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Sobre la liberación gay-lésbica: Perfil público y vida interna (Parte 5 de 5)

Las secciones de la Cuarta Internacional deberán apoyar la lucha de liberación de los LGBT, exista o no un movimiento social autónomo organizado en torno a la problemática en el país de dicho movimiento. En los países donde dicho movimiento exista, la sección deberá promover y apoyar la participación en éste, así como también en la lucha de movimientos progresistas que generalmente apoyan las demandas del movimiento lésbico-gay. En algunos países, las secciones de la Cuarta Internacional han tenido contribuciones decisivas al surgimiento de movimientos lésbico-gays. La Internacional deberá extraer las lecciones de estos éxitos para ayudar a las de los países donde no existe tradición alguna para tal intervención. En países donde no existen actualmente movimientos autónomos, la labor de la sección consistirá predominantemente en generalizar la propaganda y retomar ampliamente las demandas específicas de LGBT en el seno de los movimientos progresistas.

En nuestra corriente marxista, tenemos una concepción de una liberación social y sexual para los LGBT que va más allá de la demanda limitada de igualdad formal en la sociedad capitalista. Buscamos una revolución profunda en las relaciones de género y de la sociedad, donde los privilegios heterosexuales comienzan a desaparecer y donde las identidades sexuales tengan pocas posibilidades de construirse del mismo modo que hoy.

La esfera del privilegio -donde las mujeres, al igual que la gente LGBT, están más oprimidas y su opresión es más compleja- es el lugar donde debemos cuestionar nuestros hábitos. La lucha es fundamentalmente ideológica contra la sociedad patriarcal y heterosexista, así como contra su sistema de valores y prácticas, lo cual exige discusiones en sesiones para todos sus miembros en las secciones, no sólo a nivel de dirección, sino también en nuestras estructuras de base y en la formación de cuadros. El prejuicio heterosexista debe ser combatido por tod@s l@s militantes.

Parafraseando la resolución de 1979 de la liberación de las mujeres, “no nos hacemos ilusiones sobre el hecho de que las secciones puedan llegar a ser islas de la sociedad socialista del futuro flotando en el marasmo capitalista, o que l@s camaradas puedan escapar a la educación y condicionamiento absorbido del esfuerzo diario de sobrevivir en la sociedad de clase…. Pero, es una condición para ser miembros de la Cuarta Internacional que la conducta de l@s camaradas y las secciones estén en armonía con los principios sobre los cuales nos basamos… Luchamos por crear una organización en la cual el lenguaje, las bromas, la violencia personal y los actos de expresión de intransigencia machista no serán tolerados”.

Los prejuicios, dentro de un partido revolucionario, conciernen a tod@s l@s miembros. A menudo los miembros LGBT -especialmente l@s más jóvenes- no se sienten suficientemente cómodos para expresar sus puntos de vista o de sacar sus temas ante los otr@s camaradas. Lo mismo sucede entre camaradas mujeres y hombres. Hay que tener en cuenta que la autoestima y la autoconfianza no se conservan con facilidad cuando la educación tradicional les ha enseñado a avergonzarse de lo que son. Con frecuencia un camarada puede ser un firme partidario de las posiciones del partido sobre homosexualidad y, sin embargo, en su vida personal o en las relaciones establecidas dentro del partido puede resultar extremadamente opresor.

Cuando suceden esas cosas, no se trata solamente de un asunto personal, sino que concierne a todo el partido y debe ser abierta y ampliamente discutido. Algunos camaradas -¿incluso algunas secciones?- tienen posiciones muy retrógradas sobre la homosexualidad. Ciertas creencias que han sido inculcadas a lo largo de los años pueden resultar difíciles de cambiar. Varios de los cambios radicales que han propuesto los movimientos de las LGBT generalmente no son aceptados en la sociedad o ni siquiera entre los revolucionarios, porque pertenecen a esa dimensión que usualmente llamamos “de lo privado”. Pero es allí donde los cambios comienzan: es un esfuerzo necesario si queremos ser reconocidos y tomar parte en el movimiento de las personas LGBT, con todo su potencial subversivo. Así como en el texto sobre “políticas de sanción en un partido feminista”, aprobado por el Congreso de 1989 del PRT mexicano, “esto no es materia que ofrece recetas o modelos para la vida. La búsqueda de nuevos hombres y mujeres es sólo eso: una búsqueda. Sabemos que nuestra liberación no es posible en un sistema capitalista, pero precisamente eso es una de las contribuciones de nuestra corriente internacionalista, reconocer la necesidad de luchar por el cambio comenzando ahora”. Ese cambio no puede esperar al socialismo.

Las condiciones deben crearse para la existencia del trabajo de las personas LGBT de nuestras organizaciones, un trabajo que permita a los miembros LGBT preparar una intervención organizada en los movimientos LGBT -donde existan- y a tener sus propias estructuras de discusión, cuando sientan que las necesitan. Deberíamos ver críticamente las condiciones que ofrecemos, en nuestra propia organización, para l@s militantes LGBT. Las secciones deben ser receptivas a las personas LGBT así como capaces de apoyar la reafirmación de éste campo de la lucha política.

