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Propuestas y análisis feministas en tiempos de pandemia | Feministas con Voz de Maíz

Conjuntamos las aportaciones de militantes de Feministas con Voz de Maíz y de la CSR en torno a ideas y los retos del movimiento de mujeres ante la pandemia en México. 3 escritos de 3 compañeras de distintas generaciones que construyen un proyecto político para combatir al patriarcado y unificar la lucha de las trabajadoras y la lucha anticapitalista con la potente oleda feminista a nivel nacional e internacional.

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Crisis climática, COVID y cuidados

Por Lesly Solís Mendoza, militante de Feministas con Voz de Maíz
y de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

El cambio climático global es un fenómeno derivado de la interacción de múltiples procesos que operan en escalas distintas tanto espaciales como temporales. Los impactos que deriven de este cambio afectarán el ámbito social, político, ecológico y/o climático, generando diferentes vulnerabilidades de los sistemas socioecológicos en el futuro, además de acentuar las ya existentes. Esta última frase es una de las más acentuadas en la jerga del cambio climático, en el ámbito de la crisis ecológica y el área tan polemizada del impacto ambiental. Durante años, cómo especialistas en temas de ecología o de cambio climático nos hemos enfrentado a la difícil labor de explicar los efectos desencadenados de las consecuencias futuras que tienen procesos tales como: la emisión de gases efecto invernadero a la atmósfera, la degradación de los ecosistemas o un aprovechamiento depredador de la Tierra (procesos de 20, 30 o hasta 100 años). Constantemente se ha mostrado evidencia científica cómo gráficas, proyecciones o evaluación de modelos en sistemas de modelado de agentes, pero no ha sido hasta recientemente que nuestras investigaciones tienen un marco empírico que no puede ser negado.

La humanidad vive en un mundo interconectado que ha transformado el 90% de todos los ecosistemas del mundo y se ha apropiado de todas las formas de vida en una lógica depredadora. Vivimos también un momento en el que globalmente se le ha declarado la guerra a la VIDA. Se les ha declarado la guerra a los territorios, a la naturaleza y a los cuerpos de las personas, particularmente al cuerpo de las mujeres y de la naturaleza viva no humana. Por tanto, la pandemia de COVID-19 es sólo el detonante de las catastróficas consecuencias de vivir en mundo dominado por un sistema hegemónico, un mundo que nos domina y oprime desde los económico, social, cultural y político. Un sistema que a la vez es biocida, patriarcal, colonial, capitalista y sobretodo un sistema ecocida.

Este sistema hegemónico nos ha llevado a la composición de un mundo que amenaza las bases de la vida.

Dos tipos de recursos que sustentan la vida:

1) Naturaleza. Somos seres compuestos de agua, aire, carbono, y por tanto seres que dependemos biológicamente de la naturaleza, de la provisión de estos recursos. También somos la única especie que se ha asumido fuera de la naturaleza, que ha pensado a la tecnología como un sustituto de naturaleza. Además hemos construido una relación con la naturaleza en un sistema hegemónico que en gran medida y a pesar de otras cosmovisiones, como las indígenas, se ha encargado de la sobreexplotación y ecocidio.

2) Sociedad y cuidados. Dependemos de los cuidados de otros seres vivos, de otros humanos, acentuadamente en nuestras etapas de niñez y de vejez. Cada ser humano, individualmente, no puede sobrevivir si no recibe una atención que garantice la reproducción cotidiana de la vida. Además de esto, es importante resaltar que el reparto de cuidados no ha sido equitativo entre todos los seres humanos. El cuidado en los primeros y últimos años de vida ha estado asignado a las mujeres, como consecuencia de procesos históricos que se basan en el confinamiento de las mujeres al hogar cuando le conviene al sector dominante de la sociedad y la naturalización de un sentido de deber y/o idealización del amor. Los efectos de las crisis recaen en las familias y particularmente en las mujeres.

Es así como poco a poco vemos que la lógica hegemónica capitalista patriarcal ha estado desgastando y destruyendo a estas bases de la vida. No obstante, en la investigación en ciencias ambientales estos efectos sólo los podemos describir en décadas, pues los procesos terrestres son largos, lentos y continuos. Mientras que los procesos biológicos son rápidos, constantes y contundentes, como la evolución en colonias de bacterias o de virus, que también son difíciles de explicar, pero al darse en tiempos más rápidos su efecto es más notable.

