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Sociedad civil, pueblo, clase o multitud. Hipótesis subjetivas para el 2018

Por Massimo Modonesi. Tomado de Desinformémonos

De los artículos de L. Hernández Navarro, G. Almeyra y P. Miguel, recientemente publicados en La Jornada*, afloran las coordenadas de un debate sobre el sujeto social, un debate que interpela a la teoría y la filosofía política y que apunta a una dimensión estratégica de la disputa que se está vislumbrando de cara a las elecciones presidenciales de 2018. Detrás de toda definición del sujeto alberga un proyecto y viceversa: a la pregunta ¿qué hacer? corresponden las de ¿con quién? y ¿para quién?

La hipótesis de la sociedad civil como actor es típicamente liberal, en el mejor de los casos liberal-democrática. En un plano teórico, asume el Estado y la sociedad política como entes autoritarios que hay que limitar y contener, como males necesarios o, en alternativa, ámbitos susceptibles de ser purificado si la sociedad civil llega al poder o lo toma. En la práctica, este planteamiento ha servido para erosionar la autonomía relativa del Estado respecto de los poderes fácticos, en particular económicos, y abrir la puerta a la colonización del poder político por parte de representantes directos del capital, interesados en reconvertir el aparato estatal en un instrumento en manos de la clase dominante, eliminando las mediaciones establecidas a lo largo de décadas de luchas sociales y políticas de las clases subalternas. En este contexto de exaltación de la sociedad civil y de desacreditación de los partidos políticos, también han surgido iniciativas ciudadanas que intentaron defender o impulsar derechos civiles, proponer una refundación ética de la política a partir de un discurso centrada en la denuncia de  la corrupción y de la partidocracia. No pocas veces, detrás de retóricas de este tipo, se promovieron personajes y proyectos de corte populista, tanto de derecha como de izquierda. Al mismo tiempo, se ha registrado en tiempos recientes más de una iniciativa ciudadana de tipo conservador e inclusive reaccionario tanto en México como en  otras parte de América Latina y del mundo. Habrá que ver entonces con que material político se forjarán las candidaturas independientes que están gestándose en vista del 2018.

Por otra parte, la noción de pueblo, de la mano de la cuestión espinosa del populismo, constituye otro polo de la teoría y la práctica política. En un nivel, el pueblo es pensado en clave organicista como el todo social, diferenciado funcionalmente –es decir social y económicamente- pero integrado política y culturalmente en el Estado-nación. Desde este perspectiva, el pueblo es un cuerpo nacional y multiclasista y las máximas aspiraciones políticas que le corresponden son la conciliación y el desarrollo social. Al mismo tiempo, estas pretensiones implican restablecer la justicia y el equilibrio sociales allá donde no existen y, por ende, el discurso nacional-popular apela al bajo pueblo, a los sectores o clases llamados populares -como actor particular al interior de la noción general de pueblo- a ser los impulsores o simplemente a apoyar de la acción redentora, llevando a una organización o a un líder a conquistar el poder del Estado, desde el cual se gobernará en nombre y en el interés de todo el pueblo y no de una parte. Esta ambigüedad o, si se prefiere, duplicidad del sentido y el uso de la noción de pueblo está en el corazón del proyecto de MORENA y de AMLO, constituye su punto de fuerza en clave de convocatoria y articulación de sectores, grupos y clases diversas y, al mismo tiempo, expresa su contradicción y su limite de fondo como proyecto emancipatorio viable y consistente.

Desde otro marco ideológico, al concepto de clase apelan los proyectos que pretenden salir de la lógica y la apuesta conciliatoria propia de las nociones de sociedad civil y de pueblo, no solo reconociendo el conflicto inherentes a las sociedades capitalistas sino sacando la conclusión que si éstas son sociedades de dominación de clase solo mediante una reacción de clase, de las clases subalternas que viven de su trabajo, se puede transformar radicalmente la realidad económica, social, política y cultural. El clasismo de origen marxista sustenta, simultáneamente, un enfoque crítico y un proyecto político anticapitalista. Sin duda, a su consistencia teórica no siempre corresponde la existencia de movimientos sociales y políticos con la misma solidez. Este vacío real ha dejado abierta la puerta, ideológica y política, para que prosperaran las hipótesis social-civilista y populista. Al mismo tiempo, no deja de haber fuerzas sociales y políticas -como por ejemplo el EZLN desde la Sexta Declaración hasta sus planteamientos más recientes- que piensan y actúan políticamente bajo esta clave de lectura.

En alternativa al clasismo en declive, en calidad de su sucedáneo como alternativa al interclasismo, se ha difundido un discurso y una práctica movimientista que apela a la multitud o a la plebe como actor fundamental tanto de la resistencia como de la rebelión y de una posible transformación. La multitud, la plebe o la muchedumbre –o como se decía antaño, las masas- son invocadas como hipótesis relacionadas a escenarios de movilización y, en su versión extrema, de desborde, insurrección o levantamiento. De la mano de la idea de acumulación de fuerzas en el terreno clasista, y de cierto escepticismo respecto de su conversión en un contrapoder estable y organizado, diversas perspectivas anticapitalistas cultivan la hipótesis revolucionaria como acontecimiento o episodio explosivo, de irrupción multitudinaria y el correspondiente colapso estatal o sistémico. Por aventurada que parezca esta hipótesis en tiempos de relativa estabilidad, hay que poner de relieve en el México de hoy, no solo las condiciones objetivas sino también señales de hartazgo y de desesperación que brotan de forma relativamente espontánea, despolitizada y desorganizada.

Entre referencias –exclusivas o combinadas- a la sociedad civil, el pueblo, la  clase y la multitud se irán perfilando las circunstancias, los discursos, los proyectos y las fuerzas políticas en disputa hacia un 2018 que se anuncia incandescente.