Hombres gays, lesbianas, bisexuales y personas transgéneras son gentes oprimidas por el heterosexismo de la sociedad capitalista patriarcal. Sin embargo, esa opresión se manifiesta y se experimenta de modos muy distintos en cada uno de estos grupos. Si eso significa que dentro de los movimientos autónomos será a menudo necesario funcionar en grupos separados para todos o una parte de esos grupos, eso será difícil de reproducir en la práctica en la mayoría de nuestras secciones siempre y cuando no nos hayamos convertido en al menos un pequeño partido de masas. Por lo tanto debemos adoptar estructuras y normas que permitan crear fraccions ad hoc de estos grupos si surge la necesidad, sino dar prioridad a la construcción de fracciones LGBT como tales.

Las organizaciones europeas de jóvenes son el sector de la Cuarta Internacional en el que la problemática de las lesbianas y gays ha constituido más regularmente una preocupación política, aunque por supuesto esto continúa desequilibrado. Uno de los elementos más importantes que ha incentivado este desarrollo ha sido la visibilidad del tema en los campamentos de jóvenes desde el principio de la década de 1980 y la introducción de un espacio específico lésbico-gay desde 1989 en adelante. No sólo esto ha situado el interrogante en la agenda para todos l@s participantes, sino que también ha proporcionado una oportunidad para que l@s camaradas jóvenes de las diferentes organizaciones – donde pueden sentirse aislados dado el pequeño tamaño de nuestras organizaciones juveniles- se encuentren y retomen impulso político y social.

Las campañas contra la represión sexual de la juventud deben constituir un eje central de la actividad de nuestras organizaciones juveniles y presentar la orientación sexual como una elección. De tales campañas, propagandistas o de acciones, deben desafiar también los roles sexuales y de género dominantes.

Mientras seguimos exigiendo que el Estado satisfaga su responsabilidad por la educación sexual y la atención sanitaria, las organizaciones de juventud deberán ayudar a educar a sus miembros, hasta donde sea posible, sobre anticoncepción, elección sexual, género, machismo y homofobia. Particularmente en los campamentos juveniles, escuelas y otras actividades de nuestras organizaciones, donde los participantes pueden estar activos sexualmente, tenemos la responsabilidad de que los condones y la información sobre la salud sexual esté disponible para prevenir los embarazos no deseados y la transmisión del SIDA y otras enfermedades venéreas.

Las demandas entorno a la educación sexual y la atención sanitaria pueden también ser herramientas efectivas de movilización estudiantil y de jóvenes más allá de nuestras filas. El compromiso de las organizaciones juveniles de retomar los asuntos lésbico/gays como uno de sus puntos de organización política es de hecho esencial, porque es entre la juventud que podremos encontrar mayor comprensión de esta problemática difícil que mezcla la problemática personal y la política -esto se ha demostrado en la práctica en países donde la Cuarta Internacional ha realizado trabajo lésbico-gay.

En nuestros debates internos no podemos dar por descontada la heterosexualidad de nuestr@s miembros. Tal actitud excluye otras posibilidades -del mismo modo que la educación heterosexista- y es equivalente a la “invisibilidad” a la que la sociedad heterosexista patriarcal condena a las personas LGTB en muchos países.

La mayoría de las veces los miembros LGTB escogen hacer trabajo LGBT porque sienten personalmente la necesidad de ello. Pero unirse a un grupo LGBT no es lo mismo que unirse, por ejemplo, a un grupo antirracista. Los interrogantes íntimos y políticos en torno a la sexualidad implican dificultades particulares de aproximación y deben también ser tratadas a nivel personal. A menudo, tratar las cuestiones LGBT implica revelar algo sobre nuestra propia vida íntima, que a veces no es un proceso fácil de encarar. Entonces cada miembro del partido debe sentirse absolutamente bienvenido a tomar parte en la labor de las LGBT, sin pensar que posea un juicio sobre su orientación sexual y sin tener que oir que otras áreas “son más importantes”.

Las secciones de la Cuarta Internacional deben pelear conscientemente hasta el límite donde la opresión de la gente LGBT en nuestra sociedad es reproducida dentro de nuestras organizaciones. Esto no sólo significa que las bromas o conductas sexista/heterosexista deban evitarse. Significa también crear condiciones para la participación de l@s miembros LGBT en la vida de nuestras organizaciones, como revolucionari@s y como militantes LGBT. Para que esto sea posible, es fundamental integrar las problemáticas de las personas LGBT en la agenda política.

Como se señala en el texto antes citado del PRT mexicano, “nosotras como mujeres requerimos un cierto equilibrio de fuerzas de modo que la cuestión de género pueda siempre estar presente… Para que esto suceda, necesitamos…. crear espacios de discusión para las mujeres donde no los hay, y donde los hay debemos reforzarlos”. Creemos que esto también se aplica a los camaradas LGBT.

