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La resistencia del sistema de salud público mexicano frente a la pandemia COVID-19

Por la Mtra. Tania Valadez George, militante de Feministas con Voz de Maíz
y de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

Los tiempos que vivimos ahora son tiempos de extremada confusión, angustia, incertidumbre y ansiedad porque la pandemia nos está golpeando a todos los sectores sociales; sobre todo somos las mujeres las que tenemos más desgaste sobre estos aspectos por la carga que representa tener que cuidar a otros;  sin embargo el COVID 19 no es el causante  de la gran crisis económica, política, patriarcal  y social, simplemente la ha evidenciado exponencialmente.

En el mundo todos los días mueren miles de personas por otro tipo de enfermedades (Cánceres, Enfermedades  asociadas a Diabetes Mellitus e Hipertensión Arterial, Infarto Agudo al Miocardio, Accidentes, Violencia, Feminicidios (en México nos matan a 9 mujeres por día), por abortos clandestinos, por partos mal atendidos, pero también mueren personas  y muchas de ellas son mujeres, por sus condiciones económicas, porque no tienen acceso a la alimentación, un trabajo digno, ni servicios básicos (agua, luz, vivienda, ni acceso a servicios de salud etc.). En contextos de violencia política son asesinadas y perseguidas defensoras de derechos humanos, líderes comunitarias, ambientalistas, madres que buscan a sus hijas desaparecidas. Por intereses geopolíticos bajo la lógica de apropiación de recursos, países enteros son convertidos en zona de guerra provocando que miles de mujeres junto a sus familias sean expulsadas de sus hogares y al buscar refugio en otros países pierdan la vida. La destrucción ambiental y efectos del calentamiento global causantes de fenómenos como huracanes, sequías, inundaciones, también provocan la muerte de mujeres y hombres. Todos estos fenómenos golpean con mayor fuerza a las clases populares. Ahora, la gran diferencia con el Coronavirus (COVID-19) y que ha generado el pánico de las clases privilegiadas es que este virus no  respeta clase social; pero claro, los sectores populares somos de nueva cuenta los más afectados, pues tendremos menos herramientas sociales y económicas para enfrentar la enfermedad.

Frente a la pandemia, en México los sectores de la burguesía y sus aliados son quienes más se quejan del sector público de salud y sus pocas condiciones para enfrentar la enfermedad. Habría que recordarles que el sistema nacional de salud fue producto de la revolución mexicana y que se consolidó durante el gobierno cardenista cuando éste priorizó el desarrollo industrial. Para asegurar una clase trabajadora estable que facilitara la industrialización del país, el Estado invirtió en la salud para mantener y recuperar la fuerza de trabajo para la industria. El Sistema Nacional de Salud mexicano surgió bajo una lógica diferenciada y fragmentada para atender a los diversos sectores productivos, por ejemplo para los trabajadores del Estado se creó el ISSSTE, para los trabajadores del sector empresarial, el IMSS, los trabajadores de SEDENA, PEMEX y SEMAR  desde ese tiempo han tenido sus propios institutos de salud; para las personas que no contaban con un trabajo formal se creó Salubridad conocida hoy como Secretaría de Salud.

En las siguientes décadas, a pesar de las condiciones políticas, económicas y sociales, el Estado continúo invirtiendo en obras públicas en el sector salud y bienestar social a tal punto que  llegó a ser “un modelo para América Latina, pues cubría al trabajador  y a su familia y brindaba una atención en la que se empleaba la tecnología médica de punta, incluso superior al entonces sector privado” (Tamez, Eibenschutz, Camacho, & Hernández, 2012: 2). Cabe señalar que la construcción de un sistema de salud fuerte, encabezado principalmente por el IMSS fue producto de las aportaciones, trabajo, lucha y demandas del pueblo mexicano y no debe ser visto como un esfuerzo aislado e individual de algunos gobernantes.

