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Sobre la liberación gay-lésbica: Nuestra posición (Parte 3 de 5)

A partir de la radicalización de finales de los sesenta, los activistas han planteado la necesidad de ir más allá de las luchas por los derechos lésbico/gays y exigir la liberación plena, lo cual implica la abolición de la familia capitalista como institución y el cuestionamiento de la norma heterosexual impuesta por el estado capitalista. Aunque esta propuesta ha perdido terreno, la Cuarta Internacional plantea que la igualdad y la libertad plenas para las personas LGBT implican la asunción por la sociedad en su conjunto de las funciones de la familia, cosa que sólo podrá realizarse tras el derrocamiento del capitalismo. Al apoyar las luchas por los derechos lésbico/gays tratamos de construir puentes entre las demandas actuales y el objetivo último de la plena liberación lésbico/gay, comprendido como algo vinculado con el objetivo estratégico de la revolución socialista y que cuestiona la norma heterosexual impuesta por el estado capitalista.

En la medida en que profundizamos nuestra visión de la sociedad socialista por la que luchamos, trataremos de incorporarle la idea de la liberación lésbica/gay. Al oponernos a las concepciones limitadas y opresivas de la masculinidad, la feminidad y la sexualidad trabajamos por una sociedad en la que el género deje de ser una categoría central para la organización de la vida cotidiana y donde los conceptos de la ‘heterosexualidad’ y la ‘homosexualidad’, en la medida en que puedan seguir existiendo, no tengan consecuencias legales ni económicas. Pugnamos por lograr que la sociedad asuma las múltiples funciones de la familia actual, por que haya diversas formas de responsabilidad colectiva, comunitaria en el cuidado de los niños y los enfermos, por que se construya una economía que no presione a los pueblos a emigrar de sus comunidades locales, por formas variadas de hogares y de cooperación en las comunidades y por formas distintas de amistad, de solidaridad y de relaciones sexuales.

En la mayoría de las culturas, la sexualidad y la actividad sexual siguen siendo abordadas -en tanto que aspectos de nuestra existencia como seres humanos- como potencialmente peligrosas, o como asuntos que incumben exclusivamente a la sociedad y no al individuo. No obstante, los avances en las técnicas de control de la reproducción en las décadas de los cincuenta y los sesenta sirvieron como un gran impulso de las aspiraciones por la liberación sexual al separar aún más a la sexualidad de la reproducción. Surgió una radicalización cultural entre los jóvenes y los estudiantes en los países imperialistas en esas mismas décadas, radicalización que empezó a criticar, entre otras cosas, la clasificación tradicional de géneros. Estas nuevas críticas a la cultura tradicional trajeron consigo nuevos enfoques sobre la sexualidad.

Las luchas por el derecho al aborto, al igual que las luchas por los derechos lésbico/gays criticaron de manera directa el concepto tradicional que define el sexo aceptable como el equivalente a la reproducción, el matrimonio y la familia. Las nuevas perspectivas sobre el sexo y la sexualidad promovieron una nueva valorización del placer sexual en general, sobre todo para las mujeres. Cuando el movimiento de las mujeres exigía mayor información y servicios sobre la salud reproductiva y sexual, lo hacía con la idea fundamental de que las mujeres son seres sexuales que deben tener derecho al placer sexual y al control sobre sus relaciones sexuales, que históricamente han sido reservados a los hombres. Uno de los mensajes centrales que se transmitió en la lucha por la autonomía sexual de las mujeres fue el de que no existe un único camino al placer sexual, sino una amplia gama de posibilidades.

La liberación lésbico/gay es parte de la liberación sexual más amplia por la cual luchamos. Tratamos de liberar la sexualidad humana de lo que la resolución de 1979 sobre la liberación de las mujeres llamaba ‘el marco de la compulsión económica, dependencia personal y represión’ que se mantiene actualmente. Se justifica por sí misma la actividad sexual libre, consensual y placentera para todos los que participan en ella. Luchamos por una sociedad en la que nuestros cuerpos, deseos y emociones ya no sean cosas sujetas a compraventa, en donde la gama de opciones para todas las personas -mujeres, hombres, seres sexuales, jóvenes y viejos- sea ampliada enormemente, y las personas cuenten con la oportunidad de desarrollar nuevas formas de desarrollarse sexualmente, viviendo, trabajando y criando a los niños de manera colectiva. Es imposible para nosotros, que hemos sido formados por la sociedad enajenante en la que vivimos, imaginar cómo se desarrollaría la sexualidad en este ambiente y es, por lo tanto, importante evitar hacer predicciones basadas en nuestras propias aspiraciones individuales.

