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¡Ni un voto a las derechas, por una transformación anticapitalista! | Resolución de la CSR sobre las elecciones 2021

  1. Balance general a dos años de la 4T y de Morena

La coyuntura electoral de 2018 fue histórica, no solamente permitió romper con el régimen político que sostenía el PRI-PAN, sino que materializó en las urnas la voluntad de millones de personas históricamente marginadas.

El triunfo de Andrés Manuel López Obrador se dio en un contexto de hartazgo y desconfianza hacia las élites políticas que durante años no habían hecho más que profundizar la desigualdad social y económica de millones de mexicanas y mexicanos. Esta crisis no solo propició el escenario idóneo para que las clases populares optaran por el proyecto de la llamada Cuarta Transformación, también generó que una parte de la oligarquía nacional apostara por Andrés Manuel para mantener ciertos privilegios y así no quedar excluida de la nueva oleada progresista.

Es decir, se trata de un proyecto que no pretende romper con el sistema ni con la clase dominante, sino mediar entre ésta y las clases populares. Esto, que parece normal a los ojos del presidente y de Morena, ha producido una situación profundamente contradictoria desde el punto de vista de las clases subalternas, ya que se trata de un proyecto de izquierda que mezcla avances en derechos y recuperación de la soberanía, pero que da continuidad a las políticas neoliberales que propician retrocesos sociales.

En principio, debemos decir que la presidencia ha adoptado importantes medidas contra la profunda corrupción característica del neoliberalismo periférico y ha implementado mecanismos para redistribuir recursos a los más pobres. Esto ha ampliado muchos programas sociales y aumentado considerablemente los apoyos económicos a las personas más vulnerables. Dicha mejoría en la distribución de la riqueza incrementó gracias a la mencionada lucha contra la corrupción y a la campaña de austeridad que se ha implementado en todos los niveles del gobierno.

El desmantelamiento sistemático de la salud pública realizado por los gobernantes anteriores podría haber desembocado en una situación aún más catastrófica de la que se tiene actualmente con la pandemia de Covid 19. La administración ha logrado moderar los estragos en México de la crisis económica capitalista mundial magnificada por la pandemia. Además, la adquisición “relámpago” de insumos médicos sin aumentar la deuda pública permitió hacer frente al desabasto y generar confianza en los mercados internacionales. Esto a la par de una campaña del Ejecutivo por una distribución equitativa de las vacunas a nivel mundial, denunciando el acaparamiento de las mismas por un puñado de países.

Sin embargo, se debe mencionar que la razón principal por la que la crisis sanitaria no tuviera el impacto que ha tenido en otros países, ha sido gracias a las y los trabajadores que se encuentran en el sector salud, que, pese a la falta de insumos, infraestructura y condiciones laborales adecuadas, se han mantenido en la primera línea de batalla, lidiando con la precarización y sobreexplotación agudizada por la pandemia.

Por otra parte, el ya existente desempleo crónico y falta de perspectivas para generaciones enteras, agudizados por la pandemia actual, han permitido al crimen organizado continuar con el reclutamiento de miles de jóvenes a sus filas, que, junto con su propia política de masas, ha generado una cierta base social que los apoya. Pero también son estos mismos jóvenes quienes ponen la gran mayoría de las víctimas de la terrible violencia desatada por este flagelo. En el contexto de la crisis, los programas por mejorar el empleo juvenil y los ingresos de los más desfavorecidos han sido hasta hoy insuficientes para ponerle un freno a esta problemática, es claro que se necesita implementar una política integral que movilice al conjunto de la sociedad y acabar con la política punitiva y prohibicionista de las drogas.

La administración obradorista ha tomado una serie de decisiones muy cuestionables desde el punto de vista del pueblo trabajador, las mujeres y las comunidades indígenas. Muchas de sus políticas anti-corrupción se han realizado con machete en lugar de bisturí, incluyendo el despido de miles de trabajadores gubernamentales contratados por honorarios, la cual ha sido la manera preferente de contratación durante décadas, aun cuando realizaban funciones de base.