A principios de la década de los ochenta, el panorama económico, político y social se agravó. Los efectos de la coyuntura internacional que se expresó en la reorganización del capital a escala mundial -la llamada globalización-, la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento del costo del crédito externo, provocaron que en México se profundizaran las contradicciones del llamado desarrollo estabilizador por sustitución de importaciones, que ya mostraba signos de agotamiento desde la década anterior y acabó bruscamente con el espejismo de la abundancia petrolera. Para enfrentar la crisis, el Estado mexicano adoptó políticas de ajuste macroeconómico dictadas por el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como proyecto “modernizador”. Estás recetas económicas mejor conocidas como políticas neoliberales tendían al adelgazamiento del Estado, procuraban el proceso de privatización de industrias paraestatales y subordinaban la política social a las políticas económicas (López et al., 2011: 105). En otras palabras, entrañaban una nueva fase de desarrollo capitalista. Así, la administración de Miguel de la Madrid (1982-1988) preparó las condiciones del pleno despliegue de la economía de mercado. El Estado mexicano transitó de un modelo intervencionista, corporativo y proteccionista a un Estado que reduce drásticamente su intervención en la economía, limita su protección al mercado interno y redimensiona el papel de la política social.

A partir de las recetas neoliberales impuestas en México comenzó un proceso de desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud (SNS), esto a partir de la reducción sistemática de presupuesto, el deterioro de la calidad de los servicios y la reducción de los salarios reales de las y los trabajadores de la salud, con el fin de beneficiar al sector privado en la ganancia de la prestación de los servicios de salud, poniendo como centro la ganancia y no la vida de los sujetos de atención médica. Los más afectados son los sectores de las y los trabajadores informales (outsourcing, comerciantes, trabajadoras del hogar, etc.) y desempleados, pues programas como el Seguro Popular redujeron el número de intervenciones a las cuáles podían tener acceso estos sectores a través de un catálogo que incluía solo 288 intervenciones cuando la llamada salubridad estaba obligada a atenderlos de cualquier padecimiento que presentaran; por tal razón  se han visto forzadas y forzados a acudir a los servicios privados. Cabe destacar que durante el periodo neoliberal el trabajo informal, sin derecho a prestaciones, seguridad social y estabilidad laboral ha crecido y alcanzado a millones de personas, convirtiéndose en la norma social, puesto que miles de jóvenes entran al mercado laboral en estas condiciones.

Los  sectores más desprotegidos  no pueden pagar los servicios de hospitales privados de alta especialidad, la iniciativa privada ha sabido aprovechar esta situación y ha hecho proliferar las farmacias-consultorio (Farmacia del Ahorro, Similares, etc.) donde no solo se da un mal servicio por que las médicas y médicos que trabajan ahí son obligados a vender fármacos, sino también estos son explotados, pues no tienen estabilidad laboral.

Además habría que señalar que en este periodo no se están formando en universidades públicas la cantidad de médicas y médicos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda (alrededor de 23 médicos, enfermeras y parteras por cada 10,000 habitantes para brindar servicios esenciales de salud a la población); en cambio han surgido en todo el país escuelas privadas para la formación de personal de salud, limitando así el acceso de sectores populares a estas carreras.

En 1983 inicia la reforma sanitaria, caracterizada por las adiciones y modificaciones al artículo 4º de la Constitución en 1984, que elevaron el derecho a la protección de la salud a rango constitucional; por la promulgación de la Ley General de Salud que creó el Sistema Nacional de Salud (SNS) (Eibenschutz y Raphael, 1991: 93). De forma contradictoria, los últimos gobiernos priistas y panistas dieron cancha abierta a la participación del sector privado en la atención de la salud pues estos entendían a la salud como una mercancía y no como un derecho. Las políticas neoliberales dieron golpes certeros que han causado que el SNS tenga mínimas condiciones para atender a la actual pandemia.

En México, los especialistas encargados de enfrentar la pandemia de COVID-19 han tomado diversas acciones que, hasta el día de hoy, han tenido resultados positivos en reducir la velocidad de propagación y tasa de mortalidad, a pesar del desmantelamiento y privatización de los servicios públicos de salud, que se expresa en un gran déficit de hospitales, equipos, laboratorios y personal médico. Pero hay que reconocer que los efectos positivos son resultado de la participación de trabajadoras de la salud e investigadoras críticas con un alto compromiso social y humanístico, formadas en universidades públicas, que participan en la toma de decisiones y planeación para controlar la epidemia.