Las primeras batallas de los gays y las lesbianas que luchan y han luchado, las cuales han proporcionado el ímpetu para la formación de movimientos lésbico/gays políticamente activos son las acciones contra la persecución policiaca de la homosexualidad. El motín de Stonewall de 1969 en Nueva York, que es el punto de referencia para fijar el inicio del movimiento lésbico/gay en todo Occidente, consistió en presentar resistencia física contra redadas policiales en bares donde las lesbianas, gays, bisexuales y transgéneros se reunían. Todavía hay varios países donde se prohíbe legalmente la homosexualidad. En el Medio Oriente, África y Asia, los países que no prohíben la homosexualidad son más la excepción que la regla. En varios estados de los EEUU se prohiben las relaciones anales y las orales, tanto entre heterosexuales como ente homosexuales; en algunos otros estados se prohiben sólo las relaciones homosexuales, ya sean anales u orales; muchos otros países, incluso en América Latina y Europa, no prohíben la homosexualidad explícitamente, pero utilizan el ‘escándalo público’ como pretexto para la exclusión de las personas LGBT, o existen leyes contra la ‘promoción homosexual’ o la ‘búsqueda de contactos homosexuales’. Los conceptos legales usados para perseguir a las personas LGBT son tan imprecisos como el de ‘indecencia’. La experiencia demuestra que los jueces ven más frecuentemente ‘indecencia’ entre homosexuales que entre heterosexuales. Apoyamos las demandas de todo rechaza a las leyes anti-gays, a las políticas policiales discriminatorias y a las prácticas que las acompañan.

Aún cuando la batalla inicial por la legalización de la homosexualidad ha sido ganada, otras leyes discriminatorias de criminalidad todavía necesitan cambiarse. Por ejemplo, varios países han promulgado leyes especiales para ‘proteger’ a los menores de la homosexualidad. A partir del dogma de que l@s jóvenes pueden ser ‘influenciados’ y ‘seducidos’ por homosexuales, establecieron una edad legal superior para el consentimiento de contactos sexuales entre personas del mismo sexo. Actualmente, en la Unión Europea, Austria, Inglaterra e Irlanda aún tienen elevadas edades legales de consentimiento de contacto sexual entre personas del mismo sexo.

Apoyamos la demanda del movimiento lésbico-gay de que la edad de consentimiento de contacto sexual entre personas del mismo sexo debe reducirse a la edad legal de consentimiento para el contacto sexual heterosexual, donde quiera que exista este tipo de discriminación.

Junto con la lucha contra la criminalización legal, varios movimientos lésbico-gays en diferentes países están luchando por leyes que prohíban explícitamente la discriminación en base a la orientación sexual. Suráfrica ocupa un rango particular entre el conjunto de los países: desde la adopción de su nueva constitución, es uno de los países en el mundo (junto con las constituciones de Ecuador y Fiji) donde se incluye la protección contra la discriminación por orientación sexual. Nosotros apoyamos la batalla a nivel legal y constitucional por prohibir la discriminación antigay.

La importancia política de esta lucha no debe subestimarse. La batalla por ganar protección legal contra la discriminación abre una gran oportunidad para desafiar la condición de segunda clase y de marginal de las personas LGBT. Esto refuerza el argumento por la igualdad de manera contundente, porque la resistencia a éste se arraigaría a un intento de justificar la discriminación. También esta batalla se orienta a hacer campaña en los procesos políticos. Al apoyar y abogar por tales campañas, los socialistas deben entender también que lograr la protección legal no modifica en sí la discriminación y el prejuicio. La campaña proporciona una oportunidad para explicar el fundamento social de la opresión y la necesidad de cambiar la sociedad, y no sólo las leyes, para llegar a tal meta. Es importante entender el impacto de lograr la protección legal y, consecuentemente, el incremento de la confianza de las personas LGBT, al igual que una mayor apertura a la problemática de la sexualidad, por ejemplo en el trabajo. Esto tendrá un impacto significativo con el tiempo para cambiar prejuicios públicos y cambiar la percepción de otros problemas de discriminación contra las personas LGBT. Parece que también existe una relación muy estrecha entre la existencia de movimientos de mujeres, los derechos conquistados por las mujeres y el derecho a la igualdad de las personas LGBT. Cuando la transformación legal esté asegurada será necesario hacer campañas para aplicar eficazmente la ley. Esto puede llevarse a cabo supervisando la efectividad de dicha ley y enfocando las campañas a áreas de resistencia identificadas.