El desarrollo de algunos megaproyectos también expresa la continuidad en cuanto a la visión económica industrial y extractivista que ya habían impulsado los gobiernos neoliberales o de la época del desarrollismo priísta, por ejemplo el denominado Tren Maya y el Corredor Transísimico que, aunque pretendan desarrollar al sur-sureste, están planeados como guía de los Polos Económicos de Desarrollo que operarían a manera de centros especiales para inversión financiera, industrial y extractivista, y que amenazaría a las comunidades locales e indígenas si no están bajo control de la comunidades.

Además, en la medida en que López Obrador no reconoce la opresión específica de las mujeres, su gobierno no ha aumentado el financiamiento de refugios para víctimas de violencia doméstica ni el número de guarderías del estado, aunado a ello, ha minimizado las movilizaciones feministas, así como las cifras referentes a la violencia hacia las mujeres y por lo mismo no ha podido emprender ninguna acción eficaz para disminuir los feminicidios ni la violencia machista que afecta a millones en el país. Por ello, contrastada esta realidad con la paridad de género en los puestos de su gobierno, parece más bien un acto simbólico que no se refleja como un avance en el conjunto de la sociedad y en los focos de la violencia más descarnada contra las mujeres.

También se debe mencionar que se sigue aceptando cierto nivel de sometimiento hacia Estados Unidos. Aunque la renovación y construcción de refinerías, o la revocación de permisos a plantas generadoras privadas significa un duro golpe a poderosos intereses imperialistas, no hay que olvidar la aprobación del nuevo tratado de libre comercio, Tratado Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), ni la aceptación de las políticas migratorias de Donald Trump, que ponen mayores trabas a todas y todos los migrantes que cruzan México.

El gobierno de López Obrador ha sido permisivo ante la patronal, porque si bien es un logro histórico que se haya aumentado el salario mínimo, también se debe mencionar que no se han generado los mecanismos necesarios para garantizar su aplicación. Además, por esta misma relación, el manejo de la pandemia se ha entorpecido, ya sea al demorar la aplicación del semáforo rojo o culpar a las personas por el alto nivel de contagios y decesos. Cuando se pretende gobernar para todos, en realidad se gobierna sobre todo para los ricos.

Hay muchos otros elementos que analizar del periodo iniciado con la administración de Andrés Manuel López Obrador: la relación del gobierno con el ejército, la falta de avances significativos en la lucha contra el crimen organizado, la corporativización de Morena, gobiernos estatales de la 4T profundamente conservadores cuando no abiertamente corruptos, la política hacia Latinoamérica, entre otros, pero también el papel de sectores del Estado sobre los que no puede influir un gobierno y que pesan en los juegos de poder, como el sistema judicial, los gobiernos de los Estados, el Instituto Nacional Electoral (INE), entre otros.

La administración actual individualiza su relación con las masas, dando apoyos económicos directamente a los individuos sin pasar por organizaciones colectivas, con lo que no ha establecido relación con los movimientos y organizaciones de masas. Sin embargo, al haber trastocado intereses políticos y económicos de la burguesía, corrientes de derecha y ultraderecha buscan derribarlo a como dé lugar y volver al statu quo en el que la burguesía sostenía directamente las riendas del Estado y controlaba sus recursos económicos.

En síntesis, solo podemos realizar un balance del gobierno de López Obrador contemplando los matices expuestos y entendiendo que hay una imperiosa necesidad del ejecutivo de mantener un espejismo discursivo que oculta gran parte de las realidades más preocupantes que urge combatir en el país.

La urgencia de autonombrarse el gobierno de la “Cuarta Transformación de la vida pública de México” y ostentarse como la única alternativa de cambio contrasta con la descomposición acelerada de Morena y la inexistencia real de estructura entre bases, militancia y dirigencia. A su vez, su progresismo, así como los esfuerzos de mantener un Estado de bienestar en un panorama mundial y nacional de crisis económica, ecológica y de salud lo siguen posicionando como un referente de las masas y como un blanco de la derecha más conservadora y radicalizada.

  1. La oposición de la derecha

En términos generales, la derecha sigue dividida después del golpe electoral de 2018. Aunque una parte de ella encontró cobijo en Morena y el variopinto paraguas autodenominado “4T”, el grueso de la burguesía sigue pensando en cómo remover a Andrés Manuel López Obrador de la presidencia.