El COVID-19 es la manifestación de un virus, de un conjunto de ADN (moléculas bioquímicas) que se instala en las células del hospedero intentando buscar las mejores condiciones que permitan su reproducción y por tanto su permanencia en la Tierra. El COVID-19 es también la causa principal de que se hayan terminado con 105, 572 vidas a inicios del mes de abril en todo el mundo. Por supuesto también es el causante de que miles de personas estemos ahora en un confinamiento absurdo cuando nuestras madres, hermanas e incluso abuelas continúan saliendo todos los días a conseguir el alimento y los víveres que necesitamos para continuar vivas. Además, es el causante o el pretexto perfecto para evidenciar que:

  1. El aumento de la temperatura global modifica los niveles y la distribución estacional de partículas áreas naturales (por ejemplo, el polen) y pueden provocar el asma. Hay aproximadamente 300 millones de personas con asma y se teme que el alza en la temperatura eleve el número de personas con dicha enfermedad.
  2. El aumento de la variabilidad de las precipitaciones puede poner en riesgo el suministro de agua dulce. La escasez de agua afecta ya a un 40% de la población mundial. La falta de agua y su mala calidad pueden poner en peligro la salud y la higiene, con el consiguiente aumento del riesgo de enfermedades diarreicas (causa de la muerte de 2.2 millones de personas cada año), de tracoma (una infección ocular que puede producir ceguera) y otras enfermedades.
  3. La escasez obliga a las personas a transportar el agua desde lugares alejados y a almacenarla en sus casas. Esto puede aumentar el riesgo de contaminación del agua y de las consiguientes enfermedades, además de servir de criadero de mosquitos que son vectores de enfermedades debilitantes como el paludismo o el dengue.
  4. Las condiciones climáticas influyen en las enfermedades transmitidas por el agua y por vectores como los mosquitos. Las enfermedades sensibles al clima se encuentran entre las principales causas de muerte. La diarrea, el paludismo y la malnutrición proteinocalórica produjeron más 3 millones de muertes en 2004, de las cuales más de un tercio se registraron en África.
  5. La malnutrición es la causa de millones de muertes anuales, tanto por la falta de nutrientes suficientes para mantener la vida como por el aumento de la vulnerabilidad a enfermedades respiratorias y las infecciosas como el paludismo o la diarrea. Se prevé que el aumento de la temperatura del planeta y de la variabilidad de las precipitaciones reduzca las cosechas en muchas regiones tropicales en desarrollo donde la seguridad alimentaria ya es un problema. (ONU, 2019)

En suma, la devastación de los ecosistemas, el calentamiento de la atmósfera y el aprovechamiento irracional de los ecosistemas pone en alto riesgo nuestro derecho a la vida, a la salud, nuestro derecho a una alimentación digna o a la provisión de agua potable. La crisis del COVID-19, cómo cualquier crisis es el momento de intensificación y alumbramiento de otros procesos que nos dañan, que nos vulneran y ponen en riesgo la Vida. La crisis del COVID-19 es la más grande amenaza de las últimas décadas, pero la crisis ambiental y ecológica es la más grande amenaza de los últimos siglos.

Los humanos somos seres sociodependientes y ecodependientes, por tanto, somos vulnerables ante las crisis ecológicas y climáticas. Somos también seres que dependemos de los delicados intervalos de las condiciones terrestres, de las condiciones ecológicas, climáticas y biológicas. Pero todo esto no tendría sentido sin todos los cuidados que nos permiten sobrevivir al inicio y al final de nuestras vidas.

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La resistencia del sistema de salud público mexicano frente a la pandemia COVID-19

Por la Mtra. Tania Valadez George, militante de Feministas con Voz de Maíz
y de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

Los tiempos que vivimos ahora son tiempos de extremada confusión, angustia, incertidumbre y ansiedad porque la pandemia nos está golpeando a todos los sectores sociales; sobre todo somos las mujeres las que tenemos más desgaste sobre estos aspectos por la carga que representa tener que cuidar a otros;  sin embargo el COVID 19 no es el causante  de la gran crisis económica, política, patriarcal  y social, simplemente la ha evidenciado exponencialmente.

En el mundo todos los días mueren miles de personas por otro tipo de enfermedades (Cánceres, Enfermedades  asociadas a Diabetes Mellitus e Hipertensión Arterial, Infarto Agudo al Miocardio, Accidentes, Violencia, Feminicidios (en México nos matan a 9 mujeres por día), por abortos clandestinos, por partos mal atendidos, pero también mueren personas  y muchas de ellas son mujeres, por sus condiciones económicas, porque no tienen acceso a la alimentación, un trabajo digno, ni servicios básicos (agua, luz, vivienda, ni acceso a servicios de salud etc.). En contextos de violencia política son asesinadas y perseguidas defensoras de derechos humanos, líderes comunitarias, ambientalistas, madres que buscan a sus hijas desaparecidas. Por intereses geopolíticos bajo la lógica de apropiación de recursos, países enteros son convertidos en zona de guerra provocando que miles de mujeres junto a sus familias sean expulsadas de sus hogares y al buscar refugio en otros países pierdan la vida. La destrucción ambiental y efectos del calentamiento global causantes de fenómenos como huracanes, sequías, inundaciones, también provocan la muerte de mujeres y hombres. Todos estos fenómenos golpean con mayor fuerza a las clases populares. Ahora, la gran diferencia con el Coronavirus (COVID-19) y que ha generado el pánico de las clases privilegiadas es que este virus no  respeta clase social; pero claro, los sectores populares somos de nueva cuenta los más afectados, pues tendremos menos herramientas sociales y económicas para enfrentar la enfermedad.