Una de las áreas clave donde el avance en lograr los derechos de lesbianas y gays, y lograr una arena vital para los revolucionarios ha sido que la igualdad lésbico-gay tenga un reconocimiento firme para ser tema del movimiento laboral, en particular de los sindicatos. Las campañas del movimiento lésbico/gay han encontrado su reflejo en los sindicatos. En diferentes épocas y de varias maneras los trabajador@s lésbico/gays se han organizado para desafiar a sus sindicatos a que reconozcan sus demandas específicas, y para asegurarse un lugar en las agendas de los sindicatos más progresistas. Dos demandas conjuntas relacionadas han sido las más significativas: ganar el reconocimiento de los derechos de las lesbianas y los gays en el trabajo y el reconocimiento sindical firme de los derechos de l@s trabajador@s lésbico/gays a tener sus propias estructuras (organización propia) dentro del sindicato. El éxito del segundo, frecuentemente ha sido necesario antes que puedan hacerse avances con el primero. Las alianzas se han hecho con otros trabajadores: mujeres, incapacitados o comunidades minoritarias, cuyas necesidades han sido ignoradas tradicionalmente por los liderazgos reformistas. La lucha tiene una importancia particular para l@s revolucionari@s puesto que desafía la división entre los temas “económicos y políticos”, y puede “ayudar a la clase trabajadora a pensar en términos sociales amplios” (resolución de 1979). La demanda del derecho a la organización independiente ha sido generalmente rechazada tanto por la derecha como por la izquierda reformista sobre la base de que divide al movimiento. Debemos argumentar, por el contrario, que es la exclusión y la marginación de l@s trabajador@s lésbico/ gays lo que causa la división y, por consiguiente, debe reconocerse que su autoorganización es esencial para avanzar hacia la integración en todas las secciones de militantes LGBT.

Las demandas particulares de los derechos en el trabajo, el estado legal de los homosexuales y las condiciones de cada industria particular, varían en cada país. Algunas de las principales reivindicaciones pueden ser:

  • Protección contra el despido injustificado, el reclutamiento discriminatorio, la no concesión de promociones, etc.;
  • Protección contra el hostigamiento por empleadores o compañeros de trabajo en el terreno sexual.
  • Acceso a beneficios estipulados para trabajadores heterosexuales. Por ejemplo, los permisos de ausentarse por paternidad y concesiones otorgadas a las parejas de l@s trabajador@s, tales como las de viajar en el caso de los trabajadores de la industria del transporte.
  • Acceso equitativo a prestaciones como la pensión y los seguros.
  • Reconocimiento de que las lesbianas y los gays puedan tener también derecho a cuidar de sus hijos.

También será necesario vincular dichas demandas con la demanda de que el sindicato se ofrezca activamente a apoyar la lucha por la igualdad de derechos de las personas lesbianas y gays más ampliamente en la sociedad. Esto significa, por ejemplo, lograr que el sindicato se movilice en apoyo a los derechos de las personas LGBT haciendo campañas, así como también en apoyo a otras actividades de la comunidad LGBT, tal como la Marcha del Orgullo.

Una parte esencial de la lucha lésbicogay es avanzar más allá de la aceptación de la estructura auto-organizativa, hacia la integración de estas demandas en las cuestiones del sindicato en su conjunto. Esto requiere de un trabajo a largo plazo y consistente para transformar las culturas dominantes de muchos sindicatos y, normalmente, solo tendrán éxito asegurándose la firmeza de los aliados entre otros grupos de trabajadores para este proceso.

Debemos también permanecer alerta a la constante posibilidad de que logrando dichas demandas, que no son revolucionarias en si mismas, puedan llevarse a cabo en un marco reformista. Las direcciones más conscientes en los sindicatos han sabido manejar la integración aceptándola, pero en realidad se trata de cooptación y de neutralización, o incluso de desarrollo de una tutela burocrática. El remedio a esto es presionar firmemente en el sindicato para que adopte un papel activo en la campaña de la problemática lésbico-gay, que lo conduzca a involucrarlo en una actividad masiva y continuar movilizando a los trabajadores lésbico-gays por sus propias reivindicaciones, sin dejar que algunos “amistosos” burócratas se apoderen de ellas. Se trata de utilizar cada avance como punto de partida para el progreso siguiente.

Contrariamente a lo que sostiene el coro ensordecedor de los que reclaman la protección de los jóvenes de los peligros del sexo, de las representaciones y de las informaciones sexuales, nosotros creemos que no menos, sino más información y autonomía son las mejores herramientas para “proteger” a la gente joven. Estas son indispensables para su liberación sexual, su maduración y su libre elección. Ellos también pueden ayudar a l@s jóvenes LGBT a encontrar su identidad sexual y seguir el modo de vida que más les convenga, y apoyar a la resistencia al conformismo con los actuales estilos de vida de lesbianas y gays. La educación sexual en la escuela debe integrar la opción de sexualidad del mismo sexo, poniendo el énfasis en el placer y la diversidad; un fortalecimiento -y no destrucción- de los programas sociales, acceso libre a la anticoncepción y condiciones para la emancipación de la juventud -estas reivindicaciones son todas inmediatas y deben exigirse al Estado, tanto en los países imperialistas como en los dependientes. Al mismo tiempo que demandamos la paridad en la edad legal para el consentimiento de contacto sexual tanto heterosexual como homosexual, nos oponemos a cualquier represión de la exploración sexual consentida entre l@s jóvenes de aproximadamente la misma edad legal.