La coalición PRI-PAN-PRD con asociaciones patronales llamada “Va por México” es un hecho. Inédita pero entendible, ya desde la firma del Pacto por México, quedaba claro cómo los principales partidos del régimen anterior se comprometían en alianza política abierta a echar a andar las reformas neoliberales faltantes. Ahora, pretenden detener el avance del gobierno de López Obrador sumando sus presupuestos, estructuras partidistas e influencia entre los poderes fácticos, aunque sin enarbolar un proyecto alternativo creíble. Aunque las encuestas parecen darle el triunfo a Morena en varios estados gobernados ahora por alguno de estos tres partidos, no debemos olvidar que siguen con posibilidad de dar batalla, como vimos el año pasado en Coahuila e Hidalgo. Tampoco debemos pasar por alto que cuentan con poderosos aliados dentro del proyecto obradorista, muchos de ellos incluso serán candidatos de Morena en estas elecciones.

Durante estos dos años de gobierno, un sector de la burguesía, aglutinado en la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), ha prescindido de sus mediaciones partidistas para saltar directamente a la arena política, intentado presentarse como alternativa “moderna” y “democrática”, barajando incluso la posibilidad de presentar una candidatura propia. Este grupo ha sido duro crítico de las medidas de izquierda adoptadas por López Obrador como la negativa de adquirir más deuda para salvar a las grandes empresas y la lucha contra el outsourcing.

Existen otros pequeños partidos con posiciones mucho más derechistas y con una agenda abiertamente de clase en favor de la gran burguesía y el conservadurismo. Entre ellos están el Partido Encuentro Solidario (PES), aliado de López Obrador, una organización política confesional, fundada por pastores protestantes, que rechaza abiertamente la existencia de conflicto entre clases sociales y los derechos de las mujeres y de las disidencias sexuales. Otro aliado del obradorismo es la organización Redes Sociales Progresistas, cuyo dirigente oficial es yerno de Elba Esther Gordillo, y que, aunque afirma buscar una “tercera vía” entre el capitalismo y el socialismo, resalta que quiere un Estado “que no sea propietario de los medios de producción, no acabe con el emprendedurismo, no lastime al empresarial, así como sea factor esencial de la economía facilitando todas las posibilidades para hacer negocios, generar empleos y hacer progreso”.

En cuanto a FRENAA, movimiento de ultraderecha compuesto por sectores de la pequeña burguesía radicalizada, a pesar de su (aún) falta de implantación social e insignificancia numérica, se muestra como la “derecha fuerte”, sin tapujos y “políticamente incorrecta”, con métodos y discursos muy violentos. Ayudado por los grandes medios de comunicación, ha hecho campaña contra el “comunismo”, el “ateísmo” y la “ideología de género”, atribuidos al programa obradorista. Se autodenomina apartidista y ajeno a asuntos electorales, aunque intenta crear en la sociedad una opinión hostil a toda lucha de izquierda y pro-derechos de los grupos oprimidos y condicionar la agenda de los partidos políticos opositores.

Aunque por el momento la derecha mexicana continúa desarticulada, la derecha internacional sigue siendo poderosa y existe el peligro de un apoyo concertado y planificado entre ellas para promover acciones golpistas como hemos visto en otras experiencias progresistas del continente. No debemos cederle ningún espacio ni credibilidad a ninguno de sus juegos.

  1. Los movimientos sociales y la izquierda frente a las elecciones

No podemos negar que dentro de Morena siguen habiendo, aunque desarticulados sectores de izquierda provenientes de antiguos militantes y miembros de movimientos sociales, así como millares de personas con aspiraciones políticas y sociales de izquierda. Aunque el INE logró imponerle a su dirigente nacional, conquistaron puestos clave como la secretaría general y algunos cargos de representación popular en las pasadas elecciones. Sobre esta base, querrán conseguir candidaturas, aunque parecen que no tienen un proyecto claro, más que la consigna de cajón de “fidelidad al presidente y a la 4T”, que, al igual que la izquierda obradorista, utiliza la derecha dentro de Morena.

Muchas organizaciones populares que no pertenecen orgánicamente a Morena siguen viendo con esperanza la gestión de López Obrador y apoyan algunas de las candidaturas en mayor o menor medida, sobre todo en aquellos sitios donde ven posibilidades de echar al PRI o al PAN de los gobiernos locales y alcanzar puestos gubernamentales para resolver sus demandas.