En países donde las secciones han organizado grupos LGTB, es necesario que la organización entera conozca su intervención y la discuta. La discusión interna sistemática en torno a la problemática de las personas LGBT es una condición para la colectivización del tema, para cambiar hábitos discriminatorios que puedan existir en nuestras organizaciones y aún ayudar a l@s camaradas LGBT -especialmente quienes sean más activas en el movimiento LGBT- a tener una perspectiva revolucionaria sobre la problemática LGBT. Es necesario que las secciones estimulen y sean abiertas a la organización de comisiones y comités, así como también a la formación de fracciones en torno a esta problemática. Pero más que preparase solamente para discutir temas de LGBT, cada miembro de las secciones debe apoyar voluntaria y activamente acciones y campañas LGBT.

Refiriéndonos al texto de la resolución de 1979 de la liberación femenina “tal como en cualquier otro asunto, la dirección y l@s militantes miembros del partido, deben estar enterados sobre el trabajo, participar colectivamente en la determinación de nuestra línea política y de la responsabilidad de llevar a cabo nuestras campañas y propaganda hacia todas las áreas de la lucha de clases donde seamos activos”. La problemática lésbico-gay deberá ser parte de nuestras discusiones a los niveles local, regional e internacional. Tod@s l@s miembros deberán ser educados sobre la liberación lésbico-gay en nuestras escuelas locales, nacionales e internacionales. Esto significa también que la prensa de nuestra organización debe cubrir y comentar sobre el movimiento de las personas LGBT.

La problemática de las personas LGBT debe ser integrada a las declaraciones públicas de las secciones y las intervenciones diarias de nuestr@s miembros. Los integrantes que están activos en movimientos sindicalistas, antirracistas, etc., deben plantear las demandas lésbico/gay en su trabajo político. Las personas LGBT miembros de nuestras secciones deben ser incentivadas a tener una presencia activa y organizada en el movimiento LGBT hacia fuera, en una perspectiva revolucionaria. Donde sea posible, dependiendo de las oportunidades políticas en cada país, y en otros campos de trabajo, intentamos, como en las otras esferas de trabajo, en llegar a posiciones de acuerdo y hacer trabajo conjunto con otras fuerzas de izquierda que están activas en torno a estos asuntos. Puesto que l@s militantes revolucionari@s son una minoría dentro del movimiento de las LGBT, el contacto con las organizaciones de personas LGBT -hacia fuera- es importante incluso cuando las secciones no tengan miembros LGBT vinculados al movimiento. Uno de los efectos de la opresión de las personas LGBT es que sus capacidades personales son cuestionadas por su orientación sexual y no en base a una evaluación objetiva. Nuestras organizaciones deberían sacar provecho de las oportunidades de nuestr@s militantes LGBT hablen a nombre de la organización sobre temas LGBT y participen en tareas LGBT, al igual que en todas las formas de trabajo político de masa, uno de los criterios para la elección de camaradas a nuestras direcciones. El mismo criterio debe considerarse cuando nuestras organizaciones eligen candidatos para campañas electorales; también deben intentar presentar candidatos explícitamente LGBT. Por otro lado, todos nuestros representantes electos a todos los niveles deben retomar las demandas lésbico/gays dentro de sus instituciones representativas e incluirlas en sus declaraciones públicas. Deben también transmitir las demandas de los movimientos lésbico/gays e intentar abrir espacios a los movimientos lésbico/gays dentro de las deliberaciones políticas de las instituciones representativas.

A menudo l@s miembros LGBT de organizaciones revolucionarias tienen dificultades para sentirse integrad@s en nuestras organizaciones así como también en el movimiento LGBT. Por un lado, ser un/a militante LGBT necesariamente significa más que una actividad política concreta: en la medida en que las personas LGBT son un grupo excluido socialmente, las comunidades LGBT, cimentadas por la realidad de la opresión, tienen formas particulares de socialización y de resistencia a la “heterocultura”. Por lo tanto, l@s miembros LGBT, especialmente aquellos activos en el movimiento de las LGBT, a menudo tienden a separar su vida política y su vida social. No siempre en nuestras organizaciones se entiende que el activismo de l@s miembros LGBT adopte esta forma particular. Sin embargo, en una comunidad basada sobre la exclusión colectiva, esta vida social y cultural constituye un aspecto indispensable para el trabajo político, así como también una necesidad personal de l@s militantes LGBT.

Por otro lado, ser un militante revolucionario casi siempre significa que la gente no siempre se siente en su casa incluso en el “medio” LGBT. L@s camaradas LGBT tienden a vivir en dos mundos separados, con reglas diferentes y, generalmente, incompatibles. Construir vínculos entre l@s camaradas LGBT en las diferentes localidades y en las diferentes secciones e impulsar el crecimiento de las actividades LGBT, las discusiones y las reuniones sociales adentro del movimiento, es una de las mejores estrategias para combatir los “riesgos de una personalidad escindida” y conservar a nuestros militantes LGBT en la Internacional. Los esfuerzos en esta dirección deberán ser mantenidos e incentivados en nuestras organizaciones.