Los inmigrantes y los miembros de minorías raciales necesitan ser bien recibidos e integrados en las organizaciones gay/lesbianas de los países imperialistas. Esto requerirá una lucha consciente contra el racismo en estas organizaciones. Además, apoyamos las propias organizaciones autónomas de minorías e inmigrantes en el seno de sus comunidades, las cuales se caracterizan por formas particulares y múltiples de opresión y discriminación. Permanentemente buscaremos alianzas con ellos sin tratar de imponerles un modelo de emancipación. Nos opondremos al uso de la cuestión de los derechos de lesbianas y gays para estigmatizar a los inmigrantes musulmanes en el contexto de la “guerra contra el terrorismo”, haciendo hincapié en el surgimiento de organizaciones autónomas de LGBT de origen musulmán y la existencia de tradiciones homeróticas del mundo islámico.

La existencia de vínculos entre grupos de inmigrantes LGBT y los países de origen de sus miembros (a través del correo electrónico, visitas, etc.) ha hecho también posibles acciones de solidaridad internacional concretas y a veces puede facilitar la creación de grupos LGBT en países dependientes.

A mediados de la década de los 70 se observó el surgimiento en gran parte del mundo desarrollado, particularmente en los EEUU, de una reacción de derecha dirigida contra los logros del movimiento feminista, así como del movimiento lésbico/gay . Las organizaciones extremistas conservadoras, bien financiadas, de fuerte militancia religiosa, han desarrollado agendas políticas contra problemáticas sexuales que afectan a las mujeres, la comunidad lésbico/gay y a la juventud. Varias de estas organizaciones de derecha y sus simpatizantes han convertido a las personas LGBT en blanco de intimidación física y, en algunos casos, de extrema violencia, comúnmente instigados por la retórica viciosa del odio homofóbico. La fuerza de esta reacción derechista, que se extiende desde entonces, también ha influido a mucho del mundo subdesarrollado contra los logros de los movimientos sociales de la década de los 60 y no debe subestimarse. Más recientemente, en algunos países de la Europa imperialista, algunos partidos de la derecha populista o neoliberal han atacado a las comunidades de inmigrantes bajo el pretexto de su opresión de mujeres y gays, que supuestamente es contraria a los “valores occidentales”.

Junto con su fuerte condena al racismo y a la xenofobia, los movimientos antifascistas deben también denunciar vehementemente, y organizarse en la militancia contra, la violencia anti-gay que está presente en la sociedad. Apoyamos la defensa de los LGBT en contra de la violencia de la derecha organizada y de los intolerantes no organizados. Igualmente, los movimientos lésbico/gays deberán buscar coordinarse con otros sectores de la sociedad atacados por la derecha, tal como los inmigrantes, l@s jóvenes, gente de color, judíos y los de izquierda política para luchar más eficazmente contra el enemigo común: la derecha religiosa y el fascismo. A su vez, los movimientos lésbico/gays deben desenmascarar la hipocresía y las contradicciones de la derecha neoliberal y populista. Desafiando al poder político y a las campañas antigay de las iglesias católica, ortodoxas orientales y grupos protestantes evangélicos, así como de los fundamentalistas islámicos, hindúes y judíos, los movimientos lésbicogay deberán aliarse con otros para luchar por la separación completa entre la religión y el Estado.

Particularmente en países donde las personas LGBT son reprimidas cruelmente, hacer alianzas con organizaciones que luchan por los derechos humanos en general y hacer hincapié en su seno en la problemática de las LGBT puede ser un buen modo de arrancar un proceso de organización lésbico-gay. Dado el nivel de represión hacia las personas LGBT en algunos países, nosotros apoyamos los derechos de asilo para las personas LGBT que han sido perseguidas, amenazadas o simplemente no pueden vivir en sus países de origen debido a su orientación sexual.

