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Organizar la revolución en tiempos de AMLO y la 4T

Emilio Téllez Contreras, militante de la CSR

CSR, 2 de septiembre, 2020. En estos últimos 2 años nuestra organización, la CSR, se ha abierto al intercambio y el debate con cientos de compañeros que se encuentran en el ala izquierda de MORENA, muchos de los cuales han luchado sin descanso desde hace décadas en los movimientos sociales y la lucha política.

De hecho algunos de nuestros camaradas están activamente participando en los pocos organismos de base y de debate colectivo que hay en MORENA, combatiendo el avance de las posiciones de derecha dentro de ese referente en estos momentos en que está en ciernes la apropiación del partido por parte de los Ricardo Monreal,  Mario Delgado, Polensky, etc.

Gran parte de la lucha en MORENA está atravesada por las candidaturas que finalmente se van a definir rumbo a 2021 y en ella se están construyendo 2 proyectos diferentes para este partido, ambos actualmente poco claros, representados por 2 alas. El ala derecha: la de los realistas, pragmáticos y bien posicionados; el ala izquierda: la de los provenientes de la lucha social, los intelectuales y gran parte de la militancia registrada.

AMLO como mediador entre las clases en el panorama nacional, juga el mismo papel dentro del partido MORENA, cargando los dados sin embargo, hacia la derecha, al aprobar públicamente la encuesta abierta impuesta por el INE, por ejemplo.

Esta situación que enfada y desmoraliza a gran parte de la militancia de MORENA tiene también una tendencia negativa en el terreno ideológico, pues para intentar remontar y continuar la lucha al interior es patente que muchos militantes adoptan posiciones fatalistas y justificadoras.

“No hay condiciones”

En la CSR nos hemos trazado como horizonte fundamental ocupar nuestras fuerzas en reactivar la movilización social y aportar en la perspectiva de la radicalización desde abajo para ayudar a formar una coherencia política, coordinando esfuerzos y desarrollando a través de esta vía una alternativa anticapitalista.

Desde esta política asumimos que las condiciones para construir una conciencia socialista dentro de un creciente rechazo a la “ideología neoliberal” son mucho mejores que en años pasados, y las demandas transitorias para poner a la defensiva a sectores populares, a la clase obrera y a las mujeres son efectivas.

Aunque gran parte de la energía social se concentra hoy en la esperanza puramente electoral, la crisis política destapada por la transformación del régimen de partidos no acaba de asentarse y la crisis económica trae ya modificaciones sociales en las que el capitalismo trata de reactivarse con mayor expoliación, sin ceder derechos, lo cual visiblemente destapará fenómenos de movilización nuevos y la formación de nuevos actores.

En este contexto nos hemos encontrado con el argumento dentro de las filas de la izquierda de MORENA de que no “existen condiciones” para un avance o un proyecto rupturista por ahora, y menos aún para el desarrollo de propuestas de transición o socialistas.

Resaltan en este argumento 3 tipos de expresiones lamentables:

  1. “No es posible deshacernos del dominio estadounidense y de la subordinación económica hoy, sería un suicidio”.
  2. “No hay condiciones para radicalizar la lucha porque se les da pretextos a la derecha para ahondar su ofensiva”.
  3. “Es necesario mantener el pacto interno de MORENA con los empresarios y algunos sectores de la derecha para ser electoralmente viable”.

Desde mi punto de vista, estas afirmaciones derrotistas y francamente capituladoras a partir de una perspectiva emancipadora, son altamente peligrosas cuando se asuman como el marco y límite de la lucha hoy, sobre todo como argumentos venidos desde quienes dicen ubicarse a la izquierda.

Sus efectos ya los hemos visto con la creación de la Guardia Nacional y el recorrimiento de miles de activos militares a la frontera sur como parte de la humillante presión de Trump por el aumento de aranceles. Este hecho que debe ser parte aún de una profunda reflexión de los militantes de izquierda que contemplamos en unos pocos días el desarrollo de posiciones xenófobas contra los migrantes centroamericanos y el enaltecimiento de una de las instituciones más manchadas de sangre de luchadores sociales: el ejército.

Es decir, más allá de opiniones de militantes de MORENA, la repercusión social de ese discurso desde la izquierda es irresponsable y traiciona la perspectiva de formar una iniciativa antiimperialista para luchar contra la opresión del pueblo mexicano por parte del gobierno estadounidense.