Las acciones epidemiológicas que han puesto en marcha las y los especialistas han tenido una base sólida científica, cuyo principal eje ha sido la promoción y prevención de la salud para evitar contagios y muertes, a través del cuidado de la higiene con prácticas tan cotidianas, pero esenciales, como el “lavado de manos”. La promoción y la prevención en salud han sido impulsadas, desde mucho antes del brote de la actual epidemia, por la medicina social, la medicina comunitaria y la atención primaria en salud como parte importante de una alternativa a la medicina altamente medicalizada que privilegia costosos tratamientos y que niega la determinación social en salud. Ahora dan frutos gracias al impulso de los investigadores críticos al modelo médico hegemónico que participan en el sector público.

La propuesta de contención de la enfermedad en etapas tempranas fue parte fundamental de la estrategia para aplanar la curva de propagación del virus COVID-19. Asimismo la declaración de emergencia sanitaria y las medidas de mitigación comunitaria fueron estrategias que tomaron en consideración la realidad económica de varios sectores por lo cual alargaron lo más posible la petición del aislamiento físico, hasta un límite necesario para no acrecentar el riesgo y poner en peligro la vida de la población. La vigilancia epidemiológica  centinela como lo ha explicado el Dr. Gatell es un modelo que permite tener conocimiento de cómo se comporta la epidemia y cómo se toman decisiones de control y prevención para asumir la realidad como es y tomar decisiones. Es bajo este modelo que diariamente se presenta un panorama general de prevalencia, incidencia y mortalidad  del COVID-19 en territorio mexicano.

Asimismo, la campaña de comunicación desarrollada para combatir la enfermedad ha sido efectiva. Las conferencias vespertinas que diariamente son encabezadas por el subsecretario de epidemiología buscan dar certeza y confianza a la población de la situación que se vive en México frente al virus y las medidas que se están tomando. En México nunca antes, bajo ninguna circunstancia se habían dado conferencias diarias, con una estrategia mediática, sobre una situación de salud, desastre natural u otras desgracias. Son los profesionales críticos de la salud quienes han puesto el ejemplo. La campaña “Susana Distancia” y el #QuédateEnCasa han sido efectivas y populares, permeando en diversos sectores sociales. Estas iniciativas se destacan por el uso de un lenguaje sencillo y accesible a pesar de los términos especializados y técnicos alrededor del COVID-19. Lo que se observa es el compromiso ético y social de muchas y muchos profesionales de la salud.

La perspectiva de género ha sido parte de la estrategia integral de salud. Frente a las declaraciones poco afortunadas del presidente quien enarboló en público el papel de la “familia tradicional” y destacó el “papel natural” de las mujeres como cuidadoras de adultos mayores, es en las conferencias vespertinas que se destaca la inclusión de investigadoras como protagonistas en la toma de decisiones. En ese espacio también se invitó a las encargadas de coordinar políticas públicas en favor de las mujeres para hablar sobre la carga que implica para las mujeres el trabajo de cuidados y que no es solo tarea de ellas, así como para reconocer  que durante la cuarentena ha aumentado la violencia hacia las mujeres dentro de los hogares y explicar que acciones se tienen contempladas para atender esta situación que también es un problema de salud pública. Es la visión interdisciplinaria, interinstitucional e integral de la salud que ha permitido en cadena nacional se vincule el tema salud con múltiples esferas.

Sin embargo, cabe señalar que el trabajo de las profesionales de la salud  se ha enfrentado a dos obstáculos, en primer lugar, las inoportunas declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador que parecían ir en sentido contrario a las propuestas de salubridad. Por otro lado, la derecha y los medios de comunicación que buscan cualquier oportunidad para golpear al gobierno en turno y desacreditar las acciones que se están tomando en materia sanitaria. La oposición de derecha ha adoptado una postura oportunista y carroñera frente a la situación, intentando montarse en las demandas del sector salud frente a un sistema que ellos fueron los encargados de desmantelar; además, utilizan estrategias carentes de ética y que ponen en riesgo a la sociedad como la difusión de campañas de desinformación (fake news). Asimismo es la derecha quién frente a las recomendaciones del sector salud no han dejado de defender los intereses empresariales y de condonación de deudas para este sector. Dejando ver que poco  les interesan las vidas de las mayorías, ellos defienden los intereses de un puñado de individuos que han perdido el poder político en México.