Desde que fue identificado por primera vez el SIDA entre los hombres gays en los EE.UU, en 1981, la asociación de VIH y homosexualidad ha engendrado la estigmatización global de las relaciones sexuales entre hombres, repatologizando así la homosexualidad. A veces, los activistas lesbico/gays han abandonado otras tareas lesbico/gays por la urgencia de la epidemia o sucumbido a presiones para volverse institucionales o profesionales. Pero las respuestas necesarias al VIH en varios países también han permitido nuevos espacios sociales y políticos, lo cual se ha expresado particularmente en los retos al poder del establishment médico, un cuestionamiento de la forma en que las autoridades desempeñan sus responsabilidades en cuanto a la salud pública y a la demanda de que sea la propia gente con SIDA la que ejerza el control sobre la salud pública. Esto también hace posible un aumento de los recursos para el desarrollo de organizaciones de gays y más apertura en la discusión pública abierta sobre la sexualidad y las prácticas sexuales. En varios países, una generación de activistas lésbicogays nueva, tanto en términos de su edad como de su proceso de radicalización, se ha puesto a la cabeza de la defensa y organización de los servicios educativos sobre el SIDA, mientras que las comunidades gay han estado a cargo del peso del cuidado y del duelo. La experiencia del activismo gay ha sido comúnmente canalizada hacia liderazgo de las organizaciones pares para personas con VIH, y las organizaciones de gays y lesbianas se han encontrado en alianzas de activismo con usuarios de drogas inyectadas y personas que se ganan la vida en el comercio sexual.

El SIDA es la cuarta causa principal de muerte en el mundo. En África es la causa principal de muerte. En los países africanos y asiáticos donde la epidemia del VIH es la más intensa, las relaciones heterosexuales sin protección, y no las relaciones sexuales entre hombres sin protección, son responsables de la gran mayoría de las infecciones. Mas todavía, en África occidental y en el sur, en Latinoamérica y en el sur de Asia, las comunidades gay están sufriendo aumentos en los niveles de infección, enfermedad y mortalidad.

La lucha global contra el VIH requiere vincular varias dinámicas y luchas:

  • contra el estigma, discriminación y aislamiento,
  • contra el heterosexismo y sexismo,
  • contra el racismo y el imperialismo,
  • por los derechos democráticos y el derecho a que grupos oprimidos se organicen autónomamente,
  • contra la censura y contra el control religioso de la educación y de los servicios y salubridad sociales,
  • por la derrota de la llamada “guerra contra las drogas”,
  • por servicios de salud efectivos y gratuitos, y
  • contra las superganancias de las compañías farmacéuticas internacionales.

Específicamente, nos solidarizamos con los que se enfrentan a las corporaciones farmacéuticas que impiden el acceso a los medicamentos en el Tercer Mundo a precios razonables. El éxito de la campaña contra las compañías farmacéuticas en Suráfrica tiene muchas implicaciones importantes. La batalla reunió a activistas contra el SIDA, sindicalistas y opositores de la mundialización en una alianza amplia y exitosa. La mayoría de los involucrados, sobre todo la COSATU y la Campaña de Acción por el tratamiento han reconocido posteriormente que la batalla debe darse ahora en dos frentes: (1) exigir que el gobierno surafricano -y también los patronesentreguen medicinas; y (2) organizar la oposición contra las acciones del gobierno de los Estados Unidos para acusar a Brasil en la OMC por el asunto de las medicinas genéricas. Todo ello ha significado que la lucha contra el VIH se ha integrado, en las mentes de millones de personas, en la lucha contra la mundializacion.

Además de la importancia intrínseca humana y de la urgencia de la lucha contra el SIDA, hacer trabajo en torno al SIDA entre hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres puede ser una manera útil de empezar a trabajar por una liberación lésbico-gay en países que todavía no cuentan con organizaciones lésbicogays.

En diversos países del mundo se da una exigencia creciente por el reconocimiento legal de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. La posición de la Cuarta Internacional a este respecto es la igualdad de derechos -para hombres y mujeres, en matrimonio o fuera de él, para l@s LGBT como para la gente heterosexual. Actualmente, la gente puede adquirir una cantidad de derechos por casarse y algunos de estos derechos favorecen principalmente a los hombres. De tal manera que, por ejemplo, estamos a favor del derecho de toda persona, cualquiera que sea su estado de pareja o sexualidad, a poder adoptar niñ@s o ganar la custodia de niñ@s. Todas las decisiones sobre la custodia, el acceso y la adopción deben formularse teniendo en cuenta el interés real de los niños, en vez del supuesto de que una familia nuclear, no importa cuán violenta o desagradable sea, siempre favorece sus intereses. Tampoco apoyamos la idea de que los niños sean tratados como la propiedad de los adultos. Los niños deben poder expresarse en esas decisiones. Estamos también en contra de las leyes de impuestos que beneficien a las personas casadas o emparejadas sexualmente a largo plazo.

