de que las innovaciones significativas en todos los ámbitos no generan aumentos de la productividad.

La automatización

Hay quienes se imaginan que las nuevas tecnologías implican un potencial de aumento de la productividad, lo que también implicaría una gran reducción del empleo. Suponiendo que este pronóstico fuera cierto, habría que interrogarse sobre el modelo social asociado a estas transformaciones. Sobre ese punto, conviene referirse a un texto clave de Mandel, escrito en 1986: «Marx, la crisis actual y el futuro del trabajo humano». Mandel presenta un cuadro muy pesimista -pero bastante premonitorio- de los efectos de la automatización capitalista, evocando la perspectiva de una “sociedad dual que dividiría al proletariado actual en dos grupos antagónicos: los que siguen participando en el proceso de producción de la plusvalía, es decir, en el proceso de producción capitalista (con tendencia a la reducción de los salarios); los que son excluidos de este proceso, y que sobreviven por todos los otros medios que no sean la venta de su fuerza de trabajo a los capitalistas o al Estado burgués: asistencia social, aumento de las actividades ‘independientes’, campesinos dispersos o artesanos, retorno al trabajo doméstico, comunidades lúdicas’, etc. , y que compran mercancías capitalistas sin producirlas. Una forma transitoria de marginalización del proceso productivo ‘normal’ se encuentra en el trabajo precario, el trabajo a tiempo parcial, el trabajo no declarado, formas que afectan particularmente a las mujeres, los jóvenes, los inmigrantes, etc.”

 

Mandel y el coronavirus

Este anacronismo es deliberado: con él pretendemos subrayar el hecho de que el interés de los trabajos económicos de Mandel no sólo radica en los análisis que aportan, sino también en las herramientas metodológicas que nos brindan. Por eso su lectura, o relectura, sigue siendo útil un cuarto de siglo después de la desaparición de Mandel. La teoría de las ondas largas se basa en gran medida en la distinción entre factores endógenos (que se refieren al funcionamiento «normal» del sistema y a sus contradicciones internas) y factores exógenos (que en cierto modo son externos al sistema). Mandel dedicó gran parte de sus reflexiones a esta distinción, y nos referimos aquí al texto de Francisco Louçã, «Ernest Mandel y el pulso de la historia» («Ernest Mandel et la pulsation de l’histoire»).(4) Pero esta discusión sigue siendo de actualidad: ¿Debemos considerar la crisis del coronavirus como una crisis exógena o no? En un reciente artículo (5), Philippe Légé responde positivamente a esta pregunta.

Todos los impactos exógenos infligidos al capitalismo no le brindan, sin embargo, la posibilidad de alcanzar una nueva fase expansiva. Desde luego, el capitalismo tendrá que reaccionar para volver a los negocios como de costumbre («business as usual»). Su objetivo, obviamente, será el de restablecer la tasa de ganancia, ya que ése es su único barómetro. Salarios y gastos sociales congelados o recortados, automatización acelerada, reducción de los efectivos: vemos claramente hacia dónde se dirige la recuperación. Pero estas reacciones, que son en cierta medida reflejos propios al capitalismo, no atenuarán en modo alguno las contradicciones que ya existían antes de que estallara la crisis.

Tenemos, una vez más, que recurrir a la contribución de Mandel: para que se genere una ola expansiva, no basta con la recuperación de la tasa de ganancia o con que aparezcan innovaciones tecnológicas. Se debe establecer un orden productivo que asegure las condiciones para la reproducción del sistema. Sin embargo, estas condiciones no se dan ahora por una razón que es esencial desde nuestro punto de vista, a saber, el agotamiento de las mejoras de la productividad. Sin poder recobrar la que es su fuerza propulsora y fuente de una relativa legitimidad, el capitalismo está condenado a una reproducción inestable y fundamentalmente antisocial. Esto era cierto antes del coronavirus, es aún más cierto después.

 

Notas

(1) Las referencias a los textos de Mandel con (en la mayoría de los casos) los links respectivos, pueden consultarse en la página siguiente: http://hussonet.free.fr/mandel.htm Textos en francés, en inglés y en castellano.

(2) Léon Trotsky, «La courbe du développement capitaliste», 1923; Critiques de l’économie politique, n° 20, avril-juin 1975.

(3) Robert Boyer, «La crise actuelle: une mise en perspective historique», Critiques de l’Economie Politique, nouvelle série n°7-8, 1979.

(4) Publicado en Actuel Marx-PUF (París, febrero de 1999) titulada “El marxismo de Ernest Mandel”, con textos de varios autores y dirigida por Gilbert Achcar: https://www.puf.com/content/Le_marxisme_dErnest_Mandel  (Redacción Correspondencia de Prensa)

(5) Philippe Légé, «Une crise mixte aux conséquences décisives», junio de 2020.