La respuesta común en torno a esto por parte de militantes de MORENA expresa que hay que ceder en lo inmediato para salvar lo “estratégico”. Haciendo referencia a la alianza que ha hecho AMLO con los gobiernos de sur: entrevistándose con Maduro en el momento de mayores ataques imperialistas;  rescatando la vida de Evo Morales del golpe de Estado en Bolivia y oponiéndose al mismo; y acercando relaciones con el gobierno actual de Argentina. Todas posiciones contrarias a los intereses de EU.

El tema es que no debemos confundir la política exterior con las repercusiones de una política que repercute a nivel nacional y que si bien es con un país extranjero, su aceptación como una fatalidad nos pone de rodillas y nos vuelve incapaces de enfrentar el futuro, parafraseando a Trotsky. Es decir, no son posiciones intercambiables, sobre todo si las consecuencias son reaccionarias en términos sociales.

La derecha dentro de MORENA

Una enorme fuerza popular desorganizada sin dirigencia y sin iniciativa es la garantía que le da a los intereses cupulares de los empresarios-políticos la posibilidad de tomar el control y mando de las instituciones y el Estado, sin mayor estorbo que las representaciones escasas que se encuentran a la izquierda y que a la larga podrán ser desplazadas si continúa la misma dinámica.

Esto se vislumbra en MORENA, la inercia derechista sólo tiene como contrapeso real los desplantes recurrentes de AMLO, pero muchísimas otras veces obtiene su favor: los reveses de la ley de pensiones, la reorientación neoliberal de la nueva reforma educativa, el aval al INE, etc.

Los intereses de clase se ven más diluidos en el panorama político institucional. Sólo la aparición recurrente de Gómez Urrutia da a la clase trabajadora la idea de una representación en la esfera institucional. Sin embargo, el pacto con las dirigencias charriles y los empresarios termina con cualquier viso de autonomía de clase.

Es claro que mientras no se reactive la movilización social, el terreno por excelencia para avanzar en la conciencia de clase, la derecha continuará tomando espacios, y creciendo con la inercia del miedo que genera la inmovilidad a partir de la crisis que se profundiza.

¿La revolución?

Podemos entender la revolución como el acto violento de las masas que expresan su voluntad política a partir de la intervención en el escenario de la historia. Sectores amplios de la población en contextos como el latinoamericano han irrumpido por millones en las calles en los últimos 30 años, provocando procesos de rebelión que modifican las relaciones de las fuerzas políticas, sin modificar la estructura social.

Evidentemente vivimos aún tiempos no revolucionarios, pero enormemente convulsos. ¿Esto hace acaso que el horizonte socialista esté cerrado a partir de una estrategia revolucionaria? Claramente no, la derecha lo sabe y hoy se arma, construye organizaciones centralizadas con entrenamiento militar, utiliza de forma oportunista las ideas de Gramsci para construir discursos ultraconservadores y ultraliberales. La derecha sabe que la revolución es una posibilidad que crece, que la ruptura de un sistema que expresa de manera cancerígena sus expresiones más deshumanizadas no puede sostenerse por mucho tiempo con el consenso pacífico.

El terreno de la política institucional está dominado en toda la región nuevamente por el duelo entre progresistas y neoliberales, pero la ultraderecha se ha convertido en opción, es la novedad. Por su parte, las nuevas expresiones del progresismo simplemente recrean la estrategia “populista” en momentos más defensivos y en medio de una crisis mundial.

Para que la historia no se repita como farsa es importante delinear la construcción y la irrupción de una tercera fuerza que luche por el socialismo en consonancia con la lucha antiimperialista, feminista y ecologista.

Para esto debemos tomar en cuenta que aunque sobre MORENA está el fantasma de la experiencia del PRD, sobre la izquierda socialista pesa hoy la imposibilidad de haber remontado alguna alternativa en poco más de 20 años. Ser críticos y autocríticos sobre principios firmes del proyecto histórico es indispensable y construir alternativas de las y los trabajadores no es un proyecto de coyuntura.

El capitalismo se está autotransformando sin demasiada resistencia y MORENA será el actor político que le de consistencia en nuestro país, sería irreal e infantil asumir que este partido llevará a cabo cambios revolucionarios para librarnos del sistema. Lo que se juega a través de las disputas de este partido es la consciencia de millones de trabajadores, por eso abrir el debate sincero y continuo es necesario y urgente.