Mientras luchamos contra esas leyes y reglamentos que privilegian a los casados, reconocemos que la demanda por los derechos de la pareja, y en algunos contextos por el derecho a casarse, es una reivindicación que está movilizando a gran cantidad de gente LGBT. Esto no nos sorprende por dos razones: porque las prácticas discriminatorias contra las personas no casadas continúan y porque sabemos que la ideología tiene su propia dinámica. En el mundo enajenado de la sociedad capitalista el matrimonio no solamente trae consigo beneficios materiales sino también seguridad emocional (tanto si se realiza en la práctica como si no). Apoyamos el matrimonio entre personas del mismo sexo con igualdad y plenitud de derechos.

También exigimos mejores derechos legales para las parejas, sean del mismo sexo o no, que no desean contraer matrimonio. Las parejas deberán poder establecer y asegurar el reconocimiento por derechos y responsabilidades mutuas de modo variado, no sólo bajo el modelo único de matrimonio. Todas las opciones deben ser de igual acceso a las parejas, sean del mismo sexo o no. Por ejemplo, donde la ley existente automáticamente confiere al esposo o consorte de una madre natural el derecho a considerar al niño como ‘suyo’, la pareja homosexual de la madre natural debe tener los mismos derechos. También luchamos contra los tiempos de espera adicionales para oficializar a las parejas del mismo sexo y la negativa o dificultades adicionales impuestas a las parejas de homosexuales inmigrantes al solicitar permisos de residencia.

También es importante aumentar los derechos de los individuos independientemente de que sean gente que viva en pareja o soltera. Los derechos individuales de las mujeres, en particular, no deben depender de la relación con los hombres. Los derechos individuales reales requieren de apoyo social. Las políticas de austeridad neoliberal han cortado en jirones el apoyo social, privatizando lo que deberían ser responsabilidades sociales y haciéndolas recaer una vez más sobre la familia. El cuidado de l@s enferm@s, ancian@s, jóvenes, personas incapacitadas o desempleadas es derecho de éstos y es responsabilidad de los gobiernos no asumida, quienes prefieren que los esposos, esposas, parientes, niñ@s cuiden de los enferm@s. Los movimientos lésbico/gays deberían tratar de evitar que más gente quede atrapada en estas humillantes formas de dependencia y en lugar de esto, deberían aliarse con grupos de mujeres y sindicatos que quieren cambiar esta situación.

Actualmente los debates sobre la pareja del mismo sexo y el matrimonio son una oportunidad para las personas LGBT revolucionarias para trabajar en conjunto con los actuales movimientos lésbico/gays, que buscan hacer resurgir la reivindicación original del movimiento por una liberación genuina. Conjuntamente se puede trabajar para contrarrestar la percepción de “naturalidad” de la heterosexualidad, desafiar roles de género y cuestionar si la potestad sobre hij@s y derechos de herencia deberán estar tan basados en la paternidad biológica. Trabajaremos para abrir una puerta a través de la cual puedan contemplarse nuevas posibilidades: nuevos tipos de relaciones sociales y emocionales, más allá de una enajenación y la dependencia; nuevos patrones de unos, pares o algunos, que florezcan en la diversidad y en la libertad.

Las personas transgéneras (aquellas personas que no encajan en el sistema hegemónico de dos géneros, incluyendo travestis, transgéneros, personas que no se identifican con un género y muchos otros) son comúnmente las personas más oprimidas entre las de sexualidad orientada hacia el mismo sexo. De hecho, muchas personas, cualquiera que sea su sexualidad, sufren una opresión por no conformarse plenamente a las normas de género; por ejemplo, los hombres que sean considerados como “afeminados” a veces experimentan formas de discriminación propias a las mujeres. Las personas transgéneras también tienen una larga historia de lucha contra su propia opresión. L@s “hijras” en Pakistán y l@s “warias” en Indonesia se organizaron por sus derechos en la década de los 60 antes de que se fundarán los movimientos de liberación lésbico-gays europeos y norteamericanos. Las “drag queens” (“locas”) de Puerto Rico fueron las primeras en luchar contra la policía en la Rebelión de Stonewall de 1969 en Nueva York. Mientras que los movimientos por los derechos de las lesbianas y gays han ganado respeto y consolidado una perspectiva reformista, las personas transgéneras han sido excluidas, ignoradas, marginadas y tratadas como elementos vergonzantes. Apoyamos los esfuerzos de las personas transgéneras para resistir la marginalización, para organizarse a sí mismas independientemente y ganarse la inclusión total en los movimientos lésbico/gay .

