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Las caravanas migrantes y el nuevo papel de México | Pronunciamiento de la CSR

¡Ningún ser humano es ilegal!

Declaración de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

El crecimiento de la migración hacia los Estados Unidos de Norteamérica coloca a México como zona de tránsito de cientos de miles de personas que incursionan de diversas formas y que pone al país en el foco de uno de los fenómenos globales más sintomáticos de la crisis del capitalismo con consecuencias sociales, políticas y ambientales de grandes dimensiones.

Esta situación en los hechos ha generado cambios en la política migratoria del Estado mexicano, teniendo como antecedentes la firma de convenios como el Plan Mérida en 2007 y el Plan Frontera Sur en 2014. Con ello, el Estado mexicano endureció la vigilancia de la Frontera Sur, lo que dio lugar, por ejemplo, a la suspensión del uso del ferrocarril como medio de transporte y el incremento del número de deportaciones.

La crisis migratoria es grave. En 2016, bajo el mandato de Enrique Peña Nieto, fueron detenidas 188,595 personas migrantes, de las cuales 147,370 fueron deportadas por el Instituto Nacional de Migración (INM). De los expatriados, 9.7 de cada 10, eran originarios de Centroamérica, principalmente de Guatemala, Honduras y El Salvador. Contra todo pronóstico, la cifra fue superada y con creces durante el primer año del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador; el INM ha expulsado del país a 280,000 migrantes, según datos aportados por el mismo Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Frente a esta realidad, el Estado mexicano bajo la administración de MORENA ha tenido que modificar su discurso y práctica de país solidario a contenedor de las olas migratorias, en especial la centroamericana. Ha ejercido la violencia de manera sistemática para cumplir con el acuerdo pactado con la administración estadounidense de Donald Trump, que mantiene sus amenazas contra México si no hace su trabajo sucio de detener la migración hacia Estados Unidos. En los hechos se convirtió a la frontera sur de México en el verdadero muro de Donald Trump y México lo está pagando.

Aunque el gobierno mexicano intenta justificar el uso de la Guardia Nacional para detener las caravanas de migrantes, el uso desmedido de la fuerza ha sido la constante en esta operación. Estos hechos se han documentado desde febrero de 2019, y puede observarse con esta última caravana (enero de 2020), que intentó cruzar por el paso fronterizo del Ceibo en Tenosique, Tabasco y por el Suchiate en Ciudad Hidalgo.

En esas acciones desmantelaron la caravana que intentó cruzar; la primera terminó en el río Suchiate con una lluvia de piedras y la segunda en el Km. 16 de la carretera Suchiate-Tapachula, donde se emplearon cerca de 800 efectivos para detener una caravana de 1,400 personas, compuesta por hombres mayores, mujeres y niños.

Frente a esto, es lamentable que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) y el padre Alejandro Solalinde no hayan asumido un papel comprometido con la defesa de los derechos humanos de los hermanos y hermanas migrantes. En particular la CNDH avaló las tareas de “muro” de la Guardia Nacional, afirmando que hubo un “enfrentamiento” provocado por los migrantes y no una forma de represión y finalmente, anunciando débiles recomendaciones.

Las condiciones que generan el fenómeno migratorio centroamericano son múltiples y continúan intactas, por lo que se prevé con toda seguridad que el flujo migratorio continuará creciendo, tanto en forma de caravanas como de manera individual.

Pobreza

Honduras ocupa el primer lugar en pobreza de todo el continente; según el Instituto Nacional de Estadística de ese país, más de 65% de su población vive en condiciones de pobreza extrema, razón por la cual es el país que más personas expulsa.

Antidemocracia, fraude y represión

El escandaloso fraude electoral, respaldado por Estados Unidos, para imponer el gobierno títere y corrupto de Juan Orlando Hernández en Honduras en 2018, es la causa directa de las recientes y sucesivas olas migratorias. Se estima que el fraude y la represión derivada del mismo han generado el desplazamiento interno de cerca de 194 mil hondureños y que esta misma población es la que se está movilizando al exterior.

Violencia extrema

En el caso salvadoreño la violencia es la principal causa de migración; la tasa de criminalidad alcanzó niveles históricos en 2015 con 102 homicidios por cada 100 mil habitantes. Actualmente se ha reducido a 60 por cada 100 mil, pero sigue estando entre las más altas del mundo. Se estima que existen 70 mil pandilleros en el país. La Mara Salvatrucha (MS-13) y Barrio 18 (M-18) son los principales grupos.

Cambio climático

El istmo centroamericano, desde Chiapas hasta Panamá ha sufrido de un aumento de las temperaturas promedio, lo que ha ocasionado cambios radicales en los patrones de lluvias, calidad de suelos y afección por plagas. El estiaje es tan severo que lleva 5 años ininterrumpidos y, cuando llega a llover, es a destiempo para los cultivos. Además, ha aumentado la furia de los huracanes, causando inundaciones y deslices de lodo que dejan miles de muertos y a millones sin hogar. Al aumento de la inestabilidad climática, hay que agregar la constante actividad sísmica que padece Guatemala por su cadena volcánica. Todo lo anterior ha deteriorado la calidad de vida de los campesinos empujándolos a migrar.

 

La inversión del gobierno mexicano de 30 millones de dólares anuales, para generar empleos en Honduras y aminorar el flujo migratorio forzado por las condiciones de necesidad, es positiva, pero el problema va más allá, ya que, al expulsar de México a los migrantes, sobre todo los provenientes de Honduras, se da reconocimiento legal al estado en crisis que dirige el gobierno de facto de Juan Orlando Hernández (JOH), quien llegó al poder por la vía del fraude. AMLO se reunió con JOH el año pasado para pactar el financiamiento en momentos en que se recrudecía la represión interna de ese país, causa de la misma migración.

La gran mayoría de la gente migra forzada por condiciones que la rebasan. Los principales motores de la migración forzada –la pobreza, los fraudes, la represión, la violencia de pandillas, el cambio climático– emanan de un sistema de relaciones coloniales impuestas esencialmente por la acumulación de ganancias capitalistas, que el imperialismo busca expandir y perpetuar.

Por ello, nos oponemos a que el Estado mexicano haga con la Guardia Nacional la función de muro de Trump. Debemos exigir el tránsito libre de las y los centroamericanos por todo el país, incluso para llegar a la frontera con Estados Unidos y solicitar asilo allá. También sostenemos que debe otorgar refugio a quienes lo quieran tomar en México.

Hoy es momento de hermanarnos con las y los trabajadores migrantes para acabar con los motores de la migración forzada, debemos derrumbar la política del imperio de la ganancia capitalista que empobrece y saquea a millones para sustituirlo por la cooperación socialista entre seres humanos.

San Cristóbal las Casas, Chiapas, a 29 de enero de 2020.