Frente a la pandemia, en México los sectores de la burguesía y sus aliados son quienes más se quejan del sector público de salud y sus pocas condiciones para enfrentar la enfermedad. Habría que recordarles que el sistema nacional de salud fue producto de la revolución mexicana y que se consolidó durante el gobierno cardenista cuando éste priorizó el desarrollo industrial. Para asegurar una clase trabajadora estable que facilitara la industrialización del país, el Estado invirtió en la salud para mantener y recuperar la fuerza de trabajo para la industria. El Sistema Nacional de Salud mexicano surgió bajo una lógica diferenciada y fragmentada para atender a los diversos sectores productivos, por ejemplo para los trabajadores del Estado se creó el ISSSTE, para los trabajadores del sector empresarial, el IMSS, los trabajadores de SEDENA, PEMEX y SEMAR  desde ese tiempo han tenido sus propios institutos de salud; para las personas que no contaban con un trabajo formal se creó Salubridad conocida hoy como Secretaría de Salud.

En las siguientes décadas, a pesar de las condiciones políticas, económicas y sociales, el Estado continúo invirtiendo en obras públicas en el sector salud y bienestar social a tal punto que  llegó a ser “un modelo para América Latina, pues cubría al trabajador  y a su familia y brindaba una atención en la que se empleaba la tecnología médica de punta, incluso superior al entonces sector privado” (Tamez, Eibenschutz, Camacho, & Hernández, 2012: 2). Cabe señalar que la construcción de un sistema de salud fuerte, encabezado principalmente por el IMSS fue producto de las aportaciones, trabajo, lucha y demandas del pueblo mexicano y no debe ser visto como un esfuerzo aislado e individual de algunos gobernantes.

A principios de la década de los ochenta, el panorama económico, político y social se agravó. Los efectos de la coyuntura internacional que se expresó en la reorganización del capital a escala mundial -la llamada globalización-, la caída de los precios internacionales del petróleo y el aumento del costo del crédito externo, provocaron que en México se profundizaran las contradicciones del llamado desarrollo estabilizador por sustitución de importaciones, que ya mostraba signos de agotamiento desde la década anterior y acabó bruscamente con el espejismo de la abundancia petrolera. Para enfrentar la crisis, el Estado mexicano adoptó políticas de ajuste macroeconómico dictadas por el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) como proyecto “modernizador”. Estás recetas económicas mejor conocidas como políticas neoliberales tendían al adelgazamiento del Estado, procuraban el proceso de privatización de industrias paraestatales y subordinaban la política social a las políticas económicas (López et al., 2011: 105). En otras palabras, entrañaban una nueva fase de desarrollo capitalista. Así, la administración de Miguel de la Madrid (1982-1988) preparó las condiciones del pleno despliegue de la economía de mercado. El Estado mexicano transitó de un modelo intervencionista, corporativo y proteccionista a un Estado que reduce drásticamente su intervención en la economía, limita su protección al mercado interno y redimensiona el papel de la política social.

A partir de las recetas neoliberales impuestas en México comenzó un proceso de desmantelamiento del Sistema Nacional de Salud (SNS), esto a partir de la reducción sistemática de presupuesto, el deterioro de la calidad de los servicios y la reducción de los salarios reales de las y los trabajadores de la salud, con el fin de beneficiar al sector privado en la ganancia de la prestación de los servicios de salud, poniendo como centro la ganancia y no la vida de los sujetos de atención médica. Los más afectados son los sectores de las y los trabajadores informales (outsourcing, comerciantes, trabajadoras del hogar, etc.) y desempleados, pues programas como el Seguro Popular redujeron el número de intervenciones a las cuáles podían tener acceso estos sectores a través de un catálogo que incluía solo 288 intervenciones cuando la llamada salubridad estaba obligada a atenderlos de cualquier padecimiento que presentaran; por tal razón  se han visto forzadas y forzados a acudir a los servicios privados. Cabe destacar que durante el periodo neoliberal el trabajo informal, sin derecho a prestaciones, seguridad social y estabilidad laboral ha crecido y alcanzado a millones de personas, convirtiéndose en la norma social, puesto que miles de jóvenes entran al mercado laboral en estas condiciones.

Los  sectores más desprotegidos  no pueden pagar los servicios de hospitales privados de alta especialidad, la iniciativa privada ha sabido aprovechar esta situación y ha hecho proliferar las farmacias-consultorio (Farmacia del Ahorro, Similares, etc.) donde no solo se da un mal servicio por que las médicas y médicos que trabajan ahí son obligados a vender fármacos, sino también estos son explotados, pues no tienen estabilidad laboral.

Además habría que señalar que en este periodo no se están formando en universidades públicas la cantidad de médicas y médicos que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda (alrededor de 23 médicos, enfermeras y parteras por cada 10,000 habitantes para brindar servicios esenciales de salud a la población); en cambio han surgido en todo el país escuelas privadas para la formación de personal de salud, limitando así el acceso de sectores populares a estas carreras.

En 1983 inicia la reforma sanitaria, caracterizada por las adiciones y modificaciones al artículo 4º de la Constitución en 1984, que elevaron el derecho a la protección de la salud a rango constitucional; por la promulgación de la Ley General de Salud que creó el Sistema Nacional de Salud (SNS) (Eibenschutz y Raphael, 1991: 93). De forma contradictoria, los últimos gobiernos priistas y panistas dieron cancha abierta a la participación del sector privado en la atención de la salud pues estos entendían a la salud como una mercancía y no como un derecho. Las políticas neoliberales dieron golpes certeros que han causado que el SNS tenga mínimas condiciones para atender a la actual pandemia.