Las personas transgéneras tienen necesidades y demandas de importancia específica para ellas que los movimientos lésbico-gays deben retomar. Son ell@s, por lo general, las personas particularmente propensas a ganar su subsistencia en el mercado sexual, las que son discriminadas cuando buscan otro tipo de empleo, siendo hostigadas y atacadas por policías y maleantes. Defendemos sus derechos respecto a su seguridad y su igualdad de derechos de vivienda y empleo. También sufren la negativa de las autoridades a reconocer su identidad de género en un amplio abanico de circunstancias. Mientras reconocemos la necesidad de clasificar a la gente, a veces de acuerdo al sexo para que las mujeres se puedan organizar en contra de su propia opresión, también cuestionamos la necesidad de registrar a la gente por su sexo de manera rutinaria bajo cualquier forma y por cualquier motivo irrelevante. Rechazamos que se someta a la gente transgenérica, al igual que a todos los hombres u mujeres en general, a categorías estereotipadas social y biológicamente sobre lo que constituye la masculinidad y la feminidad (lo cual se manifiesta, por ejemplo, en el vestido escolar o de trabajo, en la mutilación de los bebés hermafroditas, el tratamiento con hormonas de los adolescentes que supuestamente no se comportan ‘como es debido’ en términos de género y en las lecciones formales de comportamiento estereotípico para los transgéneros). Defendemos el derecho de cualquier persona a desarrollar plenamente su personalidad individual.

Las personas transgenéricas deben tener el derecho a los servicios médicos que consideren apropiados, incluyendo la cirugía -la llamada cirugía para la reasignación de sexo-, tratamientos hormonales y psicoterapia. Deben tener derecho al seguro médico para esos tratamientos y a obtener los cambios correspondientes en su documentación sin o con operación.

Concebimos el movimiento lésbico/gay como un movimiento inclusivo en el sentido amplio, que agrupe a todos aquellos que quieran vivir libremente sus sexualidades y amor con gente del mismo sexo. En diferentes países y culturas esto puede incluir a gente que vive en diversos tipos de relaciones y estilos de vida que se identifican en una variedad de formas. Estamos opuestos a cualquier concepción del movimiento lésbico/gay que limite las condiciones de participación y que se base en estándares exclusivos de la homosexualidad.

En muchos países y culturas particulares los hombres suelen tener contactos sexuales con otros hombres mientras guardan las apariencias exteriores de conformidad con las normas culturales de la masculinidad, cumpliendo los roles familiares que se esperan de los hombres, y no identificándose públicamente como gays o bisexuales. En el proceso de organización contra el SIDA en algunos países a tales hombres se les conoce como ‘hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres.’ Un asunto que ha generado muchas tensiones es que cuando la gente que no se identifica como LGBT pero que mantiene relaciones sexuales con personas del mismo sexo, trata a sus compañer@s sin respeto, debido a la internalización de las normas heterosexistas. Un primer paso importante hacia la liberación sexual en esos casos es que los hombres -y mujeres- traten a sus parejas que sí se identifican como lesbianas, gays, o transgéneros con respeto y solidaridad. Un próximo paso es que esas personas se incorporen al movimiento lésbico/gay, independientemente de cómo definan sus identidades sexuales en el proceso.

En algunos países y circunstancias los bisexuales y otras minorías sexuales podrán optar por organizarse autónomamente, ya sea dentro o fuera de los movimientos lésbico/gays, en torno a asuntos específicos a su grupo o en torno a asuntos más amplios tales como el SIDA, la violencia o la diversidad. Apoyamos su derecho y respetamos su opción a hacerlo, mientras continuamos trabajando por la alianza más amplia posible entre las personas que sufren de la opresión sexual. Los bisexuales pueden encontrarse aislados tanto dentro de las sociedades heterosexuales como dentro de las comunidades lésbico-gays. La naturaleza misma de su orientación sexual les permite pasar desapercibidos o parecer “normales” a la sociedad en general, y que otros aspectos de su sexualidad no sean aparentes o considerados meramente “experimentales”. Se dan grandes avances cuando los bisexuales intentan romper con esa invisibilidad y salir al aire libre como bisexuales, para que se reconozca su orientación sexual y que se reconozca como expresión legítima de la diversidad que existe en las comunidades lésbicas/gays y en la sexualidad humana en general. Esta posición de que salir al aire libre es positivo es la misma que adoptamos hacia las lesbianas y los hombres gay. La mejor manera de superar las tensiones que existen en el movimiento entre la gente de diversas identidades sexuales es construyendo un movimiento inclusivo y construyendo la lucha contra el heterosexismo.

Apoyamos las campañas en contra de la psiquiatría que define a la homosexualidad y transgeneridad como patologías y contra la barbarie de los intentos de medicalización y la “cura” de las personas LGBT (a través de psicoterapia, terapia aversiva y neurocirugía).

