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¡El clima, la vida, nuestras vidas, no los beneficios!|Declaración de la IV internacional sobre la COP 26

La 26ª COP sobre el Clima se reunirá del 1 al 12 de noviembre.  Los representantes de los gobiernos y de las instituciones internacionales harán bellas declaraciones para salvar el clima. Pero los verdaderos héroes y heroínas de la lucha contra el cambio climático no son los líderes de los países y grupos capitalistas que se reunirán en Glasgow, la mayoría de los cuales tienen una responsabilidad directa en el inminente desastre climático que amenaza a la humanidad. Se trata de los cientos de activistas y representantes de los pueblos indígenas que defienden la tierra y el medio ambiente contra los proyectos extractivistas y destructivos y que han sido detenidos, acosados, torturados e incluso asesinados en Colombia, Filipinas, Brasil, Honduras, India, Kenia, Marruecos, Egipto y Nicaragua… por o con la complicidad de quienes van a desfilar ante las cámaras.

Los pueblos, las mujeres y los jóvenes que se oponen a la destrucción de los bosques, al acaparamiento de tierras, a la apropiación del agua, a la contaminación del aire y del suelo, ya sea para la industria minera o para la agricultura y la ganadería industriales, actúan en nombre de toda la humanidad contra el cambio climático y para salvar la biodiversidad enfrentándose a las multinacionales y a los Estados.

Covid-19 anuncia las crisis ecológicas que se avecinan y acusa al sistema.

La pandemia de Covid-19 ha matado a más de tres millones de personas, ha trastornado profundamente nuestras vidas, ha exacerbado las desigualdades sociales Norte-Sur y dentro de los países, tanto en el acceso a los cuidados y a las vacunas como en la posibilidad de protección, ha agravado el desempleo y la pobreza, ha expuesto y agotado a todos los que cuidan, nutren, limpian, educan. Por parte de los gobiernos, mientras sus políticas de destrucción de los servicios sanitarios públicos no han dejado otra opción que la de paralizar toda la vida social, han aprovechado para reforzar las políticas autoritarias y la represión. En cuanto a los grupos capitalistas, especialmente las industrias digital y farmacéutica, sus beneficios se han disparado.

No hay que elegir entre luchar contra la pandemia y salvar el clima.

Esta enfermedad, como muchas otras que pasan de los animales salvajes a los humanos, pone de manifiesto nuestra interdependencia con la naturaleza de la que formamos parte. La forma en que habitamos el mundo está siendo devastada por la lógica del beneficio del capitalismo, que genera la industria cárnica y sus granjas de concentración, el tráfico de especies silvestres, los monocultivos de la agricultura industrial, la deforestación y el extractivismo que destruyen los ecosistemas y promueven pandemias. Esta lógica también es responsable del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el cambio climático. Frente a los gobiernos que pretenden utilizar la crisis sanitaria y sus implicaciones económicas y sociales para relegar la cuestión medioambiental y la emergencia climática a un segundo plano, apoyamos el llamamiento a una «recuperación justa», que sitúe la cuestión medioambiental y social en el centro de todas las políticas públicas.

¿Cuál es la situación del clima?

La ralentización económica ha reducido las emisiones de CO2 (hasta un -17% en algunos días y entre un 4,2 y un 7,5% en el año 2020), pero no ha impedido que el año 2020 sea el más cálido registrado, con 1,25°C por encima del periodo preindustrial. Sobre todo, no reduce la concentración de CO2 en la atmósfera, que es el resultado acumulado de las emisiones pasadas y presentes. Ha aumentado un 45% en los últimos 30 años, y ahora es un 50% más alto que los niveles preindustriales, y pronto será más alto que los del Plioceno (hace -2,6 a -5,3 millones de años), cuando no había una capa de hielo permanente en el hemisferio norte y cuando el nivel del mar era 25 metros más alto que el actual. Las catástrofes ya están aquí -derretimiento de los casquetes polares, olas de calor excepcionales, huracanes, inundaciones, megaincendios…- pero lo peor está por llegar y el trastorno de nuestras vidas por la pandemia es sólo un pequeño atisbo. No hay tiempo para medias tintas, debemos actuar de forma inmediata y radical respetando la justicia social y climática.