En México, los especialistas encargados de enfrentar la pandemia de COVID-19 han tomado diversas acciones que, hasta el día de hoy, han tenido resultados positivos en reducir la velocidad de propagación y tasa de mortalidad, a pesar del desmantelamiento y privatización de los servicios públicos de salud, que se expresa en un gran déficit de hospitales, equipos, laboratorios y personal médico. Pero hay que reconocer que los efectos positivos son resultado de la participación de trabajadoras de la salud e investigadoras críticas con un alto compromiso social y humanístico, formadas en universidades públicas, que participan en la toma de decisiones y planeación para controlar la epidemia.

Las acciones epidemiológicas que han puesto en marcha las y los especialistas han tenido una base sólida científica, cuyo principal eje ha sido la promoción y prevención de la salud para evitar contagios y muertes, a través del cuidado de la higiene con prácticas tan cotidianas, pero esenciales, como el “lavado de manos”. La promoción y la prevención en salud han sido impulsadas, desde mucho antes del brote de la actual epidemia, por la medicina social, la medicina comunitaria y la atención primaria en salud como parte importante de una alternativa a la medicina altamente medicalizada que privilegia costosos tratamientos y que niega la determinación social en salud. Ahora dan frutos gracias al impulso de los investigadores críticos al modelo médico hegemónico que participan en el sector público.

La propuesta de contención de la enfermedad en etapas tempranas fue parte fundamental de la estrategia para aplanar la curva de propagación del virus COVID-19. Asimismo la declaración de emergencia sanitaria y las medidas de mitigación comunitaria fueron estrategias que tomaron en consideración la realidad económica de varios sectores por lo cual alargaron lo más posible la petición del aislamiento físico, hasta un límite necesario para no acrecentar el riesgo y poner en peligro la vida de la población. La vigilancia epidemiológica  centinela como lo ha explicado el Dr. Gatell es un modelo que permite tener conocimiento de cómo se comporta la epidemia y cómo se toman decisiones de control y prevención para asumir la realidad como es y tomar decisiones. Es bajo este modelo que diariamente se presenta un panorama general de prevalencia, incidencia y mortalidad  del COVID-19 en territorio mexicano.

Asimismo, la campaña de comunicación desarrollada para combatir la enfermedad ha sido efectiva. Las conferencias vespertinas que diariamente son encabezadas por el subsecretario de epidemiología buscan dar certeza y confianza a la población de la situación que se vive en México frente al virus y las medidas que se están tomando. En México nunca antes, bajo ninguna circunstancia se habían dado conferencias diarias, con una estrategia mediática, sobre una situación de salud, desastre natural u otras desgracias. Son los profesionales críticos de la salud quienes han puesto el ejemplo. La campaña “Susana Distancia” y el #QuédateEnCasa han sido efectivas y populares, permeando en diversos sectores sociales. Estas iniciativas se destacan por el uso de un lenguaje sencillo y accesible a pesar de los términos especializados y técnicos alrededor del COVID-19. Lo que se observa es el compromiso ético y social de muchas y muchos profesionales de la salud.

La perspectiva de género ha sido parte de la estrategia integral de salud. Frente a las declaraciones poco afortunadas del presidente quien enarboló en público el papel de la “familia tradicional” y destacó el “papel natural” de las mujeres como cuidadoras de adultos mayores, es en las conferencias vespertinas que se destaca la inclusión de investigadoras como protagonistas en la toma de decisiones. En ese espacio también se invitó a las encargadas de coordinar políticas públicas en favor de las mujeres para hablar sobre la carga que implica para las mujeres el trabajo de cuidados y que no es solo tarea de ellas, así como para reconocer  que durante la cuarentena ha aumentado la violencia hacia las mujeres dentro de los hogares y explicar que acciones se tienen contempladas para atender esta situación que también es un problema de salud pública. Es la visión interdisciplinaria, interinstitucional e integral de la salud que ha permitido en cadena nacional se vincule el tema salud con múltiples esferas.

Sin embargo, cabe señalar que el trabajo de las profesionales de la salud  se ha enfrentado a dos obstáculos, en primer lugar, las inoportunas declaraciones del presidente Andrés Manuel López Obrador que parecían ir en sentido contrario a las propuestas de salubridad. Por otro lado, la derecha y los medios de comunicación que buscan cualquier oportunidad para golpear al gobierno en turno y desacreditar las acciones que se están tomando en materia sanitaria. La oposición de derecha ha adoptado una postura oportunista y carroñera frente a la situación, intentando montarse en las demandas del sector salud frente a un sistema que ellos fueron los encargados de desmantelar; además, utilizan estrategias carentes de ética y que ponen en riesgo a la sociedad como la difusión de campañas de desinformación (fake news). Asimismo es la derecha quién frente a las recomendaciones del sector salud no han dejado de defender los intereses empresariales y de condonación de deudas para este sector. Dejando ver que poco  les interesan las vidas de las mayorías, ellos defienden los intereses de un puñado de individuos que han perdido el poder político en México.

