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Manifiesto Orgullo Disidente

Resolución adoptada por el Colectivo Orgullo Disidente y la Coordinadora Socialista Revolucionaria

En México, somos una comunidad sexo-género diversa cada vez más visible, que ha ganado espacios en los medios de comunicación, en las manifestaciones culturales, en las leyes y en la aceptación de buena parte de la población. Sin embargo, seguimos siendo una comunidad violentada. De acuerdo con el Observatorio Mundial de Asesinatos Trans (Transgender Europe), la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la CONAPRED, nuestro país es uno de los territorios más peligrosos y discriminatorios para la población LGBTTTIQ; además de que los derechos ganados y las actualizaciones legales se concentran en unos cuantos estados.

Por otro lado, gran parte de la comunidad ha sido embaucada con las salidas falsas que el mercado le ofrece: lugares y viajes exclusivos, marcas que coquetean con la bandera arcoíris y asociaciones civiles altamente dependientes del Estado. Esto les ha permitido a los que tienen el poder y el dinero seguir lucrando y gobernando como siempre al domesticar a un sector potencialmente subversivo.

Existe también una hipervisibilización de la agenda gay masculina, lo que ha hecho que el activismo y la militancia tomen al matrimonio igualitario y la adopción homoparental como demandas casi exclusivas, dejando de lado las necesidades de las lesbianas y las personas trans, bisexuales e intersexuales. Además, se invisibiliza la problemática de les disidentes sexuales de la tercera edad, de la clase trabajadora, de pueblos originarios y afromexicanes, de la diversidad funcional y, en general, de todas aquellas personas que no entran en el “deber ser gay”.

La espiral de violencia que vive nuestro país nos toca de manera especial, incrementando y normalizando los crímenes de odio, los cuáles no son producto de una repulsión individual sino la consecuencia de un sistema y un Estado heteropatriarcal. En el caso de las personas trans, resulta muy difícil acceder a la educación superior y a empleos formales, lo que orilla a realizar trabajos precarios y riesgosos y a la migración, lo que en conjunto acorta la esperanza de vida trans en América Latina a 35 años, e incluso menor, tras los estragos de la pandemia de Covid-19.

Siguen un espejismo quienes piensan que estamos cerca de alcanzar la plena igualdad, pues incluso la Ciudad de México, entidad en donde más derechos se garantizan legalmente a la comunidad, es uno de los diez estados en donde más crímenes de estado se cometen, según un estudio hecho en el periodo 2012-2020 por el Observatorio Mundial de Asesinatos Trans (Transgender Europe).

A pesar de todos estos obstáculos, el movimiento de la disidencia sexual sigue representando una alternativa histórica ante la opresión de toda la población, sometida al sexismo y a la heteronorma.

¿De dónde viene nuestra opresión?

El origen de esta opresión no es psicológico e individual, sino histórico y estructural. Su punto de partida está en las relaciones de producción y de poder, consecuencia de la aparición de la propiedad privada. La sexualidad, en las sociedades patriarcales y divididas en clases sociales como la nuestra, es un instrumento político usado por las clases dominantes para perpetuarse en el poder. Esta sociedad desigual se construye sobre la opresión de género cuyo un pilar ideológico fundamental es el sexismo: la necesidad de la clase dominante de transmitir la herencia a sus hijos biológicos, para lo cual necesita a las mujeres como propiedad privada y a la familia patriarcal como la célula fundamental de la sociedad de clases que le sirva para el control de la reproducción, la economía del cuidado (salud, trabajo doméstico, cuidado y crianza gratuitas), el control de la afectividad y la socialización de la infancia.

Por eso, tanto en México como en el mundo, el movimiento contemporáneo nace vinculado a la crítica al Estado y al sistema capitalista. El Orgullo LGBTI comenzó con la Revuelta de Stonewall de 1969, cuando las mujeres trans, las drag queens latinas y negras y les trabajadores sexuales se rebelaron contra la represión policial. En nuestro país, los grupos pioneros son el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, el Grupo Autónomo de Mujeres Lesbianas “Oikabeth” y Grupo Lambda de Liberación Homosexual quienes marcharon en 1978 conmemorando los primeros diez años de la masacre de Tlatelolco.

¿Contra qué nos enfrentamos?

Hoy en día, las disidencias sexuales debemos enfrentar además las dificultades propias de este periodo neoliberal.

A partir de los años ochenta, el Estado mexicano comenzó a recortar el gasto social y a atacar las conquistas históricas del movimiento obrero. El retroceso de los salarios, la precarización del empleo y la disminución del gasto público en vivienda y salud, condiciones necesarias para que podamos tener una vida autónoma, han hecho que nuestra dependencia al hogar de origen se incremente, encerrándonos en ambientes familiares muchas veces hostiles.

El reforzamiento de la familia como institución sobre la cual descargar el peso de la asistencia social y la estigmatización de las familias no tradicionales como las responsables de la violencia creciente les ha dado a los grupos ultraconservadores la justificación para atacar a nuestra comunidad en nuestros derechos, nuestros cuerpos, nuestras vidas y a la memoria histórica de nuestro movimiento.

La aparición del VIH-SIDA y la crisis sanitaria del Covid-19 volvió a poner a nuestra comunidad como blanco de ataque de las posturas reaccionarias, llevándonos a contentarnos con labores asistencialistas para palear los estragos de la nueva enfermedad, creando oenegés fuertemente dependientes de los gobiernos.