¿Qué esperar de la COP26?

Los mayores emisores de gases de efecto invernadero -Estados Unidos, la Unión Europea y China- acuerdan aspirar a la neutralidad del carbono, en 2050 para los dos primeros, y en 2060 para China. Joe Biden firma el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París y organiza una «cumbre de la última oportunidad», Xi Jinping declara que China empezará a reducir sus emisiones de CO2 antes de 2030, la Unión Europea eleva su objetivo de reducción del 40% al 55% en 2030… El bloqueo explícito de los negacionistas del clima pierde terreno y los Estados son llamados a «revisar al alza sus ambiciones». En efecto, es imposible ignorar el abismo que existe entre el objetivo fijado en la COP21 de 2015 en París de «mantener el calentamiento muy por debajo de los 2 °C y seguir esforzándose por no superar los 1,5 °C en comparación con la era preindustrial» y los compromisos actuales de los Estados, que llevan a un calentamiento de 3,3 °C para finales de siglo. Pero detrás de las declaraciones de intenciones se sigue ocultando el cinismo de los capitalistas y de los gobiernos a su servicio y no hay una decisión real y radical de salir de los combustibles fósiles.

La neutralidad del carbono en 2050: una falsa buena noticia imperialista y peligrosa.

Cero emisiones netas no es cero emisiones.

Se trata del uso de las llamadas tecnologías de emisiones negativas, como la captura y secuestro de CO2, que pretenden eliminar el carbono del aire, para seguir emitiéndolo al continuar explotando los combustibles fósiles. Es un neocolonialismo verde que da la espalda al reconocimiento de las responsabilidades históricas de los países del Norte con mecanismos que hacen recaer sobre el Sur global la carga de compensar los GEI emitidos por y para los más ricos, expropiando a los pueblos de sus tierras y bosques.

Tener como objetivo el año 2050 significa negarse a actuar ahora.

Significa decidir dejar que los gases de efecto invernadero se acumulen y calienten el clima. Peor aún, este plazo lejano deja la puerta abierta a un «rebasamiento temporal» de 1,5°C, compensado por un más que hipotético enfriamiento. Incluso si este enfriamiento fuera posible, tal apuesta ignora los cambios irreversibles que probablemente causará el rebasamiento temporal. Por ejemplo, el IPCC estima que el punto de inflexión de la capa de hielo de Groenlandia está entre 1,5 y 2°C. Si se supera este punto, no habrá forma de revertir el enfriamiento.

Las negociaciones internacionales siguen siendo preeminentes para los grandes grupos financieros e industriales y están dominadas por los imperativos capitalistas e imperialistas. No podemos esperar ni la adopción de medidas acordes con la urgencia de la situación ni el respeto a la justicia social y climática con respecto a los países del Sur y sus pueblos.

«La solución no vendrá de estas negociaciones, sólo puede venir de las luchas del pueblo».  Greta Thumberg

La COP26 debe ser una oportunidad para desafiar a los líderes, para desacreditarlos exponiendo sus mentiras, para desestabilizarlos políticamente a través del poder de nuestras movilizaciones, para recuperar el poder presentando nuestras propias soluciones para la justicia social y climática:

– Planes de reducción de emisiones en los distintos sectores del transporte, la edificación, la energía y la agricultura, para mantenerse por debajo de 1,5°C, con la participación directa de los trabajadores afectados y las comunidades impactadas, desde el diseño hasta la aplicación de soluciones alternativas.

– El rechazo del rebasamiento temporal

– La lucha contra las tecnologías peligrosas (nuclear, OGM, geoingeniería, BECCS).

– El fin de los mecanismos de compensación y el respeto a los pueblos del Sur global y en particular a los pueblos indígenas.

– El fin de los grandes proyectos extractivistas destructivos impuestos a las poblaciones

– La reducción de la producción de material y del transporte innecesario.

 

Salvemos el clima del 99%, que el 1% pague