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¡Nuestro planeta, nuestras vidas, la vida, valen más que sus beneficios!

Como era de esperar, el informe especial del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o Panel Intergubernamental del Cambio Climático – en ingles Intergovernmental Panel on Climate Change) sobre el calentamiento máximo de 1.5°C confirma que el impacto del cambio climático causado por los seres humanos es temible, y que ha sido infravalorado tanto en el plano social como en el ambiental.

El calentamiento de 1°C que ya sufrimos basta para producir importantes problemas; olas de calor sin precendentes, ciclones extremadamente violentos, inundaciones, deshielo sin precedentes de los glaciares y rotura de los casquetes glaciares. Estos fenómenos nos dan la medida de lo que nos espera si el cambio climático no se detiene inmediatamente. La catástrofe ya no es evitable, pero aún es posible e imprescindible limitarla al máximo.

El informe no deja lugar a dudas: el calentamiento de 2°C tendrá consecuencias mucho más graves que el de 1.5°C previsto en el Acuerdo de París (bajo la presión de los pequeños estados insulares, los países menos desarrollados, los científicos y el movimiento por el clima). De acuerdo a los estudios más recientes, el umbral de no retorno hacia un “planeta horno” podría superarse incluso a 2°C. Se deben poner todos los esfuerzos para que ese límite de 1.5°C sea respetado.

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El informe del IPCC estima que será muy difícil, prácticamente imposible, incluso aunque se recurra a las tecnologías de emisión negativa (TEN) y a la geo-ingeniería. Prevé, por tanto, un calentamiento mayor, seguido de un enfriamiento en la segunda mitad de siglo gracias a esas tecnologías.

Este escenario es muy peligroso. En efecto, la situación es tan grave que si se sobrepasa el calentamiento de 1.5°C podrían producirse vuelcos de gran amplitud, no lineales e irreversibles, como la ruptura de partes significativas de los casquetes glaciares de Groenlandia y la Antártida, provocando de esta forma una subida de varios metros en el nivel de los océanos. Estos vuelcos podrían desencadenar efectos en cascada, empujando así al sistema Tierra a un calentamiento que se alimenta a sí mismo. Más aún, las tecnologías de aprendiz de brujo son especulativas y sus efectos, desconocidos aún, podrían ser muy negativos.

“Cada tonelada de CO2 que no se emite, cuenta”, dicen los científicos. Cada tonelada cuenta, en efecto. Salvar el clima exige detener totalmente, y lo antes posible, el uso de combustibles fósiles. Entonces, ¿por qué los expertos no contabilizan las emisiones debidas a la producción y consumo de objetos inútiles o dañinos – como las armas –, a la obsolescencia programada o a los transportes absurdos que no sirven más que para maximizar los beneficios de las multinacionales?

Una medida de carácter inmediato para reducir las emisiones del transporte por avión o barco sería una tasa proporcionalmente creciente sobre los combustibles fósiles utilizados. Los ingresos recaudados por esta tasa deberían ser redistribuidos a los países del Sur global a través del Fondo Verde por el Clima.

En primer lugar, cualquier estrategia dirigida a evitar que se superen los 1.5°C de calentamiento exige eliminar prioritariamente la producción inútil o dañina, y abandonar la agroindustria en favor de una agroecología de proximidad (que puede fijar grandes cantidades de carbono mientras produce una alimentación sana para todas y todos). Pero esto significa romper con la ley del beneficio capitalista. Sin embargo, esta ley está inscrita en el centro mismo de los escenarios de evolución social que sirven de base para las proyecciones climáticas. El quinto informe lo pone negro sobre blanco: “los modelos climáticos suponen que los mercados funcionarán plenamente y tendrán un comportamiento de competencia competitiva”.

La fiabilidad técnica del IPCC es indiscutible cuando se trata de evaluar el fenómeno físico del cambio climático. Por el contrario, sus estrategias de estabilización están sesgadas por la sumisión de la investigación a los imperativos capitalistas del crecimiento y el beneficio. El escenario de una superación, aunque sea temporal, de la subida de 1.5°C, junto al mantenimiento de la energía nuclear y el desarrollo de las TEN y la geo-ingeniería, están dictados fundamentalmente por estos imperativos.

El informe del IPCC sobre la subida de 1.5°C servirá como base para las negociaciones de la COP 24. Esas negociaciones tienen como objetivo superar el desfase entre los 1.5°C y la subida de entre 2.7 y 3.7°C que se deriva de los compromisos actuales de los gobiernos. Pero los capitalistas y sus representantes políticos tienen el pie sobre el freno: para ellos, no hay posibilidad de dejar los combustibles fósiles bajo tierra; no hay posibilidad de romper con el neoliberalismo; no hay posibilidad de socializar el sector energético para planificar la transición más rápida posible hacia un sistema 100% renovable en un marco de justicia climática y social. Por el contrario, existe un gran riesgo de que la hipótesis de las TEN sirva como pretexto para debilitar aún más los objetivos de reducción de las emisiones.

“Cada tonelada de CO2 que no se emite, cuenta”. ¿Pero quién hace la cuenta, sobre la base de qué prioridades sociales, al servicio de qué necesidades, determinadas por quién, y cómo? Hace ya un cuarto de siglo que los capitalistas y sus gobiernos hicieron sus cuentas, en perjuicio de la verdadera democracia. El resultado es bien conocido: más desigualdad, más opresión y explotación, más destrucción medioambiental, más apropiación de recursos por parte de los ricos… y una amenaza climática mayor que nunca. Es momento de cambiar las reglas del juego.

Es necesaria y urgente una fuerte movilización mundial de los grupos ambientalistas, sindicales, campesinos, feministas e indígenas. No basta con indignarse y presionar a quienes toman las decisiones. Hace falta rebelarse, preparar la convergencia de las luchas, llenar las calles por millones y decenas de millones, bloquear las inversiones en fósiles, el acaparamiento de tierras y el militarismo, implicarse activamente en el apoyo a las campesinas y campesinos, sentar las bases de prácticas sociales que nos hagan salir del marco del capitalismo…

La cuestión climática es una cuestión social de máxima importancia. Las explotadas/os, las oprimidas/os, son los únicos capaces de aportar respuestas de acuerdo a sus intereses. Ecosocialismo o barbarie: tal es la elección que se abre de manera cada vez más evidente. Atrevámonos a salir del marco. ¡Nuestro planeta, nuestras vidas, la vida, valen más que sus beneficios!

Comisión de Ecología de la IV Internacional

8 de octubre de 2018

*Las tecnologías de emisión negativa tratan de retirar carbono de la atmósfera; las tecnologías de geo-ingeniería están diseñadas para evitar la entrada de calor en la atmósfera.