El impulso al mercado rosa, que en México deja ganancias de 65 mil millones de dólares al año, ha abierto un espacio artificial en el que, sobre todo la población gay masculina de clase media y alta, frente al resto de las disidencias que quedan invisibles y son blanco de la precarización social, se siente incluida en medio de un mundo amenazante. El mercado rosa es la manera en que el capitalismo responde a nuestra comunidad, alentando el consumo y desmovilizándonos como un posible sujeto político de transformación.

Si no se revierte el proceso de privatización y despojo impuesto por las contrarreformas neoliberales en las últimas décadas, los derechos democráticos y sociales alcanzados no podrán ser garantizados. Por eso, creemos que no puede haber liberación sexual plena si no hay transformación social.

¿Hacia quiénes nos dirigimos?

Queremos dirigirnos a las personas LGBTI que no tienen el cobijo de las instituciones ni del mercado, es decir, a las de la clase trabajadora, precarias, marginadas por su origen étnico, por su edad o por sus capacidades. Son a ellas a quienes queremos interpelar para organizarnos en conjunto e introducir la crítica al patriarcado y al colonialismo así como a  las instituciones que lo representan, lo difunden y lo refuerzan en nuestro día a día. Por eso nuestro trabajo es independiente del Estado y del mercado, por fuera de sus organismos, asociaciones y espacios.

Queremos funcionar como un puente entre aquellas personas que se reivindican públicamente como disidentes sexuales pero que les cuesta trabajo relacionar su opresión por identidad de género y orientación sexual con su explotación como clase; y aquellas otras que se encuentran ya organizadas en sindicatos, organizaciones políticas de lucha y movimientos sociales pero que caen en la cuenta de la necesidad de relacionarse con otres compañeres para empujar juntes contra el patriarcado que nos oprime.

En resumen, queremos contribuir no solo a la articulación de una comunidad sino, sobre todo, a la construcción de un movimiento LGBTI a la altura de los retos que se nos presentan en México. Que tenga presencia en las calles, en los barrios y en los espacios públicos para detener el avance de la extrema derecha entre la población y que defienda los derechos conquistados de los ataques de las iglesias, los grandes empresarios y los gobiernos, y al mismo tiempo, se organice y luche para garantizarlos y alcanzar más.

¿Para qué y cómo luchamos?

Como militantes del colectivo Orgullo Disidente luchamos:

  • A favor de leyes contra la discriminación.
  • A favor de la auto organización de les disidentes sexuales en todos los ámbitos de la vida social y política.
  • A favor de la educación sexual en las escuelas, medios de comunicación y otros espacios, así como el acceso a anticonceptivos.
  • A favor de un empleo digno y prestaciones sociales como vía para la emancipación de les jóvenes disidentes sexuales de sus familias
  • Contra el racismo, el elitismo, el machismo, la transfobia, la heteronorma, el “deber ser gay” y la discriminación por edad dentro de nuestra comunidad
  • A favor de la completa separación entre las iglesias y el Estado y contra la violencia de la derecha religiosa
  • Contra la discriminación, estigma y aislamiento de las personas que viven con VIH-SIDA y que sobreviven en las instituciones médicas al Covid-19. A favor de servicios de salud efectivos y gratuitos, cuyo trato sea a partir de una ética de los cuidados y la no discriminación.
  • A favor de las familias disidentes. Pues aunque creemos que el matrimonio y la familia tal cual existe es una institución patriarcal, estamos a favor de todos los derechos democráticos para todas las personas y de todas las formas de desarticular los esquemas de dominación.
  • A favor de la visibilización de las demandas de bisexuales, lesbianas, trans e intersexuales.
  • Contra la patologización y las “terapias de reconversión”.
  • Contra la violencia y los crímenes de odio, por la justicia en los casos sin resolver
  • A favor del acceso gratuito y seguro a hormonización para las personas trans y la atención integral durante su proceso de transición
  • A favor de la visibilización, la protección y el reconocimiento legal y social de las infancias trans.
  • A favor de más medios de expresión cultural LGBTI.
  • En contra de todos los discursos y las prácticas transexcluyentes y del debate identitario de las personas trans sin sus voces y sin una ética de los cuidados y la escucha radical.

Las tácticas que proponemos para ello son:

  • Las alianzas con otras poblaciones oprimidas y la colaboración con otras organizaciones afines.
  • El apoyo a las demandas legales y democráticas que, aunque limitadas al orden existente, masifican y articulan al movimiento.
  • La auto organización dentro y fuera de las organizaciones políticas y movimientos sociales en los que les disidentes sexuales participamos.
  • La exposición sin tapujos de nuestras demandas, sin subordinarlas a otras.
  • Les disidentes sexuales de la clase trabajadora como nuestra prioridad.
  • El análisis marxista, feminista e interseccional de la realidad para una acción consecuente.
  • La visibilización de las problemáticas y la solidaridad con luchas de nuestra comunidad alrededor del mundo.
  • Las alianzas continuas con los feminismos socialistas, decoloniales, interseccionales y antirracistas que fomenten y practiquen el respeto, los cuidados y la inclusión de las personas trans y su lucha.

Reivindicamos el Orgullo de ser, expresarnos y amar como somos, el orgullo que hace años hizo que las personas que nos antecedieron alzaran la voz contra la opresión. Reivindicamos nuestra Disidencia ante la heteronorma y ante una burbuja LGBTI artificial construida por el capitalismo y sus instituciones para lucrar con nosotres, adormecernos y domesticarnos. No queremos la inclusión en un sistema socioeconómico que explota y oprime todo lo que le rodea: queremos su transformación radical. Por todo esto, somos Orgullo Disidente.