Son un grupo de profesionales de la salud quiénes han salido a dar la cara en esta pandemia, a enfrentar los rapaces ataques de la derecha. Ellas y ellos, todos venidos de escuelas públicas, han dado ejemplo de que lo que se necesita en México es mayor información, decir la verdad;  explicar claramente, de forma sencilla y práctica,  qué es lo que sucede, cuáles serían las consecuencias de no seguir las indicaciones sanitarias. Hoy se está poniendo por delante el conocimiento, ese conocimiento al que todas y todos tenemos derecho a tener acceso, que sirve para mejorar las condiciones de vida, ese conocimiento que se genera gracias a la inversión pública, a los impuestos de la clase trabajadora; por tanto, ese conocimiento nos pertenece a todas y todos.

También se tiene que poner en alto que la primera línea de batalla para enfrentar esta crisis sanitaria son las trabajadoras de la salud, que a pesar de la falta de insumos, infraestructura y condiciones laborales adecuadas se encuentran en sus centros de trabajo atendiendo con compromiso, ética y responsabilidad a los enfermos de Coronavirus sin dejar de atender sus labores cotidianas. Es un uno de los sectores que no puede aislarse físicamente en cuarentena. La situación por la que atravesamos evidencia la importancia social de las y los trabajadores de la salud en la sociedad, no son héroes ni militares, son trabajadores y debemos denunciar las condiciones de trabajo existentes para ellas. Necesitamos personal preparado, con perspectiva de género, bien remunerado y con el equipo necesario para atender nuestras vidas. No podemos aceptar que laboren bajo contratos temporales, sin prestaciones, sin estabilidad laboral, sin equipo e insumos necesarios, pues son nuestras vidas las que están en sus manos. Mientras estas condiciones no sean garantizadas para ellas, nuestro derecho a la salud tampoco.

Asimismo, la pandemia nos muestra que es fundamental para garantizar el derecho a la salud de todas y todos colocar en el centro la vida por sobre las ganancias. Colocar la vida en el centro desde una mirada integral pasa por exigir que toda la sociedad tengamos acceso a servicios básicos como agua (¿Cómo podemos prevenir el coronavirus o cualquier otra enfermedad infecciosa si no tenemos con qué lavarnos las manos?), luz, vivienda y alimentación adecuada (¿Cómo podemos aislarnos físicamente si no tenemos un hogar digno o no podemos alimentar a nuestras familias? ¿Cómo almacenar comida y/o medicamentos sin electricidad?). Si no resolvemos socialmente las condiciones humanas para la existencia de todas y todos, si no redistribuimos la riqueza social,  seguiremos padeciendo no sólo pandemias sino múltiples tragedias humanas que podemos resolver con prevención.

Es en las condiciones actuales que la izquierda feminista revolucionaria debe empujar las demandas históricas de los sectores populares y de trabajadoras, a la vez de oponerse a la derecha oportunista que busca montarse en el discurso crítico y legítimo  de quiénes por décadas hemos denunciado a la burguesía y sus intereses privatizadores. No es momento de una política de esperar, con complacencia y  pasividad, a que el gobierno en turno se decida a cambiar las condiciones actuales de pobreza, violencia, devastación ambiental y de destrucción del tejido social. Hoy es evidente que las feministas y la izquierda socialista tenemos propuestas tangibles, es ahora cuando más presión debemos ejercer para que se vuelvan una realidad. Hoy más que nunca debemos jalar a la izquierda con más fuerza.

No renunciaremos a la idea de un sistema de salud universal, equitativo, integral, intercultural, con perspectiva de género y que ponga en el centro la vida de mujeres y hombres. Queremos una sociedad nueva y lucharemos para construirla.

Bibliografía

Eibenschutz, C., & Raphael, T. (1991). Institucionalización de la política sanitaria. El caso de México. Cuadernos Médico Sociales55, 79–97.

López, O., Rivera, J., & Blanco, J. (2011). Determinantes sociales y salud-enfermedad en México. Cambios, rupturas y perspectivas. In M. Chapela & M. Contreras (Eds.), Salud en México (pp. 93–124). México: UAM.

Tamez, S., Eibenschutz, C., Camacho, I., & Hernández, E. (2012). “ Neoliberalismo y política sanitaria en México .” UAM Xochimilco.

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Propuestas feministas iniciales para enfrentar la pandemia

Por Heather Dashner, militante de Feministas con Voz de Maíz
y de la Coordinadora Socialista Revolucionaria

En mi barrio de la Ciudad de México, todas las tardes a las 8 p.m., vecinos de lo que parece ser un solo departamento se ponen regularmente a pegar cacerolas. Aunque he investigado con las personas conocidas si hay algún acuerdo en la colonia al respecto y si saben qué está simbolizando (apoyo al personal de salud como los aplausos desde los balcones en Europa o protesta contra el gobierno, como vi con los cacerolazos de Chile en la época de Allende), nadie me ha podido informar. El chat de WhatsApp del barrio no lo ha notado y no logro averiguar en qué departamento están para preguntarles.