En contraste, la izquierda radical sigue siendo muy pequeña. Incluso el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la mayor organización anticapitalista en México, ha visto disminuida su influencia entre las masas al ubicar sin mayores matices a la 4T y AMLO como la continuación del genocidio capitalista y actualmente se encuentran concentrados en el viaje de una delegación a los cinco continentes así como una nueva etapa de silencio en las cuestiones nacionales salvo denuncias en caso  de agresiones al Congreso Nacional Indígena. Además, las posiciones ultraizquierdistas que ubican a López Obrador como el enemigo principal han alejado al neozapatismo, así como a otras organizaciones socialistas, de los millones de simpatizantes honestos de este gobierno. Es probable que ni siquiera asuman una posición en esta coyuntura electoral. Por ello, es necesario construir una alternativa a la izquierda del obradorismo, no solo en el discurso, sino partiendo de las condiciones reales de nuestra clase.

Por el contrario, el movimiento feminista y de mujeres ha sido el más importante de los últimos tiempos, el único que se ha manifestado masivamente a nivel nacional. Centrado fundamentalmente en la creciente violencia feminicida en el país (feminicidios, violaciones, golpes, etc.), es alimentado por una ola de radicalización de mujeres jóvenes y el surgimiento de centenares de colectivas, especialmente en las escuelas en todo el país; por huelgas dirigidas fundamentalmente por mujeres trabajadoras (Tamaulipas, Notimex, etc.) y por movimientos populares compuestos básicamente de mujeres, como la lucha por las altas tarifas de la luz. Pero hasta ahora, no tiene una estructura clara ni una coordinación nacional unificada, a pesar de esfuerzos unitarios importantes en los últimos años, frente a ello sobresalen las tácticas de construcción del movimiento (incluida la pertinencia de la unidad misma y el uso de la violencia vanguardista en las manifestaciones). En breve, se dificulta el debate en torno a múltiples temas como sus demandas centrales (incluido el aborto) o la discusión sobre la falta de una política feminista transversal.

Ante la posición sumamente contradictoria de la 4T (entre el desdén del presidente por la lucha feminista y declaraciones contrarias de importantes miembros de su gobierno) y el continuado flagelo de la violencia que unifica a sectores muy diversos de la sociedad mexicana, como se ve claramente en las protestas masivas del 24 de abril de 2016 y 8 de marzo de 2020, la derecha intenta hipócritamente utilizar el tema para sus propios fines, sin que el movimiento responda de manera unificada.

  1. La CSR ante las elecciones y pistas para la acción

El período electoral no deja de ser un momento importante en que la población, la clase trabajadora, las comunidades indígenas, el campesinado, las mujeres, los jóvenes se interesan en política. Es necesario aprovecharlo para hacer visibles y accesibles a amplios sectores populares, demandas de transición para el contexto actual, que aludan a ciertas tendencias progresistas de la llamada 4T, pero que las superen y lleven a confrontar al gran capital. Algunas son la renta básica universal frente a la crisis económica y sanitaria, la renacionalización del sector energético y la moratoria de la deuda pública. Este tipo de demandas nos pueden permitir iniciar la discusión con sectores amplios sobre el programa anticapitalista, feminista y ecosocialista que enarbolamos con miras a seguir construyendo la organización revolucionaria.

Siempre manteniendo nuestra independencia política y organizativa, debemos rechazar firmemente las candidaturas de la derecha y sus partidos, pues ni siquiera representan la contradicción de la conciliación de los intereses de la burguesía, el proletariado y los subalternos, sino la coherencia del mantenimiento del capitalismo y su potenciación neoliberal con toda su carga de explotación extrema, corrupción y opresiones clasistas, racistas y sexistas.

Partiendo de ello y tomando en cuenta los contextos locales en los que se desenvuelven nuestros/as camaradas y células, se dibujan dos líneas de acción:

  1. En la gran mayoría de los lugares donde estamos presentes, proponemos la construcción de espacios de confluencia entre organizaciones, colectivos y movimientos aliados en donde funjamos como núcleo animador durante el periodo electoral para difundir sus demandas y las que hemos venido enarbolando como CSR.
  2. En aquellos lugares, más focalizados, en donde simpatizantes de la CSR o militantes de las luchas del pueblo trabajador y subalterno consigan una candidatura de Morena, se puede evaluar darles un apoyo crítico, siempre y cuando se comprometan a enarbolar demandas propias de los movimientos sociales, manteniendo celosamente nuestra independencia política y presionando para su cumplimiento.