Son un grupo de profesionales de la salud quiénes han salido a dar la cara en esta pandemia, a enfrentar los rapaces ataques de la derecha. Ellas y ellos, todos venidos de escuelas públicas, han dado ejemplo de que lo que se necesita en México es mayor información, decir la verdad;  explicar claramente, de forma sencilla y práctica,  qué es lo que sucede, cuáles serían las consecuencias de no seguir las indicaciones sanitarias. Hoy se está poniendo por delante el conocimiento, ese conocimiento al que todas y todos tenemos derecho a tener acceso, que sirve para mejorar las condiciones de vida, ese conocimiento que se genera gracias a la inversión pública, a los impuestos de la clase trabajadora; por tanto, ese conocimiento nos pertenece a todas y todos.

También se tiene que poner en alto que la primera línea de batalla para enfrentar esta crisis sanitaria son las trabajadoras de la salud, que a pesar de la falta de insumos, infraestructura y condiciones laborales adecuadas se encuentran en sus centros de trabajo atendiendo con compromiso, ética y responsabilidad a los enfermos de Coronavirus sin dejar de atender sus labores cotidianas. Es un uno de los sectores que no puede aislarse físicamente en cuarentena. La situación por la que atravesamos evidencia la importancia social de las y los trabajadores de la salud en la sociedad, no son héroes ni militares, son trabajadores y debemos denunciar las condiciones de trabajo existentes para ellas. Necesitamos personal preparado, con perspectiva de género, bien remunerado y con el equipo necesario para atender nuestras vidas. No podemos aceptar que laboren bajo contratos temporales, sin prestaciones, sin estabilidad laboral, sin equipo e insumos necesarios, pues son nuestras vidas las que están en sus manos. Mientras estas condiciones no sean garantizadas para ellas, nuestro derecho a la salud tampoco.

Asimismo, la pandemia nos muestra que es fundamental para garantizar el derecho a la salud de todas y todos colocar en el centro la vida por sobre las ganancias. Colocar la vida en el centro desde una mirada integral pasa por exigir que toda la sociedad tengamos acceso a servicios básicos como agua (¿Cómo podemos prevenir el coronavirus o cualquier otra enfermedad infecciosa si no tenemos con qué lavarnos las manos?), luz, vivienda y alimentación adecuada (¿Cómo podemos aislarnos físicamente si no tenemos un hogar digno o no podemos alimentar a nuestras familias? ¿Cómo almacenar comida y/o medicamentos sin electricidad?). Si no resolvemos socialmente las condiciones humanas para la existencia de todas y todos, si no redistribuimos la riqueza social,  seguiremos padeciendo no sólo pandemias sino múltiples tragedias humanas que podemos resolver con prevención.

Es en las condiciones actuales que la izquierda feminista revolucionaria debe empujar las demandas históricas de los sectores populares y de trabajadoras, a la vez de oponerse a la derecha oportunista que busca montarse en el discurso crítico y legítimo  de quiénes por décadas hemos denunciado a la burguesía y sus intereses privatizadores. No es momento de una política de esperar, con complacencia y  pasividad, a que el gobierno en turno se decida a cambiar las condiciones actuales de pobreza, violencia, devastación ambiental y de destrucción del tejido social. Hoy es evidente que las feministas y la izquierda socialista tenemos propuestas tangibles, es ahora cuando más presión debemos ejercer para que se vuelvan una realidad. Hoy más que nunca debemos jalar a la izquierda con más fuerza.

No renunciaremos a la idea de un sistema de salud universal, equitativo, integral, intercultural, con perspectiva de género y que ponga en el centro la vida de mujeres y hombres. Queremos una sociedad nueva y lucharemos para construirla.

 

 

 

 

Bibliografía

 

Eibenschutz, C., & Raphael, T. (1991). Institucionalización de la política sanitaria. El caso de México. Cuadernos Médico Sociales, 55, 79–97.

López, O., Rivera, J., & Blanco, J. (2011). Determinantes sociales y salud-enfermedad en México. Cambios, rupturas y perspectivas. In M. Chapela & M. Contreras (Eds.), Salud en México (pp. 93–124). México: UAM.

Tamez, S., Eibenschutz, C., Camacho, I., & Hernández, E. (2012). “ Neoliberalismo y política sanitaria en México .” UAM Xochimilco.