Así estamos muchos, incluyendo los activistas políticos más férreos/as. Desde hace tres semanas, estamos cada vez más mexicanas y mexicanos encerrados/as en nuestras casas. Después de un 8 de marzo absolutamente sorprendente para el país entero, de repente, la gran mayoría de la actividad política se ha visto reducido a estar viendo nuestros celulares, informarnos sobre la pandemia, y tratar de distinguir las noticias y las recomendaciones falsas de las verdaderas. A esto, agregamos, de acuerdo a nuestra personalidad cada quién, chistes, bromas, música, memes, videítos y toda manera de comunicaciones cortas – y algunas no tan cortas.

Feministas con Voz de Maíz, ha intentado tomar un pasito adelante para superar el aislamiento político que el encierro significa, la atomización e individualización tan opuestas a la acción colectiva a la que aspiramos —por ser efectiva—, para tratar de llegar a una comprensión y propuestas comunes.

El pasado 4 de abril, Feministas con Voz de Maíz realizamos un foro, “En tiempos de pandemia, ¿qué necesitamos y proponemos las mujeres?”, realizado en la plataforma Zoom. Hicimos tres presentaciones: una sobre la lucha ecologista y el feminismo, por Lesly Solís; la segunda sobre la pandemia, el sistema de salud en México, la política del gobierno al respecto y sus efectos en las mujeres, por Tania Valadez, y la mía, con propuestas iniciales para enfrentar la crisis de la pandemia desde una perspectiva de las mujeres.

Estamos convencidas de que las feministas tenemos no sólo la necesidad de plantear por el bienestar de las mujeres los análisis y las propuestas con respecto a las mismas, sino que la resolución de la crisis de la pandemia tiene que ayudar a que cambie este sistema del que somos parte, que nos ha traído aquí. Esta pandemia muestra claramente que el sistema capitalista ha llegado a un punto de sacrificar la vida no sólo de las mujeres, sino de todos, en un afán de buscar la ganancia para unos cuantos. Obviamente, las respuestas para resolver las necesidades de las mujeres, también son necesarios para el conjunto de la sociedad, hombres y mujeres.

Pero, como este artículo es la tercera parte de la presentación de las tres, no entraré más en un análisis de la sociedad, sino procederé a la presentación de las propuestas.

Introducción

Primero, hay que decir que no tenemos todas las respuestas. Esas tendrán que salir de la socialización del debate en nuestras colectivas y comunidades. Esperamos que estas propuestas puedan ayudar a cambiar la dinámica aislada del encierro, incluso en las redes ya existentes de feministas en el país. No es que nadie está haciendo nada. No. Pero no lo estamos haciendo JUNTAS. No estamos pensando en campañas conjuntas, ni en acciones que van más allá del grupo de una, o del análisis de otras, o de compartir alertas de desaparecidas —que, pese a la contingencia, por supuesto que siguen. Por lo tanto, tienen menos fuerza los esfuerzos y actividades que realizamos. Pensemos simplemente en el 8 de marzo y los esfuerzos organizativos que realizamos para preparar la marcha, y la respuesta inédita que hubo: realmente esos esfuerzos tocaron cuerdas sensibles en sectores que nunca antes habían salido todos juntos. Y el ímpetu de esa respuesta sigue latente, a pesar del “bicho”. Aprovechémoslo, juntas.

Tampoco aspiramos en este espacio desarrollar un programa/pliego petitorio de los socialistas, aunque seamos feministas socialistas, ni proponemos suplir lo que hace el gobierno.

Entonces, ¿cuál es el objetivo aquí? Idear una propuesta que une a los miles de mujeres que salimos a las calles el 8 de marzo, sin deponer las otras demandas del movimiento feminista.

Para ello, el marco general de estas propuestas es que pensamos que hay que priorizar la reproducción social en la sociedad para sostener la vida, no la producción de cosas para el lucro. Y aquí abordaré los diversos rubros de lo que consideramos lo más urgente.

 

La violencia

Ya para el 2 abril, Salvador Guerrero, el presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia de la CDMX, señaló el 25% de aumento de febrero a marzo en CDMX en el número de llamadas pidiendo auxilio:

  • el 66% por violencia física
  • 25% por violencia psico-emocional
  • 5% por violencia sexual
  • 5% por violencia patrimonial

Esto seguirá aumentando con el encierro y la cuarentena.

El gobierno sugiere para casos de violencia doméstica, llamar al 911. Dedicó una sesión completa de sus informes diarios a los problemas de mujeres en la contingencia el 26 de marzo; esto se debe a que seguramente hay feministas en el gobierno, pero también, y fundamentalmente, a la presión ejercida el 8 de marzo. Pero hay que ver que NINGÚN periodista preguntó absolutamente nada al respecto, sino que se siguieron sobre el número de muertos, las pruebas, etc. Ésta es una señal de la falta de interés real que existe en esta parte importante de la sociedad, y que seguramente existe en muchos otros.