El legado ideológico del estalinismo, que recriminalizó la homosexualidad en la Unión Soviética en 1934, tras su despenalización tras la revolución Bolchevique, aún se refleja en la discriminación en contra de las personas LGBT en China, Vietnam, Cuba y otras sociedades de transición. Mientras que las peores manifestaciones de represión quedan en el pasado y ha existido un mayor grado de tolerancia en los años más recientes, aún no se logra una plena igualdad. El régimen chino aún no permite que la gente lésbico/gay se organiza abiertamente como tal. Igual que en el resto del mundo, la Cuarta Internacional apoya los esfuerzos por organizarse en torno a la lucha por los derechos lésbico/gays en China, Vietnam, Cuba y otras sociedades de transición. Esperamos que los movimientos lésbico/gays en estos países se alíen con los trabajadores, las mujeres y otras oposiciones a los regímenes burocráticos y crezcan para conformar un movimiento por la democracia socialista. Las alianzas con las feministas serán claves para poder desafiar las ideologías y políticas sexistas y heterosexistas que se sustentan en la familia heterosexual. Pero esta posibilidad será una mera utopía si los movimientos democráticos y feministas no apoyan a las luchas lésbico/gays ni realizan esfuerzos para combatir los prejuicios anti-gay en sus propias filas y los movimientos gays no luchan en contra del machismo.

Como socialistas, nuestra lucha contra el sexismo debe de incluir la lucha por cambiar el papel que juega el sexo y la sexualidad en nuestra cultura, para luchar por una sexualidad más libre y una sexualidad más consciente. Esto requiere que adoptemos una actitud más crítica y transformadora hacia nuestras definiciones existentes de la sexualidad. La premisa básica para hacer estos cambios debería ser que nuestras definiciones de sexo, sexualidad, nuestra identidad de género y nuestra identidad sexual tal como lesbiana, gay, bisexual, he-terosexual… son fundamentalmente sociales, histórico-culturales y algunas veces hasta construcciones políticas, que por lo tanto son transformables. Entonces, la gente puede hacer y hace distorsiones acerca de su propia sexualidad. En búsqueda de nuestra redefinición de sexualidad, tenemos obstáculos reales, tales como la falsa consciencia, la alienación, internalización de relaciones de opresión, normalización de la cultura sexista y formas emocionales de represión. Esto es lo que hace que el debate y la crítica más abiertos -y no la censurasobre el sexismo en la cultura, sean tan vitales en la lucha por entender y cambiar esa cultura en beneficio de la sexualidad humana. Nosotros apoyamos los esfuerzos para dar a las personas LGBT más medios de expresión cultural, incluyendo los medios de masas.

Una nueva sexualidad, liberada del sexismo puede emerger a través de un largo proceso de debate abierto y exploración, sobre todo en el feminismo, para lo cual tenemos unas cuantas líneas directrices e indicadores de lo que serán los resultados. No hay una vanguardia ilustrada o una minoría que proclame saber lo que es la sexualidad “feminista”, “correcta” y debemos rechazar cualquier tendencia en ese sentido, sea de fuerzas de la derecha religiosa o de diversas tendencias dentro del feminismo (tales como las feministas de la diferencia), de imponer una línea sexual “correcta”. En algunas partes del mundo, estas fuerzas religiosas fundamentalistas y feministas conservadoras han solicitado que se legislen los códigos de conducta, entre los que se incluyen la criminalización de la homosexualidad y la censura de materiales de sexualidad explícita. Los marxistas revolucionarios, en cambio, deberán proponer caminos hacia la emancipación propia, lo cual no solo es crítico, sino a su vez, democrático, participativo y tolerante de la diversidad de nuestros deseos sexuales.

La principal demanda para abrir el camino a tal proceso de emancipación sexual es la defensa de la consensualidad y autodeterminación. Por lo tanto, una parte intrínseca de nuestra lucha por la autonomía sexual también deberá articular la lucha contra las restricciones legales al consentimiento de las relaciones sexuales y la lucha contra todas las formas de discriminación sexual. Inclusive, la lucha por elevar las condiciones materiales que les haría posible a todos los miembros de nuestra sociedad (mujeres y también a niños y a hombres) resistir a las imposiciones de aquellos que violen sus derechos y su autonomía sexual mediante relaciones sexuales y/o encuentros emocionales no deseados. Por lo tanto, las demandas fundamentales por el pleno empleo, programas de acción afirmativa para mujeres y minorías, ingreso estable y el cuidado de la infancia, vivienda, servicios de salud y derechos reproductivos, incluyendo el aborto, constituyen el tejido fundamental para la autonomía sexual. La necesidad de combinar la lucha por una sexualidad más libre con la lucha para defender la seguridad social y el pleno empleo es la clave para enfrentarse a la reacción de la derecha contra las mujeres y la comunidad LGBT.