Como base para este trabajo, proponemos a grandes rasgos las siguientes demandas urgentes en el contexto mexicano:

Derechos de las y los trabajadores y economía para las mayorías

1.- Prohibición del outsourcing.

2.- Educación pública y gratuita en todos los niveles.

3.- Suspensión del pago de la deuda pública.

4.- Renta básica universal financiada con impuestos a las grandes fortunas.

5.- Dignidad laboral de las y los trabajadores de la salud.

6.- Renacionalización de la industria energética.

7.- Derecho y garantía a la conectividad.

8.- Democratización sindical.

9.- Acceso a la vivienda para todas las personas.

11.- Solución inmediata de los conflictos laborales vigentes en favor de las y los trabajadores.

Derechos plenos para las mujeres

1.- Protección de mujeres y niñas vulnerables ante la violencia, asegurando: acceso a la justicia para las mujeres; transparencia de las instituciones gubernamentales dedicadas al combate de la violencia hacia las mujeres; asegurar atención clínica a las mujeres violadas; creación y financiamiento suficiente de refugios para mujeres violentadas; establecimiento, con participación comunitaria, de protocolos contra la violencia hacia las mujeres en instituciones educativas; mayor financiamiento y capacitación en perspectiva de género para el personal de Línea de la Vida para apoyo psico-emocional.

2.- Asegurar el derecho de las mujeres a ejercer su sexualidad y capacidad reproductiva de manera libre y voluntaria: anticonceptivos seguros, eficaces, y gratuitos; prohibición de esterilización forzada; estancias infantiles para la población en general; educación sexual orientada al placer humano; asegurar el derecho al aborto de manera gratuita por personal médica.

3.- No más recortes en financiamiento en la salud, educación y programas sociales destinados sobre todo a las mujeres.

4.- Mayor presupuesto para programas de salud materna y casas de atención a adultos mayores; suficientes métodos anticonceptivos en las instituciones de salud.

6.- Sensibilización sobre la masculinidad tóxica frente a las nuevas masculinidades para toda la población masculina que desee participar.

7.- Reforzamiento de la protección a las trabajadoras del hogar.

8.- Mayor presupuesto y apoyo a la Fiscalía Especializada para la Investigación del Delito de Feminicidio en la CDMX. Creación de fiscalías contra el feminicidio en el resto del país.

Defensa del territorio y transición ecológica para detener la crisis climática

1.- Respeto a la autodeterminación de las comunidades campesinas e indígenas.

2.- Prohibición total del “fracking” y de la mega-minería.  Respeto a las movilizaciones de los pueblos, ejidos, barrios, colonias y de la sociedad civil, para frenar los megaproyectos.

3.- Soberanía energética para una transición ecológica. Dar a conocer la verdad pública sobre la situación climática nacional y sus escenarios en caso de rebasarse el límite de 1.5°C antes del 2030

4.- Soberanía alimentaria y agroecología.

5.- Transformación de la planta productiva bajo criterios ecológicos.

6.- Prioridad absoluta de un transporte público, eficaz, digno y sustentable.

Protección de las mayorías frente a la pandemia de Covid-19

1.- Producción masiva de vacunas por el Estado mexicano, aun si hay que violar patentes.

2.- Garantía por parte de la patronal de las medidas de seguridad e insumos de protección en los centros de trabajo.

3.- Impuesto a las grandes fortunas para combatir al Covid-19.

4.- Reorientar el pago de la deuda pública al combate a la pandemia.

Derechos de las disidencias sexo-genéricas y liberación sexual

1.- Prohibición de las terapias de «conversión sexual».

2.- Ley de Identidad de Género en todo el país para las personas trans* y derechos para las infancias trans*.

3.- Garantía de los derechos políticos y civiles para las personas trans*.

4.- Justicia y reparación ante los crímenes de odio.

5.- Educación sexual integral.