Ni modo: tendremos que seguir, y seguir, y seguir dándole sobre la opresión de las mujeres y cómo ésta ayuda a oprimir a toda la humanidad. Y tenemos que reconocer que las pandemias tienden a exacerbar las desigualdades existentes, no aminorarlas. Por lo mismo, tenemos que reconocer que es el momento de plantear exigencias específicas ante el gobierno actual.

Con respecto a la violencia, debemos exigir:

  • Asegurar la capacitación en perspectiva de género para operadores de 911 y ampliar su número para poder atender todas las llamadas que entrarán
  • Asegurar la red de refugios tenga su presupuesto (hace apenas una semana no se había liberado: para el 29 de abril, la Wendy Figueroa, la directora de la Red Nacional de refugios, señaló que todavía no se entregaba ese presupuesto, porque la Secretaría Hacienda no le había depositado a Indesol los fondos respectivos.
  • Crear más refugios, no menos. Ya de por sí eran insuficientes los existentes. Ahora es el momento de crear más, cuando en la emergencia, su ausencia puede costar aún más vidas.
  • Solución inmediata de los conflictos por violencia en las universidades, particularmente donde hay tomas de planteles y/o facultades, con diálogos reales
    • Filosofía y Políticas en CU
    • Escuela de Derecho Ponciano Arriaga, tomada desde 17 feb por condiciones dignas de estudio, y otros…)
  • Dotar a la nueva Fiscalía para la Investigación del Delito de Feminicidio del personal y las condiciones materiales que requiere Sayuri Herrera para realizar su tarea de procesar los casos de feminicidio rezagados y nuevos
    • por lo menos doblar el personal; hoy son 10 agentes de Ministerio Público y 9 policías para una ciudad de casi 9 millones de habitantes
    • abrir agencias en Tlalpan, Xochimilco, Iztapalapa y Gustavo A. Madero; hoy sólo existe una, en Azcapotzalco, para toda la ciudad.
  • Crear fiscalías especiales en el resto del país. El feminicidio no es privativo de la Ciudad de México. Es un problema en todo el país y se requieren acciones específicas para exigir justicia ante la oleada de feminicidios que hemos padecido y que han ido en aumento en los últimos años.
  • Más financiamiento y capacitación en perspectiva de género la Línea de la vida (800 911 20 00) para apoyo psico-emocional y otros servicios de salud mental en el sistema de salud (lo público, privado y social, tipo Hospital de PEMEX)
  • Asegurar que atención clínica para mujeres violadas siga, sin detrimento a los servicios para COVID19
  • Que ningún gasto adicional de lo arriba mencionado reste financiamiento a otros programas de salud o educación para nadie, pero especialmente para las mujeres
    • Los programas de salud materna, por ejemplo, o guarderías, después de la contingencia no deben ver sus presupuestos menguados. Esto es lo que ha pasado en otras epidemias como la de ébola en África de 2013 a 2016, en la que la salud materna fue desfinanciada y murieron más mujeres por partos mal atendidos que por la epidemia.

En la sociedad

  • En las organizaciones sociales territoriales y sindicales, se pueden realizar campañas, aunque sean virtuales, con vecinos y compañeras/os sobre la violencia.
  • En las ciudades y en el campo donde se pueda, se pueden crear grupos barriales o por área de WhatsApp, de alerta a casos de violencia que requieran la intervención urgente del vecindario.

En el sector salud y servicios públicos en general

  • Asegurar Centros de Entretenimiento para los niños que acompañan a mujeres a su consulta, no sólo en la Sría de la Salud sino en IMSS e ISSSTE. Karla Berdichevsky, la directora del Centro Nacional de Equidad de Género y Derechos Reproductivos de la Sría. de Salud mencionó en la conferencia de prensa del 26 de marzo que son sólo 69 centros de este tipo a nivel nacional. El gobierno se ha comprometido a mantenerlos, pero evidentemente, más centros de servicios de salud requieren este servicio.
  • Asegurar dotación de suficientes métodos anticonceptivos también en IMSS e ISSSTE, no sólo en las dependencias de la Secretaría de Salud.
  • Incrementar servicios de prevención de violencia de género como la Campaña de Igualdad a Través de Compartir el trabajo en Casa, de INMUJERES (Berdichevsky no mencionó cuáles servicios son los que realiza el gobierno).
  • Fomentar la capacitación sobre la masculinidad tóxica y la exploración de una masculinidad diferente, no sólo para los que han cometido actos violentos contra mujeres, sino para toda la población masculina que desee participar.
  • Creación de asilos para ancianos con cuidados profesionales de alta calidad, ya que, en su mayoría, las mujeres son las que cuidan a los mismos en sus hogares y no siempre en condiciones decentes ni para ellas ni para las/los ancianos.
  • Ahí donde se puede, y dependiendo de qué tanto dure la emergencia, organizar la elaboración y entrega a domicilio de comida por barrio.

En materia de empleo

El gobierno dice que no hay por qué despedir a nadie, pero la realidad es

  • Las grandes corporaciones lo están haciendo (Grupo Alsea: VIPS, Starbucks, Domino’s, por ejemplo) suspenden a trabajadores sin goce de sueldo;
    • Mínimamente, el cumplimiento del decreto de 24 de marzo de 100% de salario para mujeres embarazadas y en lactancia, personas mayores de 60 años; y un salario mínimo por 30 días a los demás.
    • No a los despidos masivos gubernamentales. El gobierno dice que no despide, pero a los miles de trabajadores que ha contratado durante décadas por honorarios, los despiden y no cuentan como despidos en las estadísticas. Las grandes compañías deben usar sus ganancias para pagar a los empleados, aunque no vayan a trabajar por la emergencia sanitaria.
  • Las pequeñas y medianas compañías, que proveen empleo a la mayoría de los trabajadores formales (90-95%) en el país, son las que menos podrán costear el pago a sus empleados durante la contingencia sin quebrar.
    • El ofrecimiento gubernamental inicial de préstamos de $10,000 sólo pagarían un mes de salario mínimo de tres empleados —si es que pudieran vivir con el salario mínimo— y claramente, el encierro va a durar más. Las mujeres trabajadoras están especialmente concentradas en este tipo de pequeñas empresas. El nuevo plan anunciado el 5 de abril, un día después de nuestro foro, de otorgar $25,000 a pequeñas y medianas empresas en préstamos con un interés de 6%, mientras es ligeramente mejor, sigue poniendo sobre estas pequeñas empresas la responsabilidad de la pérdida de clientela e ingresos, sin realmente cubrir las necesidades de sus trabajadores. En realidad, se requiere un programa tipo FOBAPROA para este sector, no préstamos.
  • Dotación inmediata de los materiales necesarios para los trabajadores de la salud (donde en el mundo, el 70% son mujeres) para que puedan realizar su trabajo con seguridad. Para el 26 de marzo, el mismo director de Prestaciones Médicas del IMSS decía que había habido 23 manifestaciones en 12 edos por falta de equipo y capacitación. Y estas manifestaciones continúan, aún en la capital. ¿Qué serán las condiciones en el resto del país, y particularmente las zonas rurales?
  • Solución inmediata a los conflictos laborales existentes satisfaciendo las demandas de los trabajadores (Notimex, UACM, Sind de Trab de Chapingo STAUACh, el Sindicato de Trabajadores del PRD, y otros) sin despedirlos
  • Reforzar la protección a las trabajadoras del hogar

Además hay otros aspectos que se tendrían que cubrir:

  • Información inmediata en todos los idiomas del país acerca de las diversas campañas de salud relacionadas con COVID19.
  • Protección a migrantes (Irlanda y Portugal ya eliminaron la categoría de indocumentado en su ley y extendieron todas las visas)
  • Tratar el cambio climático con la misma urgencia que esta contingencia. La respuesta de los gobiernos en el mundo entero ha probado que se pueden tomar medidas radicales frente a una emergencia. El cambio climático es una emergencia de este tipo y tomar medidas a la altura es la única manera en la que la humanidad puede sobrevivir este siglo.

Como movimiento

Como decía al inicio del artículo, necesitamos recuperar el ímpetu del 8 de marzo. En todo el país se realizaron acciones con respuestas sorprendentes. Ese potencial sigue existiendo. Para ello, requerimos retomar los debates acerca de qué hacer JUNTAS en los chats unitarios ya existentes. No vamos a dejar de acompañarnos en la soledad, ni de compartir las acciones de cada colectiva y las alertas de desapariciones, ni siquiera de pasarnos chistes y recomendaciones de salud para cuidarnos. Pero sí podemos también discutir lo que podemos hacer desde el encierro para ejercer nuestro poder.

También podemos crear una Red Nacional Feminista sobre la base de los grupos y las actividades que se establecieron antes de y durante la jornada del 8 y 9 de marzo. Para ello, se puede establecer un repositorio central (o por estados primero) de información sobre el avance de las demandas arriba mencionadas, las otras que planteemos, y las violaciones a derechos. Dicho repositorio podría ser facilitada a todas a nivel nacional.

Necesitamos escoger alguna(s) demanda(s) para realizar acciones coordinadas, planeadas con anticipación. Estas pueden ser Tweets colectivas, cacerolazos en protesta de un punto específico, o una celebración importante. Pero que se sepa de qué se trata, quién lo organiza y qué exigimos. Esto lo podríamos organizar con por lo menos una semana de anticipación, o por lo menos realizar una acción el Primero de mayo, por ejemplo.

Las feministas queremos otra sociedad. El capitalismo patriarcal destruye vidas (más hombres que mujeres están muriendo por COVID en México. ¿Son más débiles? No. Hay diversas teorías, pero entre ellas está el elemento de que ellos no se cuidan porque no es de “hombres”). Las vidas de todas y todos serían mejores en otra sociedad. Por el momento, podemos luchar por esa sociedad, juntas, si volvemos a pensar como movimiento y no como individuas nada más.

Creo que el enfoque del distanciamiento no debe ser el aislamiento social. Debemos buscar ahorita aislamiento físico y solidaridad social.

Queremos una lógica distinta: cambiar las relaciones humanas haciendo la vida la prioridad.

 

¡Si la producción no es para la vida, no tiene por qué existir!

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